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viernes, 6 de mayo de 2022

MANUEL GRANERO EN EL CENTENARIO DE SU MUERTE

(Por: Rafael Dupouy Gómez)

El recordado torero valenciano Manuel Granero Valls, realizando con gran seriedad, personalidad y prestancia el paseíllo. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez). 

El 7 de mayo de 2022, se cumple el centenario de la trágica muerte del diestro valenciano Manuel Granero Valls en Madrid, sorpresiva e inesperadamente por el toro "Pocapena", siendo una joven y muy prometedora figura del toreo de quien se tenía la firme esperanza que se convertiría en el sucesor de Joselito "El Gallo".

Lamentablemente, no pudo cumplirse la gran expectativa que generó Granero en el público y los aficionados, siendo un maravilloso matador de toros, buena persona, educado, simpático y lleno de unas magníficas facultades para la lidia.

Recuerdo mucho las referencias que me contaba mi querido abuelo Florencio Gómez Núñez y un entrañable amigo suyo Heriberto Ramírez, sobre su popularidad y fama adquirida rápidamente en aquella época, añorando un torero que cubriera el vacío que dejó la muerte de Joselito "El Gallo" en Talavera de la Reina, el 16 de mayo de 1920 y la primera retirada de los ruedos de Juan Belmonte el "Pasmo de Triana".

A mi abuelo, desde niño, siempre le escuchaba con asombro y atención, durante nuestras tertulias taurinas familiares, el crudo y triste relato de cómo sucedió el terrible percance de Granero en Madrid que le costó la vida. Cuando mi abuelo terminaba su narración nos recitaba una coplilla que decía:

"Pocapena" se llamaba, el torillo traicionero, que le quitó la vida, al simpático Granero.    

Un valeroso desplante del magnífico torero Manuel Granero. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Manuel Granero Valls nació en Valencia, España, el día 4 de abril del año 1902, en la calle de Triador.   

Su afición a los toros comenzó siendo muy niño, intentando lucirse a los doce años, arrojándose al redondel de Valencia, demostrando gran talento y conocimiento, sorprendiendo al público, que lo aplaudió entusiasmado.

Su travesura le valió ser castigado por su familia, hasta el punto de hacerle firmar un documento que lo comprometía a no volver a torear más. Sin embargo, resultaron inútiles las reprimendas ya que el joven Manolito Granero, tenía oficio y alma de torero. Continuó su interés en aprender el arte y la técnica que lo llevaría por el camino del éxito.    

El 2 de octubre de 1916, en Valencia, Manuel Granero, con catorce años de edad, se enfrentó ante un eral, estando muy bien, siendo ovacionado en todo momento. Intervino junto a Baró, David y Arcaso. Granero mató admirablemente un becerro, siéndole concedidas las dos orejas y el rabo, y fue sacado en hombros.

La primera vez que Granero vistió el traje de luces fue en la plaza de Salamanca, cuando finalizaba la temporada de 1917, en una novillada, alternando con Manuel Jiménez "Chicuelo". En su primero tuvo un gran éxito; fue volteado por el segundo, no pudiendo matarlo.

Después toreó una corrida en Valladolid, en compañía de Juan Luis de la Rosa y Manuel Jiménez "Chicuelo", y otra compartiendo cartel con sus mismos compañeros en Grijuelo.

Las jóvenes promesas de la torería: Manuel Jiménez "Chicuelo", Manuel Granero y Juan Luis de la Rosa. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Su tío materno Paco Juliá y don Pedro Sánchez, gran aficionado, comenzaron a representar a Granero, haciéndolo participar en varias tientas que se celebraban en Salamanca, donde se le quería y admiraba bastante. En esas tierras Salamanquinas, se formó; siendo un adolescente, compartiendo cartel con los jóvenes Manuel Jiménez "Chicuelo", Juan Luis de la Rosa y Eladio Amorós.

En 1918, Granero realizó una temporada corta, pero muy exitosa, actuando como novillero por los cosos de Bilbao, Logroño y Salamanca.

El 3 de junio de 1920, Día de Corpus Christi, obtuvo un memorable y fenomenal triunfo en Santander, destacándose como futura promesa de la torería. Alternó con Bernardo Muñoz "Carnicerito" y Ángel Pérez "Angelillo de Triana", ante novillos de Angoso.

En 1920, toreó 34 novilladas en las plazas de Salamanca, Barcelona, Zaragoza, Santander, Bilbao, Madrid, Palma, Béjar, Sanlúcar, Toledo, San Roque, Marchena, Sevilla, Huelva, Jerez y La Línea. 

Manuel Granero en el momento de recibir la alternativa de manos de su padrino, Rafael Gómez Ortega "El Gallo", en la Maestranza de Sevilla, el 28 de septiembre de 1920. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Luego de su exitosa campaña, el 28 de septiembre de 1920, Manuel Granero tomó la alternativa en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla; de manos de Rafael Gómez "El Gallo", en la Feria de San Miguel, quien le cedió la muerte del toro "Doradito", sardo, de la ganadería de Concha y Sierra. "El Gallo" vistió un traje negro y azabache, llevando luto por la trágica muerte de su hermano "Joselito", quien falleció, el 16 de mayo de 1920, en Talavera de la Reina, por las astas del toro "Bailaor" de la Viuda de Ortega. Le acompañó en el cartel Manuel Jiménez "Chicuelo".

Como matador de toros, culminó el año de 1920, interviniendo en ocho corridas en las plazas de Sevilla, Úbeda, Bilbao, Valencia y Zaragoza, dando muerte a 16 astados.

Una interesante crónica taurina, publicada en "Mundo Gráfico", destacó sobre el maravilloso diestro valenciano, lo siguiente:

"Manolo Granero es un torero muy completo, ejecutando todas las suertes con admirable perfección; sobresale más principalmente en el manejo del capote. Sus quites, admirables de valentía y de elegancia, hacen arrancar a los públicos entusiastas ovaciones. Torea a la verónica de un modo irreprochable. Con las banderillas, aseguran los críticos taurinos que dentro de poco será un verdadero maestro. Maneja la muleta con extraordinario dominio, realizando excelentísimas faenas que corona con estocadas de matador habilidoso. En la memoria de todos están vivas las gloriosas tardes que en la plaza madrileña ha tenido el hoy nuevo matador de toros".

El fino torero Manuel Granero ejecutando una verónica. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Granero, había logrado en un año, pasar del escalafón de novilleros al de los ases del toreo contemporáneo, acaparando con Juan Belmonte e Ignacio Sánchez Mejías, la atención de los públicos que llenaban los circos taurinos.

Por derecho propio, al decir de los entendidos taurinos, entró el gran torero valenciano en el grupo de los matadores de superior categoría, por su arte, valor, inteligencia y buenas maneras de interpretar el toreo. Granero dominaba todas las suertes, siendo un diestro muy completo.

Con el capote, sobresalió por su pureza, demostrando elegancia y finura. Fue estupendo con las banderillas, magnífico, dominador y emocionante con la muleta, además de ser un seguro y certero estoqueador.

El 22 de abril de 1921, un verdadero acontecimiento taurino constituyó la confirmación de la alternativa del joven matador de toros Manuel Granero en la Plaza de Madrid, de manos de Manuel Jiménez "Chicuelo", quien le cedió la muerte del toro "Pastoro" de la ganadería de González Gallardo. Le acompañó esa tarde Bernardo Muñoz "Carnicerito". Granero hizo lo mejor de la tarde, a su segundo toro.

El verdadero triunfo de Granero sucedió, el 17 de mayo de 1921, en el coso de de Madrid, ante toros de Santa Coloma, alternando con Manuel Varé "Varelito" y Manuel Jiménez "Chicuelo". Esa tarde, Granero cortó una oreja a su primer enemigo y en su segundo, fue aclamado y sacado a hombros por la Puerta Grande.

El 10 de junio de 1921, toreó la Corrida de la Beneficencia en Madrid y un toro de la ganadería de Albaserrada lo lastimó sin que fuese un percance de consideración. 

Composición de varios momentos cumbres de Manuel Granero como matador de toros. Fotos: Alfonso. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Manuel Granero lideró el escalafón de matadores de toros el año 1921, con 94 corridas. No pasó de las 100, por los percances sufridos: 10 de junio, Madrid; 26 de junio, Bilbao; 25 de agosto, Bilbao, y 19 de septiembre, Valladolid. En ninguna de las cogidas hubo cornadas, afortunadamente. También sufrió otra cogida en Valencia, no pudiendo, por tal motivo, tomar parte en la primera de Abono en Madrid.

Para la temporada de 1921, Granero era el diestro que tenía más corridas de toros contratadas, unas 115.

El 21 de abril de 1922, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Manuel Granero integró el cartel del trágico día de la muerte de Manuel Varé "Varelito", quien recibió una grave cornada durante su faena del quinto toro de Guadalest, al entrar a matar. También, actuaron los diestros Manuel Jiménez "Chicuelo" y Marcial Lalanda.

El 7 de mayo de 1922, Manuel Granero recibió en la plaza de toros de Madrid, la mortal cornada del toro del Duque de Veragua, de nombre "Pocapena", quien empitonó al joven torero cerca de la barrera del 2 y lo alzó en alto, antes de arrojarle contra las tablas, donde por mala fortuna del destino, el pitón penetró su ojo derecho, hasta destrozarle la masa encefálica.

Manuel Granero fue conducido a la enfermería en brazos de las asistencias en estado agónico y murió pocos segundos después. En la enfermería de la plaza se instaló una Capilla Ardiente hasta que sus restos fueron trasladados en tren hacia su ciudad natal, Valencia. Sus compañeros de cartel, aquella trágica tarde fueron los diestros Juan Luis de la Rosa y Marcial Lalanda, éste último confirmaba la alternativa.

Se señaló que el famoso escritor Ernest Hemingway, se inspiró en él para escribir su libro "Muerte en la tarde".

Manolo Granero como matador de toros toreó un total de 115 corridas: 8 (1920), 94 (1921) y 13 (1922). Falleció muy joven a los 20 años de edad.

Manuel Granero perfilándose para entrar a matar a un toro serio de enormes y abiertos pitones. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Cabe señalar, que Manuel Granero era el matador de toros que le iba a conceder la alternativa al diestro venezolano Eleazar Sananes "Rubito", pero el toro "Pocapena" de Veragua se lo impidió aquella tarde fatídica del 7 de mayo de 1922.

A continuación, comparto con los amables lectores, algunos interesantes escritos publicados en mi país, Venezuela, sobre personas que conocieron a Manuel Granero y que le rindieron homenaje póstumo a su memoria:

El mexicano Francisco Carreño, quien había sido empresario de Rodolfo Gaona y conoció personalmente a Manuel Granero, nos describió "Cómo era Granero. El Hombre. El Torero", en interesante artículo publicado en México el 9 de mayo de 1922 y reproducido en la revista venezolana "Billiken", el 10 de junio de 1922:

CÓMO ERA GRANERO

El Hombre. El Torero.

A la izquierda: Manuel Granero en una pose muy torera. A la derecha: Ejecutando un ajustado y clásico pase de pecho. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

La invitación que se me hace para que refiera a mis lectores mis impresiones y recuerdos del notable matador valenciano Manuel Granero Valls, trágicamente muerto por un Veragua el domingo 7 del actual en la plaza de la coronada Villa, me ha complacido en extremo, ya que me brinda la oportunidad de rendir un público y póstumo homenaje a la memoria del joven e infortunado diestro, que en ocasión de mi viaje a España el año pasado, fue uno de los toreros que mejor impresión me dejaron, por lo que desde luego pretendí darlo a conocer a la afición mexicana contratándolo para la temporada pasada. Circunstancias fortuitas, que luego referiré, impidieron realizar mi deseo y hoy lo deploro más que nunca, puesto que a igual que a Joselito, la muerte segó su vida sin que pudiese ser admirado en el ruedo de la Plaza "El Toreo".

Fue en su ciudad natal, en la hermosa Valencia, donde conocí a Manolo. Llegué allí en plena feria y los recuerdos que conservo de mi estancia no pueden ser más gratos e inolvidables.

El inteligente aficionado Eduardo Pagés, apoderado de los “Auténticos “Charlots", fue quien me presentó en la propia casa del "Ché", al "Niño Valenciano". No pudo ser más agradable la impresión que desde luego me produjo Granero. Muy joven, de trato afable, correcto como si fuese un aspirante a diplomático y sobre todo de una rara ilustración, tales fueron las características que pude apreciar en el diestro que tanta bulla había de meter en las corridas de feria de su tierra nativa. Para mí entre todas sus prendas morales una fue la que más valor tuvo: ser un modelo de hijos y de hermanos.

Recuerdo que mientras sosteníamos animada charla en el corredor de su alegre morada, se acercó a la reunión una señora como de unos cuarenta y tres años de edad y una graciosa niña que apenas contaría catorce, preguntándole al matador qué terno luciría en la corrida de esa tarde. Manolet, como le llamaban cariñosamente sus paisanos, contestó que el que ellas quisieran, y por el tono con que les dirigió la palabra pude observar que para el joven lidiador se concentraba en esas dos personas toda su ambición y todo su orgullo, pues al presentarnos a ambas las llenaba de caricias y mimos reflejando su semblante la alegría que experimentaba al darnos a conocer esos seres queridos.

Durante nuestra amena plática. Granero me hizo consistentes preguntas sobre nuestro gran indio Gaona, queriendo saber de mi parte si él podría gustar aquí alternando con Rodolfo. Yo, que jamás he sido partidario de engañar a los toreros, le di mi opinión franca y sincera—como se la manifesté al propio Gaona hace dieciséis años en Torreón cuando fui su primer empresario—diciéndole que lo que yo le había visto hacer con el toro me parecía el principio de un gran artista y manifestándole además que él llevaba la ventaja de su modestia y caballerosidad, pues he de hacer hincapié en que Granero, en su trato íntimo no parecía torero, sino un alto empleado de casa bancaria o de un ministerio gubernamental. Todas las personas que lo trataron se fueron siempre sugestionadas por la gran simpatía de Manolo y en lo que a mí respecta debo manifestar que él extremó su amabilidad en su deseo de serme agradable. Hablándome de sus aficiones artísticas me confesó que antes de torero fue violinista, y tuvo la deferencia para mí de faltando solo tres horas para torear, alternando con Belmonte y "Chicuelo", tocarme algunos trozos de música clásica, atención que le agradecí sobremanera, no dejando de hacerme preguntas acerca de México, a donde deseaba venir a disfrutar de las primeras vacaciones de su vida.

A la izquierda: Manuel Granero de niño cuando aprendió a tocar el violín. A la derecha: Luciendo traje de luces como matador de toros. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

En esta nuestra primera entrevista obtuve de él el ofrecimiento solemne de que antes de ir a Lima visitaría a México, habiendo llegado pocos momentos antes de despedirnos, su tío con quien me presentó y quien fungía de apoderado suyo.

Camino del hotel nos encontramos Pagés y yo a un paisano torero de esta tierra “Bombita Mexicano" quien había llegado de Barcelona expresamente a ver al valenciano que esa tarde lidiaba toros de Pablo Romero. Juntos los tres asistimos a la gran corrida anunciada, donde acabé de convencerme, que el “niño violinista" sería un “as” de la tauromaquia puesto que en esa tarde, y en el toro que brindó al gran escultor español Mariano Benlliure, hizo todo lo que puede hacer un torero de primerísima categoría.

Con el capote hizo derroche de elegancia advirtiendo que las verónicas del lado izquierdo eran impecables, así como la colección de quites que propinó al Pablo Romero. En banderillas puso dos pares al cuarteo por ambos lados y otro de dentro hacia afuera, y aunque no le vi la elegancia y dominio de nuestro lndio, sí pude comprobar que en poco tiempo podría dominar este tercio llegando a ser un formidable banderillero. Armado de estoque y muleta, y después del brindis al insigne Benlliure, principió su faena con el aplaudido "pase de la firma" creación suya, y bautizado así por la afición valenciana, y el cual consiste en dar un pase ayudado con la derecha sin dejar que el toro termine el viaje, sino haciendo que se revuelva rápido para enlazar un pase bajo con la misma mano y hacer que el animal quede quieto después del segundo pase. La faena fue enorme, porque además de torera fue valiente, advirtiendo que sin ser un gran matador como sucede a todos los buenos toreros, no le duraban los toros, habiendo algunos que aunque entraba rápido, los mataba bien. Este Pablo Romero fue seguramente uno de los toros mejor estoqueados por el infortunado Manolo. La ovación fue imponente los "ches" estaban locos de entusiasmo, brincando alguno de ellos al ruedo para abrazar a su paisano, y yo entretanto recordando a México, pues la aglomeración de la gente en la plaza, era tal en las azoteas de los palcos como sucede aquí en las grandes corridas.

Ceñida y personal media verónica del diestro valenciano Manuel Granero. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Al terminar esta memorable corrida, más de cinco mil personas acompañaron al "chiquet" a su casa, y al mirar su apoteosis pensaba yo en los aficionados mexicanos, tan entusiastas como son y que seguramente hubieran hecho aquí lo mismo con el "Niño" de Valencia.

Esa misma noche cenando con Belmonte en "Las Arenas", hablamos, naturalmente, del enorme éxito de Granero, confirmándome el Fenómeno de Triana, que ese compañero llegaría fácilmente a ser una figura cumbre del toreo. El revistero "Don Justo", que nos acompañaba, terció también en la discusión estando igualmente conforme en vaticinar el más brillante porvenir al simpático Manolo.

En otra ocasión me invitó Granero al teatro y durante los intermedios departió conmigo largamente, con un espíritu de cordialidad y amistad como si nuestro conocimiento fuera ya de mucho tiempo atrás y no sólo de unos cuantos días. Entonces supe por sus propios labios que aún habiendo batido el record de corridas en la temporada, pues llegó a torear más de 90, no contaba con una gran fortuna como todos creían, pues casi todo lo ganado lo había tenido que emplear en propaganda para lograr más fácilmente colocarse en el lugar que sus méritos le señalaban. Otra de sus confidencias fue la relativa al parecido que todos los públicos de la península decían encontrarle con el inolvidable Joselito. Esto, aunque naturalmente lo halagaba, por otra parte no dejaba de contrariarlo, pues según me decía, su lucha en los redondeles era más difícil de sostener, ya que se le exigía que constantemente realizara maravillas. ¡Por algo era el sucesor del Papa del Toreo!

Convencido plenamente de los méritos de Granero insistí en su contrata, no obstante que ya contábamos con Gaona, Belmonte y Sánchez Mejías, pretendiendo con esto hacer una temporada con un cartel superiorísimo a la de Madrid, pero Granero muy a su pesar, declinó mi invitación, pues los deberes de la Patria lo reclamaban por esos días, ya que estaba en la edad de servir en el Ejército Español, en el que al poco tiempo sentó plaza de soldado. La guerra de Marruecos contribuyó con lo estricto de las leyes militares en tales casos, a que el gran torero valenciano no pudiese realizar sus deseos de visitarnos.

Durante el resto de mi estancia en España seguí con especial interés la triunfal campaña de Granero, y la víspera de mi salida, es decir, el 17 de septiembre, todavía pude admirarlo en la última corrida que toreó en la plaza de Madrid, en la que le dio la alternativa a Valencia II y durante la cual conquistó un resonante triunfo habiéndole concedido una oreja a su segundo toro los exigentes aficionados de la primera plaza del reino. Fue ésta su última gran tarde madrileña la que hizo subir tan alto su cartel y por la que este año llegó al principio de la temporada a tener contratadas el mayor número de corridas que antes ningún diestro había alcanzado, incluso Joselito.

La afición española y la mexicana están de duelo. Ha caído el ídolo de Valencia y de toda la península. La alegre ciudad del Cid viste de luto. ¡Manolet reposa para siempre entre los suyos!

Una pobre madre riega con su llanto inagotable la tumba del joven gladiador caído en la arena de sus mejores triunfos. ¡Descanse en paz el buen hijo, el buen amigo y el buen torero!

Francisco Carreño.

México, 9 de mayo de 1922.

(Publicado en la Revista "Billiken" de Venezuela, el 10 de junio de 1922). 

El cronista taurino "Repelique", escribió su artículo "La Trágica Muerte de Granero", en la revista venezolana "Billiken", el 1 de julio de 1922: 

LA TRÁGICA MUERTE DE GRANERO

Temerario desplante de Manuel Granero en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, ante un toro de enorme trapío, bien armado de pitones, emulando a su ídolo "Joselito". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El coso madrileño, que en 1894 vio la tragedia de Maoliyo El Espartero y en 1914 la de aquel otro enorme lidiador que se llamó Miguel Freg, ha sido nuevamente teatro de otra verdadera desgracia: la muerte de Manuel Granero, víctima del toro Pocapena de la ganadería de Duque de Veragua.

Casi un adolescente este valencianico, abandonó la música, con lo cual había llevado una vida reposada, pues era buen violinista, para dedicarse de lleno a la arriesgada profesión en cuyo ejercicio ha encontrado trágico fin. Su temperamento no se adaptaba a las emociones artísticas que le producía ese divino instrumento que inmortalizó Zárate; necesitaba de las fuertes, incomparables emociones que tiene el torero. Quería gozar la vida intensamente, poseerla en todo su esplendor, con todos los deleites y los estremecimientos todos; por eso se entregó al toreo, consagrándole toda la energía de su voluntad, toda la inteligencia de su cerebro, todo el entusiasmo de su juventud, todo el arte que llevaba en su alma, toda la alegría de su espíritu, la elegancia de su cuerpo y el calor de su sangre.

Era un ardiente enamorado de ese arte sublime, único que reclama una gran valentía para destacar en él su figura. Las artes todas, reclaman condiciones especiales, inteligencia, cultura, contracción, sensibilidad, finura, originalidad, amor; pero valor, es el toreo el único que lo reclama como virtud especial, imprescindible. Granero lo poseía en grado sumo; una de las características de su manera de torear fue siempre la gran valentía. Su mayor emoción artística la experimentaba cuando veía pasar las astas rozando los bordados de su traje, cuando se deleitaba, viendo la cabeza de la fiera mientras seguía el engaño y también en ese momento en que llegaba con la mano al pelo, coronando el morrillo de la res con el puño del estoque.

A la izquierda: Retrato que refleja la agradable sonrisa del inolvidable Manuel Granero. A la derecha: Ejecutando un arriesgado par de banderillas. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Apenas dos años duró de lidiador el simpático muchacho que se había hecho ídolo de los habitantes de la ciudad de El Turia. Valencia había tenido buenos toreros: los hermanos Fabrilo y Flores; pero un as, no lo tuvo hasta Granero.

Condiciones verdaderamente excepcionales tenía este excelente torero. Tantas, que fue el que ocupó el puesto que dejó vacante el inolvidable Joselito.

Y cuando estaba en el apogeo de sus triunfos, en el cenit de la gloria el cuerno asesino de "Pocapena" le desgarra la cabeza para, con su sangre generosa, escribir una de las más sangrientas páginas de la historia del toreo.

Como los gladiadores antiguos, en plena apoteosis recibió el golpe decisivo. Cuando cayó rugía la plaza de entusiasmo ante la portentosa faena que ejecutaba, así, en sus oídos quedó vibrando la emoción estruendosa que lo acompañó siempre en sus grandes tardes como un himno triunfal.

Vida de meteoro fue la de Manuel Granero. En una ascensión vertiginosa llegó al cenit. En raudo cruce deslumbró con su luz, cuando se pensó que brillaría por mucho tiempo, desapareció bruscamente, como un meteoro.

Era natural, era lógico era fatalmente inevitable que quien tuvo tanta violencia para subir desapareciese súbitamente, como ha sucedido.

Pierde la gran fiesta una de sus más brillantes figuras uno de sus más conspicuos representantes, una legítima gloria artística.

Descanse en paz el maravilloso torero.

Repelique.

Junio de 1922.

(Publicado en la Revista "Billiken" de Venezuela, el 1 de julio de 1922).

El cronista taurino y aficionado Edmundo G. Acebal, en su artículo titulado "Vida y desventura de Granero", publicado en la revista "Venezuela Taurina", el año 1968, expresó:

"Todo eran rosas en 1921 para Granero. Triunfos en la confirmación de la alternativa y en Barcelona y en Sevilla y en Bilbao y en toda España; por esa temporada, la primera y la única completa de su vida de matador de toros fue para él una verdadera apoteosis de gloria que terminó con 94 corridas toreadas y 193 toros muertos.

Confirmación de la alternativa de Manuel Granero en la plaza de toros de Madrid, el 22 de abril de 1921. Le cede los trastos, su padrino Manuel Jiménez "Chicuelo". Se observa al toro "Pastoro" de la ganadería de González Gallardo. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Empieza la de 1922 con dos festivales en Córdoba a mediados de febrero, Sigue entrando ya marzo, por Valencia y Barcelona, para volver a su tierra por las "fallas" y acaba el mes en Castellón. Seis corridas en abril en Barcelona, Sevilla y Valencia, y cuando llega mayo — el trágico y funesto mayo — se va a Bilbao y hace dos corridas los días 1 y 3. Enseguida toma el tren para Madrid, donde el día 7 a las cinco y media de la tarde está citado con la Muerte".

En un artículo titulado "Manolo Granero. Su vida y su arte" de la Historia del Toreo, publicado en la revista venezolana "Toros y Deportes", se expresó lo siguiente:

"La víspera de la corrida trágica, Granero estuvo en San Fernando de Jarama, en el restaurant de Cocherito, a donde fue en compañía de dos señoritas del teatro de Eslava. En este teatro, al guitarrista señor Ballesteros y al actor señor Gabaldón dio unas localidades, diciéndoles: "No dejéis de ir mañana a la corrida, que os pienso emocionar. . .".

A pesar de la jovialidad que intentaba demostrar, se notaba en el rostro del torero cierta tristeza preocupante.

Pasó parte de aquella noche con varios amigos en el teatro del simpático Cumpúa, en Maravillas, y, al regreso a casa, vino jugando con la compañía, como un chiquillo.

Veinticuatro horas antes de la corrida, Granero hacía gala de optimismo, hablando del triunfo que pensaba lograr.

Después, los presentimientos le pusieron triste. Hablaba a todos de emociones fuertes...

A salir para la plaza, haciendo un supremo esfuerzo, quiso aparentar un pleno optimismo. Tomó en brazos a una preciosa niña de apenas tres años, hija de su buen amigo Manuel Domingo, a la que besó, haciéndole esta promesa: "El año que viene te brindaré un toro, rica".

Antes de ir a la plaza, Granero y sus acompañantes fueron a casa del notable fotógrafo Kaulak para hacerse unos retratos que, lamentablemente fueron los últimos. En ellos, como puede verse, la tristeza del torero, es profunda.

Granero llevaba dos medallas de oro, una de Nuestra Señora de los Desamparados, Patrona de Valencia, y otra con el Corazón de Jesús. Las dos alhajas, con la cadenita que las sostenía, han sido entregadas a la hermana del lidiador muerto.

Dice el puntillero del diestro que, momentos antes de hacer el paseo, preguntó a su maestro si preparaba luego todo, para salir de Madrid la misma noche, a lo que contestó Granero: "Sí; pero, probablemente, no nos iremos".

Todos estos presentimientos no eran únicos. Allá, en su casa de Valencia, también existían. Dicen que a la misma hora que Manolo era cogido por el toro de Veragua que le ha causado la muerte, algunas de las velas que su familia encendía siempre que toreaba Granero, pidiendo que saliera bien, cayeron bruscamente repetidas veces, como estremecidas por la catástrofe...".

LA CORNADA MORTAL EN MADRID

El día 7 de mayo de 1922, en la plaza de toros de Madrid, la tarde de la trágica muerte de Manuel Granero, quien se distingue en primer lugar de izquierda a derecha, seguido de Marcial Lalanda y Juan Luis de la Rosa. Foto: Baldomero. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Impresionante momento de la cogida de Manuel Granero por el toro "Pocapena" del Duque de Veragua, el 7 de mayo de 1922, en Madrid. Foto: Alfonso. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El cronista taurino y aficionado Edmundo G. Acebal, en su artículo titulado "Vida y desventura de Granero", publicado en la revista "Venezuela Taurina", el año 1968, continuó su relato:

"Es la cuarta de abono y se lidian tres reses del Duque de Veragua con divisa encarnada y blanca y otras tres de Albaserrada con emblema azul y encarnado. En el cartel Juan Luis de la Rosa, Manuel Granero y Marcial Lalanda que confirma su alternativa.

¡Cuánta expectación! ¡Cuánto entusiasmo en ese Madrid primaveral y locundo! Ni una localidad vacía en la plaza. Hasta la bandera llega la gente. Hierve como una sartén la plaza de la carretera de Aragón, con ministros en las barreras, majas en los palcos de la aristocracia y tonadilleras en las delanteras de grada.

Ya llega el Presidente. Ya la música ataca un vibrante pasodoble. Ya los alguacilillos con La Rosa, Granero y Lalanda a la zaga, hacen el paseo de cuadrillas.

A la izquierda: El toro "Pocapena" del Duque de Veragua, que le quitó la vida al valiente torero Manuel Granero. A la derecha: Otro momento del terrible percance. Foto: Rodero. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

A las cinco y cuarto de la tarde sale el quinto toro. Es del Duque de Veragua, se llama "Pocapena" y es cárdeno, bragado, con buena estampa y una cabeza con pitones pavorosos. Antes de doblar ya acosa mansedumbre. Camero le castiga cuanto puede y Alparguerito y Rodas aligeran en banderillas. Cuando Granero coge la muleta y espada, muestra en el semblante una mueca de contrariedad y tristeza. "Pocapena" le espera en los tercios del 3 y ya desde el 1 el espada lleva apercibida la muleta.

En los graderíos reina un silencio inquietante que rompe una voz: "Granero: eres la esperanza de la Fiesta". Y apenas extinguido su eco, quiébrase la esperanza y el Destino trunca para siempre los sueños del ídolo y la afición.

Trágico momento en el que se aprecia al diestro Manuel Granero, cayendo al suelo, siendo violentamente empujado hacia las tablas. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Cuando Marcial mató a “Pocapena", ya estaba en los tendidos la noticia de la muerte. El público se echó en masa al redondel pidiendo la suspensión de la corrida y así se hizo. En la enfermería, envuelto en un sudario y entre el llanto de cera de unos cirios, quedaba en capilla ardiente el cuerpo sin alma del torero valenciano, protegido, desde lo alto, por el abrazo misericordioso de un Cristo en la Cruz".

Dos imágenes, del dramático momento, que reflejan la tragedia sufrida por el infortunado Manuel Granero en la plaza de toros de Madrid, el 7 de mayo de 1922. A la izquierda, se observa a Manuel Granero con el rostro ensangrentado siendo conducido rápidamente a la enfermería. A la derecha, se aprecia la expresión de dolor del subalterno "Blanquet" cubriéndose la cara por la impresión. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

"Sobaquillo II" en su artículo "Manolo Granero: Cómo fue la mortal cogida", publicado en la revista venezolana "Toros y Deportes", el 10 de mayo de 1975, explicó con detalles los momentos finales de la vida del prometedor torero valenciano: 

LA MUERTE EN LA ENFERMERÍA

Manuel Granero muerto en la enfermería, a la edad de 20 años. Foto: Díaz. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Transcurrido el tercio de varas, Carranza se trasladó a la enfermería para informarse sobre el estado de su maestro. Poco después oyó el grito de alarma de un arenero, anunciando que Granero había sido cogido y corneado gravemente. Momentos seguidos ingresaba en la dependencia el diestro valenciano con el rostro totalmente cubierto de sangre. Los médicos ordenaron fuera depositado en la mesa de operaciones. No hubo necesidad de intervenirlo. Falleció a los pocos instantes.

Al abandonar Carranza la enfermería se tropezó con Blanquet y con don Paco Juliá, tío y apoderado de Granero, que acudían ansiosos de inquirir noticias sobre el estado del herido. A sus preguntas, y con objeto de tranquilizarlos de momento, les contestó con la piadosa mentira de que estaban curando al espada; pero Blanquet, consciente de la gravedad de la cogida no le creyó. Se lo llevó aparte, cogiéndolo de un hombro, y lo conminó para que le dijera la verdad: "Ha muerto", le confesó Nicanor Fraga, con un nudo en la garganta y con el corazón transido de dolor. Y desde aquel momento la tragedia se hizo pública.

Manolito Granero había iniciado la faena de muleta a "Pocapena" en el tercio con un pase ayudado por alto. Pase al que imprimía una singular ejecución. Con su innata elegancia y quieta la planta. El torero daba su espalda a las tablas. Por consiguiente, estaba "contra querencia". El toro, al embestir, se "acostó" sobre el matador; al derrotar, lo prendió de un muslo y lo lanzó al aire por delante. Granero cayó sobre la arena semi-conmocionado. Blanquet acudió rápido al quite, "metió" el capote y se llevó al toro, pero sólo unos pocos metros. El animal, con su "sentido" dejó de obedecer al engaño y volvió al lugar donde había hecho presa, desgraciadamente, en el preciso momento en que Granero, en su estado semiinconsciente, se incorporaba, tratando de levantarse del suelo. Movimiento que llamó la atención del toro, que se arrancó sobre el torero, alcanzándolo y lanzándolo en su derrote debajo del estribo de la barrera. Allí volvió a cornear con fiereza, con tan mala suerte, que uno de los pitones de la res penetró por la cuenca del ojo derecho, causando grandes destrozos e interesando la masa encefálica. La cornada fue mortal sin remedio.

Manuel Granero en Capilla Ardiente, siendo acompañado por familiares, amigos y seguidores. Fotos: Marín. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El entierro de Manuel Granero fue impresionante y multitudinario. Año 1922. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

LOS RESTOS DE GRANERO

El diestro Manuel Jiménez "Chicuelo" conmovido ante la tumba de su gran amigo y compañero Granero en 1922. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Los restos mortales del desventurado torero reposan en un mausoleo erigido en el Cementerio Municipal de Valencia, España. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Es una magnífica obra de arte dedicada a un artista del toreo por un artista del cincel. De José Bernal a Manolo Granero. De un valenciano a otro valenciano. Extraordinarios los dos. Los dos extintos de imperecedera recordación.

La cripta del mausoleo está cubierta por un pedestal de forma cuadrangular de piedra noble. Sus ángulos están ornados con artísticos y alegóricos florones. En la parte superior del frontispicio se ofrece a los visitantes el retrato del torero, en ovalado esmalte, en busto, con traje de luces de guarnición negra. Lo obtuvo el popular fotógrafo de toreros Campúa pocos días antes de la muerte del espada. En la parte inferior léese la siguiente inscripción: "Valencia a Manuel Granero Valls", y en la posterior del monumento funerario esta otra: "A Manuel Granero en el XXV aniversario de su muerte. Recuerdo de las entidades taurinas valencianas. 7 mayo 1947".

(Publicado en la Revista Venezolana "Toros y Deportes", el 10 de mayo de 1975).

He querido rendir en este artículo, complementado con la enriquecedora opinión de otros autores, un merecido homenaje a Manuel Granero, la gran promesa del toreo que no pudo ver coronado su sueño, al interponerse los pitones del toro "Pocapena" en el fatal destino de su trágica y prematura muerte en el coso madrileño.

Su terrible cornada, considerada como la más impresionante y dramática de la historia del toreo, y su triste deceso, se recuerda con profundo dolor y recogimiento en la conmemoración de su centenario. Paz a su alma. ¡Que Dios lo tenga en su Gloria!

Rafael Dupouy Gómez


sábado, 14 de septiembre de 2019

"CARNICERITO DE MÉXICO": EL VALOR Y LA EMOCIÓN


(Por: Rafael Dupouy Gómez)

Escalofriante desplante de “Carnicerito de México” en Guadalajara (México), el 20 de diciembre de 1931. Foto: Orduña. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez). 
Escribir sobre José González “Carnicerito de México”, me hace recordar la impresión que despertó en mi abuelo, Florencio Gómez Núñez, este valentísimo torero que siempre salía a los ruedos dispuesto a triunfar. La afición venezolana le pudo ver varias veces en sus cosos, demostrando ser un diestro muy completo en todos los tercios de la lidia. Mi abuelo, me contaba que era muy simpático y agradable en el trato. Con el capote era variado y gracioso, especialmente, en sus quites y por la gran exposición que demostraba en la ejecución de sus formidables pares de banderillas en terrenos increíbles, muy pegado a las tablas. Con la muleta, destacaba por sus pases naturales, de pecho y de la firma. Era temerario en sus desplantes; de rodillas y de espaldas al toro, que hacían levantar al público de sus asientos. Jugaba con los pitones de sus enemigos, tocándoselos o colocándoles algún sombrero con una sonrisa y serenidad pasmosa. Fue un certero estoqueador. Sus faenas siempre estaban enmarcadas dentro de una atmósfera de angustia y tragedia. Por su valor, pundonor, emoción y entrega marcó una época inolvidable del toreo. Se le considera el precursor del toreo tremendista.
José González López “Carnicerito de México”, nació en Tepatitlán, Jalisco, el 8 de septiembre de 1904. Trabajó en el Matadero de Guadalajara (México), en donde practicó su afición a los toros. En su tierra, se inició como becerrista y, posteriormente, como un destacado novillero desde 1925. Con un buen cartel en México, decidió probar suerte y viajar a España en 1930.
Debutó como novillero en España, el 4 de mayo de 1930, en Tetuán de las Victorias, lidiando novillos de don Antonio Llanos, actuando con Miguel Morilla “Atarfeño” y Juan Martín Caro “Chiquito de la Audiencia”. “Carnicerito de México”,  cortó una oreja y fue el triunfador esa tarde. Su éxito y popularidad fue tan grande, que toreó en Tetuán seis novilladas más, cortando orejas en cinco tardes.
El 3 de agosto de 1930, “Carnicerito de México”, debutó como novillero en Madrid, gustando mucho su toreo, siendo bastante aplaudido. Como dato curioso, esa tarde, el valiente novillero mexicano, se arrojó a cuerpo limpio haciéndole el quite a su compañero Luis Morales, quien resultó cogido. Ese valeroso gesto, le valió ser ovacionado por el público presente. Esa tarde también actuaba su paisano Luciano Contreras. El ganado, era de la divisa de Veragua, de don Manuel Martín Alonso.
El 26 de octubre de 1930, en la Plaza Monumental de Barcelona (España), debutaron José González “Carnicerito de México” y Domingo Ortega, lidiando cinco novillos de Terrones y uno de Villarroel. Fue una tarde memorable. “Carnicerito de México” a su primer toro, le cortó las dos orejas y rabo; a su segundo y tercer toro, les cortó una oreja a cada ejemplar. Ortega, a su primer y tercer toro, les cortó las dos orejas y rabo; a su segundo, le cortó una oreja. Los matadores fueron muy ovacionados y  tuvieron que dar varias vueltas al ruedo juntos. En una de ellas, se invitó al empresario Domingo González Mateos “Dominguín” para que acompañara a los diestros. El público saltó al ruedo y fueron llevados a hombros.
El 2 de noviembre de 1930, en la Plaza Monumental de Barcelona (España), ocurrió el gran suceso de la temporada durante la celebración del sensacional mano a mano entre los novilleros José González “Carnicerito de México” y Domingo Ortega, lidiando reses de Coquilla. El lleno fue hasta la bandera, a pesar de la lluvia. Hubo gran expectación por volver a ver a los novilleros que habían triunfado en esa plaza. “Carnicerito de México”, cortó cuatro orejas y dos rabos. En su segundo toro, luego de una gran estocada, resultó herido en la mano cuando realizaba un desplante mientras esperaba la muerte de su enemigo. Pasó a la enfermería tras una gran ovación. Domingo Ortega, estuvo formidable, cortando cinco orejas y dos rabos, saliendo a hombros de la plaza. Ese mismo año de 1930, “Carnicerito de México” tuvo tanto éxito que toreó un total de 35 novilladas.
En 1931, “Carnicerito de México” continuó cosechando triunfos como novillero en España, participando en 31 novilladas, destacando sus presentaciones en Salamanca, Cádiz, Valencia, Sevilla, Madrid y Bilbao. Cortó ese año 110 orejas y 40 rabos. Como dato curioso, el célebre escritor norteamericano y gran aficionado taurino, Ernest Hemingway, en su libro “Muerte en la Tarde”, publicado en el año 1932, relató sus impresiones sobre el valeroso y buen banderillero “Carnicerito de México” y otros toreros de esa época que cautivaron su atención.
ALTERNATIVA EN ESPAÑA
José González “Carnicerito de México”, decidió tomar la alternativa, el 13 de septiembre de 1931, en la Plaza de Toros de Murcia. Se lidiaron seis toros de Miura. Domingo Ortega fue su padrino y Jaime Noaín actuó como testigo. El toricantano “Carnicerito de México” estuvo toda la tarde muy valiente y con ganas de triunfar. Fue muy ovacionado desde que apareció realizando el paseíllo y durante la faena de su primer toro. A su segundo toro, lo recibió con una larga cambiada de rodillas, lo banderilleó espectacularmente, y con la muleta estuvo muy artista y valiente, matando de pinchazo y entera. Se le premió con la vuelta al ruedo, siendo sacado a hombros de la plaza. Noaín al tercer toro de la tarde, le cortó las dos orejas y rabo.
El 18 de septiembre de 1931, “Carnicerito de México” confirmó su alternativa en Madrid. Manolo Bienvenida, le cedió el toro de nombre “Estudiante”, negro, marcado con el número 5, perteneciente a la ganadería de don Celso Cruz del Castillo. Domingo Ortega fue el testigo de la ceremonia. Los toros resultaron mansos y descastados.
El 1 de mayo de 1932, en Madrid, el mexicano José González “Carnicerito de México” se presentó con el sevillano Manuel del Pozo “Rayito” y el valenciano Manolo Martínez, lidiando reses de don Bernaldo de Quirós. “Rayito” fue corneado durante un lance de rodillas y “Carnicerito”, al último toro de la corrida, le cortó una oreja, siendo el triunfador de la tarde. El 5 de mayo de 1932, en Marsella (Francia), “Carnicerito de México” obtuvo otro gran triunfo al cortar orejas y rabos. El diestro mexicano, siempre estuvo muy dispuesto a triunfar, demostrando un valor sin límites.
El 4 de septiembre de 1932, en la Plaza Monumental de Barcelona (España), se presentaron el rejoneador don Antonio Cañero, y los matadores de toros Saturio Torón y José González “Carnicerito de México”, en un mano a mano. Se lidiaron dos toros de Marcial Lalanda para el rejoneador y seis toros de los Hnos. don Luis y don José Pallarés Delsors. “Carnicerito” realizó una faena asombrosa a su primer toro, segundo de lidia ordinaria, cortándole las dos orejas y el rabo. Destacó por su variado y gracioso toreo con el capote. Luego de tres clásicas verónicas con hondura, realizó un remate genial, arrancándole al toro la divisa con la mano. Con la muleta, estuvo valentísimo, realizando varios adornos y desplantes temerarios, acariciando los pitones de su enemigo. Colocó una buena estocada y descabelló al primer intento. Mató los dos toros suyos restantes y el de Saturio Torón que había recibido un puntazo. El rejoneador Cañero recibió una cornada en la cara anterior del brazo derecho, de pronóstico grave.
El 12 de octubre de 1932, en Barcelona (España), se encerró en solitario para matar seis toros de la ganadería de los Hnos. don Luis y don José Pallarés Delsors, pero no tuvo el éxito esperado. Toreó en el viejo continente ese año un total de 18 corridas y estoqueó 41 toros.
DEBUT EN EL NUEVO CIRCO DE CARACAS (VENEZUELA)
El 6 de noviembre de 1932, en la Plaza de Toros Nuevo Circo de Caracas, se lidiaron tres toros pura casta española de las ganaderías de: Carriquiri, Pérez de la Concha y Surga, y tres toros de media casta de Santaella, para los diestros Antonio Posadas, Saturio Torón y el debut de José González “Carnicerito de México”. Posadas y Torón cortaron cada uno, una oreja. “Carnicerito”, estuvo muy valiente y temerario. Con las banderillas colocó pares escalofriantes, realizando grandes faenas y matando bien a sus toros. Cortó las orejas y rabo al toro de Carriquiri que le tocó en suerte, sexto toro de la tarde y salió a hombros de la plaza.
El 13 de noviembre de 1932, en la Plaza de Toros Nuevo Circo de Caracas, se llevó a cabo una corrida de toros en la que actuaron el venezolano Julio Mendoza Palma, el español Pepe Amorós y el mexicano José González “Carnicerito de México”. Se lidiaron tres toros pura casta españoles de las ganaderías de Nandín, Carriquiri y Surga y tres toros media casta criollos de don Juan Vicente Ladera. Hubo un lleno imponente. Asistió a esta corrida, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela. El venezolano Julio Mendoza, estuvo muy bien en su primer toro, media casta, que había brindado al Presidente de la República y al que le ejecutó una faena valerosa y con deseos de agradar, cortándole las dos orejas y el rabo. Pepe Amorós, también realizó a su primer toro, media casta, una artística y dominadora faena, colocando una gran estocada que le valieron las dos orejas y el rabo. “Carnicerito de México”, demostró un valor temerario en sus toros. En su primer toro, media casta, recibió un puntazo en una pierna al torearlo con la muleta y se quedó en el ruedo para matarlo de estocada regular. A su segundo toro, pura casta, de la ganadería española de Nandín, le realizó una extraordinaria y larga faena, poniendo al público de pie, siendo aclamado entre atronadoras ovaciones. Colocó una gran estocada en toda la cruz. Cortó las dos orejas y el rabo y el público delirante lo llevó a hombros desde la plaza hasta el hotel donde se hospedaba. Esta fenomenal faena ha sido considerada como una de las de mayor valor, exposición y temeridad ejecutadas en la historia del Nuevo Circo de Caracas.
APOTEÓSICA FAENA EN LA MAESTRANZA DE MARACAY (VENEZUELA)
Cartel de la tercera corrida de la Feria Inaugural de la Plaza de Toros Maestranza de Maracay (Venezuela), el 22 de enero de 1933. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Después del resonante triunfo del diestro mexicano en el Nuevo Circo de Caracas, los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, contrataron a José González “Carnicerito de México”, para que toreara en la tercera y última corrida de la feria de Maracay (Venezuela), el 22 de enero de 1933. Se lidiaron 3 toros de la ganadería venezolana “La Providencia” de los hermanos Gómez Núñez y 3 toros de la temible ganadería española de Miura para los matadores: Manolo Bienvenida, José González “Carnicerito” de México y Pepe Gallardo.
“Carnicerito de México”, fue el primer torero mexicano que toreó en la Maestranza de Maracay. Acompañando al diestro azteca, vinieron a Venezuela, Juan Ruiz, banderillero, nacido en Guadalajara, quien toreó mucho en su tierra bajo sus órdenes desde 1931 y Mariano Rivera, un magnífico peón de brega.
Detalles sobre la gran faena de “Carnicerito de México”, las reseñó la siguiente crónica taurina del “Conde Federico”, publicada en el diario “El Universal”, el 23 de enero de 1933:
Maracay, 22 de enero, 1933.- “La última corrida de feria hizo llenar el circo de bote en bote, agotándose las localidades. El General Juan Vicente Gómez asistente al espectáculo, fue objeto de prolongados aplausos al aparecer en el palco de honor. “Carnicerito de México” ha sido la emoción de la tarde. Todo el indomable valor, toda la vergüenza torera que atesora el bravo lidiador azteca lo ha volcado hoy sobre la caldeada arena del circo de Maracay, haciendo crujir sus basamentos. Tanto en su toro media casta como en el de Miura, “Carnicerito” mantuvo en pie a toda la concurrencia, realizando faenas en las que una continuada visión de trágica belleza puso jadeos en todos los corazones y resecos en todas las gargantas. Cuando terminó la lidia de su primer bicho, de “La Providencia”, que fue notable por su bravura y suavidad, echándolo a rodar de un magno estoconazo, la plaza parecía un manicomio. Cayeron al redondel, sombreros, bastones, ramos de flores y hasta un mantón de manila. Las palmas echaban humo, paseando el triunfador por el anillo con las dos orejas y el rabo del enemigo a manera de emplumado trofeo.
Hoy también han sido llamados al redondel los hermanos Gómez Núñez, quienes recibieron una ovación al ser arrastrado el toro media casta, primero de “Carnicerito”. Juan Vicente y Florencio correspondieron al simpático homenaje, desde el centro de la plaza, calañeses en mano.
Al toro de casta, “Betunero” de Miura, negro, bravo, con poder y nervio, el de México, al torear por verónicas, se le puso materialmente de cinturón de goma, llenándose la faja de baba miureña. Al rematar los lances, le arrancó al feroz “Betunero” la divisa, produciendo este alarde de inverosímil valentía un vibrante clamor de entusiasmo y de febril emoción.
Al engendrar un pase de muleta, fue alcanzado por el de Miura, recibiendo un puntazo hondo en el muslo izquierdo. Sin amilanarse en lo más mínimo, continuó la lidia hasta clavar medio estoque en las alturas, teniendo que ocurrir al descabello, que logró después de varios intentos. Con la pundonorosa y sensacional actuación de “Carnicerito de México”, han culminado las corridas de feria, dignamente. ¡Ha sido más bravo que todos los Miuras el torero que flirtea con la muerte!
Así han terminado las corridas inaugurales del tauródromo de Maracay, la más bella y primorosamente ejecutada de Venezuela y una de las mejores de América. Por lo rumboso de los carteles y por el entusiasta esfuerzo de los jóvenes ganaderos hermanos Gómez Núñez al edificar tan hermoso y alegre edificio, así como por su auténtica afición a la más bella de todas las fiestas, bien tienen merecido el cálido homenaje del aplauso congratulario”.
Con motivo de la inauguración de la Plaza de Toros Maestranza de Maracay (Venezuela), el diestro mexicano “Carnicerito de México” dejó escrita de su puño y letra esta bonita dedicatoria: “Mis más sinceras felicitaciones para los Hermanos Don Juan Vicente y Don Florencio Gómez Núñez por su nueva ganadería y los más grandes entusiastas de esta Bella Fiesta de oro, seda, sangre y sol”. José González “Carnicerito de México”. 

Dos imágenes de “Carnicerito de México”, el 22 de enero de 1933, durante su apoteósico triunfo en la Maestranza de Maracay y dando la vuelta al ruedo en compañía de los ganaderos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez.  (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
El diestro mexicano José González “Carnicerito de México”, el día siguiente de la corrida de su memorable triunfo, fue invitado por los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, a su oficina con los cronistas taurinos de Caracas a quienes obsequiaron un brindis. Posteriormente, visitaron el Laboratorio Nacional Cinematográfico, dirigido por Efraín Gómez, siéndoles proyectadas las películas de las tres corridas inaugurales de la Plaza de Toros de Maracay (Venezuela).
LA MONUMENTAL DE BARCELONA ESCENARIO DE GRANDES TRIUNFOS
Una de las plazas de toros que le brindó los más importantes triunfos de su carrera taurina fue la Monumental de Barcelona (España). El público le idolatró admirando su toreo. El 9 de abril de 1933, en Barcelona (España), se lidiaron ocho toros, seis de don Alipio Pérez Tabernero, uno de Cobaleda y otro de la viuda de Soler, para Fermín Espinosa “Armillita”, Manolo Bienvenida, Pepe Bienvenida y José González “Carnicerito de México” que, en su primero, dio una vuelta al ruedo con petición de oreja; y en su segundo, cortó una oreja y rabo, saliendo a hombros de la plaza.
Continuaron los triunfos de “Carnicerito de México” ese año en Burdeos, Zamora, Béziers, Pamplona, Almería, Vie-Fezensac, Nimes y Zaragoza. En 1933, toreó entre España, Francia y Portugal 29 corridas, siendo superado por su coterráneo Fermín Espinosa “Armillita” que toreó 53 corridas, convirtiéndose en el extranjero con mayor número de actuaciones en España. En 1934,  inició su campaña triunfando en el sur de Francia: Marsella, Toulouse y Burdeos.
El 20 de mayo de 1934, en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona (España), se lidiaron toros de don Argimiro Pérez Tabernero, para Rafael Gómez “El Gallo”, Joaquín Rodríguez “Cagancho” y José González “Carnicerito de México”. “Carnicerito”, estuvo colosal en la lidia del tercer toro, de la ganadería de Gabriel González. Lo toreó por verónicas y faroles de rodillas. La ovación fue estruendosa. Colocó cuatro pares de banderillas, inmensos. Los aplausos del público duraron quince minutos. Con la muleta realizó una de las faenas más valientes y emocionantes en la historia de esa plaza. Inició su faena de muleta con cuatro pases estatuarios por alto, tandas de naturales ligadas con pases de pecho espeluznantes, mató de pinchazo y estocada, recibiendo como premio la oreja y el rabo. A su segundo toro, le ejecutó otra gran faena, cortándole las dos orejas, saliendo a hombros.
El 10 de junio de 1934, en Barcelona (España) se lidiaron ocho toros de don Julián Fernández, para los diestros Fermín Espinosa “Armillita”, Manolo Bienvenida, Pepe Bienvenida y José González “Carnicerito de México” que al último toro de la tarde, le realizó una sensacional faena, colocándose en terrenos inverosímiles, haciendo sus temerarios desplantes ante la cara del toro, colocándole la montera en el testuz al culminar su faena con el capote. Luego, con la muleta en la espalda, le colocó al toro dos sombreros en los pitones. Mató volcándose sobre su enemigo, cortándole las dos orejas y el rabo, saliendo a hombros de la plaza.
El 17 de junio de 1934, en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona (España), José González  “Carnicerito de México” se presentó con Marcial Lalanda y Curro Caro, lidiando toros de Ayala. “Carnicerito” fue ovacionado en su primero; y en su segundo, realizó una gran faena que culminó con una gran estocada. Le concedieron las dos orejas y el rabo, siendo el triunfador de la tarde. Ese mismo año, toreó entre España, Francia y Portugal, 21 corridas, siendo superado, nuevamente, por su compatriota Fermín Espinosa “Armillita” que toreó 63 corridas, siendo el extranjero con mayor número de actuaciones en España.
El 4 de agosto de 1935, en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona (España), José González “Carnicerito de México” lidió toros de Miura con los diestros Paco Madrid y Paco Perlacia. El diestro mexicano a su primer toro, le realizó una magnífica faena toreando muy de cerca de los pitones, con arte y valor, exponiendo mucho ante el toro con pases de rodillas por ambas manos. Mató de una estocada colosal, recibiendo una ovación apoteósica, siendo premiado con las dos orejas, el rabo y la pata. A su segundo toro, lo volvió a torear muy de cerca, realizando desplantes escalofriantes, colocándole la montera en los pitones. Mató de un pinchazo hondo y una entera, recibiendo oreja y rabo por su labor. El público lo sacó en hombros de la plaza, aclamándolo como el triunfador de la tarde.
El 11 de agosto de 1935, en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona (España), José González “Carnicerito de México” actuó en un mano a mano con Paco Perlacia, ante seis toros de la ganadería de don Argimiro Pérez Tabernero. El diestro mexicano, al cuarto toro de la tarde, le realizó una gran faena, otorgándosele las dos orejas y el rabo.
El 29 de septiembre de 1935, en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona (España), actuaron el rejoneador portugués Simao Da Veiga y los diestros José Amorós, “Carnicerito de México”, Antonio García “Maravilla” y Félix Colomo. “Carnicerito de México” triunfó cortándole a su segundo toro, las dos orejas y el rabo. Lo toreó fenomenalmente por verónicas compartiendo bellos quites con “Maravilla”. Puso al público de pie y ambos diestros, desde los medios, agradecieron la fuerte ovación. El mexicano, colocó cuatro pares de banderillas enormes que, nuevamente, hicieron levantar a los espectadores de sus asientos. Con la muleta, se metió en la cuna de los pitones, realizando una gran faena con pases de pecho, en redondo, de la firma y de hinojos. Dejó un pinchazo hondo y volvió a entrar a matar, colocando una media estocada que fulminó al toro. En ese segundo intento, al ejecutar la suerte suprema, recibió un fuerte varetazo en el pecho. Acudió a la enfermería y le llevaron las dos orejas y el rabo.
El 3 de noviembre de 1935, en la Plaza de Toros Arenas de Barcelona (España), “Carnicerito de México” le realizó una gran faena al cuarto toro de la tarde de la ganadería de don Ignacio Sánchez, cortándole las dos orejas y el rabo. El diestro mexicano actuó mano a mano con “Carnicerito de Málaga”, quien cortó una oreja a su primer toro y otra a su segundo. Ambos salieron a recibir las ovaciones del público en los medios. “Carnicerito de México” toreó ese año en el viejo continente un total de 22 corridas y estoqueó 57 toros. En la temporada americana 1935-1936, “Carnicerito de México” toreó dos corridas en Venezuela, cinco en Europa, siete en Colombia y tres en Perú.
El 12 de abril de 1936, en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona (España), José González “Carnicerito de México”, se presentó con Marcial Lalanda, Fermín Espinosa “Armillita” y Victoriano de La Serna, lidiando toros de don Eduardo Sotomayor y don Vicente Muriel. “Carnicerito” al séptimo toro de la tarde, de la ganadería de Sotomayor, lo recibió con unas buenas verónicas. Invitó a banderillear a “Armillita”, realizando un bonito tercio que fue muy aplaudido. Le brindó la muerte del toro a Rafael Gómez “El Gallo”, siendo premiado con las dos orejas.
El 19 de abril de 1936, en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona (España), “Carnicerito de México”, actuó con Luis Castro “El Soldado” y “Venturita”. “Carnicerito” fue el triunfador de la tarde cortando cuatro orejas y dos rabos a los toros de don Julián Fernández que le correspondieron en suerte. La guerra civil española y el problema del convenio taurino entre los toreros españoles y mexicanos, hizo que su cartel disminuyera esos años.
En la temporada americana 1936-1937, “Carnicerito de México” toreó siete corridas en Venezuela, nueve en Colombia, dos en Perú y algunas otras en Ecuador. El 10 de enero de 1937, en Lima (Perú), estoqueó seis toros y el 15 de agosto de 1938 fue premiado con la “Oreja de Plata”.
El 29 de diciembre de 1940, en la Plaza de Toros de El Toreo (México D.F.), “Carnicerito de México” fue testigo de la mortal cornada que el toro “Cobijero”, de la ganadería de “Piedras Negras”, le propinó al matador mexicano Alberto Balderas, destrozándole el hígado. Ese día, tomaba la  alternativa Andrés Blando. “Carnicerito” había solicitado permiso para brindar su toro ante la autoridad de la plaza y Balderas sufrió la cornada mortal tratando de distraer al toro de “Carnicerito” que, inesperadamente, se le vino encima.
A la izquierda: Rafael Dupouy Gómez, muestra la Divisa del toro de Miura “Betunero” que lidió “Carnicerito de México”, el 22 de enero de 1933 en la Maestranza de Maracay. A la derecha: Un espeluznante par de banderillas del valeroso diestro azteca. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
La temporada del año 1945, en el viejo continente, “Carnicerito de México” toreó un total de 12 corridas de toros, actuando en 3 festivales. En la temporada del año 1946, “Carnicerito de México” toreó un total de 10 corridas y estoqueó 21 toros.
LA TARDE DE SU CORNADA MORTAL EN PORTUGAL
El 14 de septiembre de 1947, en Villaviciosa (Portugal), se realizó una corrida al estilo portugués, donde se lidiaron reses de la ganadería portuguesa de Joaquín Esteban de Oliveira para los rejoneadores Conchita Cintrón y Alberto Luis Lopes, y los diestros José González “Carnicerito de México” y Etelvino Laureano. “Carnicerito de México” a su primer toro, le realizó una faena brillantísima, dando la vuelta al ruedo. Al séptimo toro de la tarde, de nombre “Sombrereiro”, marcado con el número 3, “Carnicerito de México” lo recibió con excelentes lances de capa. Colocó tres magníficos pares de banderillas de poder a poder. Inició la faena con un pase por alto muy ceñido, pero al ejecutar el tercero, resultó cogido por el toro en el muslo derecho, siendo lanzado, fuertemente, contra las tablas. Conchita Cintrón se quitó los zajones, amarrándole la pierna destrozada con las correas. Dejó mucha sangre regada en la arena cuando lo conducían a una enfermería sin condiciones, ameritando su inmediato traslado al Hospital de la Misericordia de esa localidad, donde se le trató de contener la hemorragia. “Carnicerito” le expresó a Conchita Cintrón su deseo de morirse en su tierra. Quería volver a ver el cielo de México y se lamentaba que lo dejaran morir de esa forma. La herida fue de 25 centímetros e interesó la arteria femoral de pronóstico muy grave. Lograron operarlo, rápidamente, pero necesitaban más sangre que no tenían en el Hospital para la urgente transfusión. “Carnicerito de México”, pasó la noche diciendo que la cornada había sido igual que la de “Manolete” y que advertía los mismos síntomas al perder la sensibilidad de la pierna herida. Recordaba que, unas semanas antes, le había mandado el pésame a doña Angustias, la madre de “Manolete”. “Carnicerito de México”, recibió con mucha fe la extremaunción por el capellán del hospital, pero a las 8:30 de la mañana del 15 de septiembre de 1947, falleció de un colapso cardíaco, a los 43 años de edad. Después de un largo trayecto, llegó un doctor con sangre para realizarle una nueva transfusión, siendo ya demasiado tarde.
Su querida amiga Conchita Cintrón, avisó la mala noticia por teléfono a la viuda del diestro, que residía en Barcelona (España). Fue enterrado, provisionalmente, en el cementerio de Los Remedios de Villaviciosa, la mañana del 16 de septiembre de 1947. Los gastos del entierro fueron cubiertos, íntegramente, por Conchita Cintrón. El 19 de septiembre de 1947, el cadáver de “Carnicerito de México” fue embarcado en el buque “Nacala” para ser trasladado a su tierra, siendo enterrado en el Panteón Moderno de México D.F. Lo acompañó su viuda con quien se había casado dos años antes.
“Carnicerito de México” había recién cumplido 16 años de alternativa como matador de toros. Su impresionante valor, profunda entrega y gran exposición, le valieron 36 cornadas de gravedad.  
En el año 2007, su gran amiga la rejoneadora Conchita Cintrón fue la invitada de honor para inaugurar una estatua de bronce como homenaje al torero José González “Carnicerito de México” en su ciudad natal, al cumplirse el 60º aniversario de su muerte. Su recuerdo imborrable permanecerá en las importantes páginas de la historia taurina de México y del mundo.
Rafael Dupouy Gómez