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jueves, 30 de abril de 2026

“MANOLETE”: 80 AÑOS DE SU DEBUT EN VENEZUELA

(Por: Rafael Dupouy Gómez)

Debut en Venezuela del “Monstruo” de Córdoba, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, en compañía del diestro venezolano Julio Mendoza y el peruano Alejandro Montani en la Maestranza de Maracay, el 1 de mayo de 1946. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).


Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, toreó en Venezuela dos corridas de toros en la Maestranza de Maracay, los días 1 y 12 de mayo de 1946 y un festival benéfico en el Nuevo Circo de Caracas, el 19 de mayo de ese mismo año. Estas fueron sus únicas presentaciones en Venezuela.

“Manolete”, debutó en Venezuela, actuando en la Maestranza de Maracay, el 1 de mayo de 1946. La Organización Gago lo presentó, la primera tarde, alternando con el venezolano Julio Mendoza Palma y el diestro peruano Alejandro Montani con toros de “Guayabita”.

El toro de nombre “Naranjito”, negro, marcado con el número 316, segundo de la tarde, fue el primer astado que lidió “Manolete” en Venezuela, quien vestía un precioso traje rosa y oro.

El cronista taurino Guillermo Austria “Chavalo”, describió así el sensacional momento vivido en Maracay (Venezuela) con el debut de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” que tanta expectación y emoción despertó en la afición: 
           
“El prodigioso cordobés saluda al guayabitero con cuatro verónicas para las cuales habría de inventar una adjetivación especial. Sin aspavientos ni contorsionismos, aquellos lances fueron simplemente soberanos, mandones, pletóricos de gracia, serenidad y arte, rematados luego con la ya célebre media verónica de su exclusiva propiedad, por la manera nunca sospechada con que el “Monstruo” la realiza. Otras dos verónicas, una revolera y repetición de su inverosímil media verónica integraron su labor del primer quite, dejando en el ambiente una sensación de grandeza indiscutible.

Brinda desde los medios y comienza la sensacional faena de muleta con pases por alto y por bajos ayudados que dejan a la clientela desconcertada, asombrada, convulsa de una sensación jamás sentida ante semejante prodigio de serenidad y mandonería. La muleta en manos de “Manolete” tiene vuelos inaugurales. Todos creíamos que lo que hizo no se podía ver nunca. Se acerca, se arrima y luego se pega del toro con el mismo desenfado de una vaca.

“Manolete” durante su actuación en la Maestranza de Maracay, Venezuela, en 1946. Fotos Villa. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Con dibujados naturales y tiránicos derechazos, se fajaba inverosímilmente el toro, alrededor. Las manoletinas, primorosa suerte de su invención, prendieron en el ambiente de la plaza la somnolencia embriagadora de un perfume, y otra serie de naturales, dados ahora con una exclusiva forma avasallante de correr la mano mirando a los tendidos, vertió más sobre el ruedo el vértigo del público hecho clamor de emocionado vocerío.

El hecho de haber tenido necesidad de recurrir al descabello después del espadazo que “sopló” al final, negó la posibilidad de adquirir en este toro algún simbólico trofeo. Pero ahí ha quedado, y de manera indeleble en la memoria de cuantos le vimos, la fantasmagoría real de todas sus faenas. La ausencia del galardón no afecta al mérito”.

En el quinto de la tarde, segundo de “Manolete”, el famoso diestro cordobés lo toreó primorosamente de capa pegándole al toro cuatro verónicas antológicas. Con la muleta ejecutó variados pases con ambas manos que fueron muy ovacionados. Entró a matar con decisión saliendo lastimado en el encuentro, recibiendo un pequeño varetazo en el estómago, siendo inmediatamente conducido hacia la enfermería de la plaza donde el eminente doctor José “Pepe” Izquierdo le realizó una adecuada cura y tratamiento. Al toro que no pudo matar “Manolete” por el pequeño percance recibido, lo despachó el venezolano Julio Mendoza habilidosamente con la puntilla.

El 12 de mayo de 1946, se volvió a presentar en la Maestranza de Maracay “Manolete” en un mano a mano con el diestro mexicano Carlos Arruza, actuando como sobresaliente el novillero venezolano Oscar Martínez. Llovió mucho ese día, pero los allí presentes pudieron ver enfrentarse a los dos colosos de la torería contemporánea.

“Manolete”, vestía traje de obispo y oro, mientras que su gran amigo el mexicano Carlos Arruza, llevaba puesto un traje tabaco y plata aquella tarde. El crítico taurino Guillermo Austria “Chavalo”, nos describe la actuación de “Manolete” y Arruza, el día de la histórica tarde del mano a mano:
           
“Aquellas verónicas de “Manolete”, aquellos sus naturales sus “manoletinas”, su pase de trinchera, los de pecho, en fin todo lo que en cantidad y calidad nos hizo, ante nuestros ojos aparecían como cosas nunca vistas. Como si fueran de estreno. Nos traían una sensación nueva. Un enervamiento desconocido hasta ahora. El extracto era el mismo pero distinto su perfume. Aquello era el zumo de mil flores del jardín de las delicias, del huerto de las maravillas. Nada lograríamos con intentar reseñarlo. Aquello era indescriptible. Fue inefable. Una oreja en uno y dos orejas en otro, total: tres orejas. Pero en realidad la cosa ha debido ser de esta manera: dos en el primero y en el quinto, las dos, el rabo y una pata, pero el Técnico no supo corresponder con entera justicia. Aquel quinto toro de “Manolete” merecía todos los honores habidos y por haber”.
                       
Aquellos tres escalofriantes faroles de rodillas con que Carlos Arruza saludó al sexto guayabitero de la tarde. Cuando el bizarro y temerario azteca dejó su posición de hinojos, en toda la plaza había un mareante olor a cloroformo. En todas las absortas pupilas la visión del “hule” humedeció los ojos de la tragedia. También como “Manolete” fue víctima de la “pichirrería” del Técnico, y solo se llevó al final de la triunfal jornada, cuatro orejas y un rabito, como si aquellos quinto y sexto toros no tuvieran patas que cortar.

En hombros de una multitud más que entusiasmada, enardecida, salieron por las calles de la ciudad afortunada este par de colosos de la torería, después de haber dado cada uno a mares lo que tienen: el poder y la fuerza”.

Posteriormente, “Manolete” se volvió a presentar, el 19 de mayo de 1946 en un festival taurino a beneficio de la Campaña Nacional de Alfabetización, realizado en el Nuevo Circo de Caracas, con toros de “Guayabita”, alternado con Julio Mendoza, Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” y los hermanos venezolanos, Oscar y Ricardo Martínez. En ese festival se despidió “Manolete” de la afición venezolana y del público de América.


“MANOLETE” Y ARRUZA VISITARON A FLORENCIO GÓMEZ NÚÑEZ

En mayo de 1946, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” y el torero mexicano, Carlos Arruza, durante su estadía en Maracay, visitaron a mi abuelo Florencio Gómez Núñez en su quinta “La Macarena”. Ambos vinieron acompañados de sus apoderados. “Manolete”, en compañía de José Flores “Camará”, muy amigo de mi abuelo, al que conoció desde que se inició en el mundo del toro, primero como torero y después como apoderado y Carlos Arruza con Andrés Gago, quien también contaba con la amistad de mi abuelo, siendo un gran empresario sumamente atento y cordial.

Recordaba mi abuelo Florencio: “Gratamente recibí la visita de “Manolete” y Arruza con sus respectivos apoderados junto con mi señora Elena y mis pequeños hijos, Rosa Elena y Florencio Vicente Gómez Arráiz. Al llegar los toreros y bajar del coche, los saludamos cariñosamente y los invitamos a pasar a la casa que fue diseñada por mi amigo Carlos Raúl Villanueva, considerado como el mejor arquitecto venezolano de todos los tiempos, siendo también el artífice de la Plaza de Toros Maestranza de Maracay que le encomendamos construir y que fue inaugurada, el 20 de enero de 1933.

Ocurrió una anécdota muy curiosa con la visita de “Manolete”, porque nosotros teníamos en la casa, dos perros de raza Boxer, muy fuertes y bravos, a los que la mayoría de las personas que visitaban la casa les tenían mucho cuidado y respeto. “Manolete”, llevaba elegantemente su chaqueta puesta por los hombros y después de ver a los dos perros merodeando bastante cerca de él, muy inquieto, se dirigió a nosotros, diciéndonos:

 “¡A estos perros, yo les tengo mucho más miedo que a los toros!”.

Finalmente, todos nos echamos a reír, después de aquel comentario que “Manolete” manifestó, demostrándonos el pánico que tenía ante los perros. Estuvimos conversando largo rato en un salón de la casa, donde todavía conservo el juego de recibo donde se sentaron “El Monstruo” cordobés y “El Ciclón” mexicano, junto a sus apoderados”.

Durante su estadía en Venezuela, “Manolete” y Arruza, estamparon su firma autógrafa con una bonita dedicatoria a mi abuelo Florencio en su álbum taurino, donde también aparecen las expresiones de amistad y cariño de grandes figuras del toreo que conoció a lo largo de los años, desde la fecha inaugural de la Plaza de Toros de Maracay en 1933.



Rafael Dupouy Gómez, autor del artículo, muestra la entrada del mano a mano en la Maestranza de Maracay entre el Monstruo” cordobés y el Ciclón” mexicano y la firma autógrafa de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” con dedicatoria a Florencio Gómez Núñez que dice: “Al gran aficionado y buen amigo Florencio Gómez con un abrazo, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, Caracas, 12 de mayo de 1946”. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

“Manolete”, fue un torero excepcional, tenía una gran personalidad y prestancia en la plaza. Así lo recordaba con añoranza mi abuelo Florencio Gómez Núñez:

“Mi impresión sobre “Manolete”, es la que nos ha causado a todos los taurinos. Yo lo califiqué siempre como una figura única, fuera de todos los grupos y escuelas taurinas tradicionales. "Manolete" fue un torero magnífico, porque lidiaba de igual manera a todos los toros y a todos los toros les hacía faena. ¡Qué difícil era lograr eso! Ese ha sido, indiscutiblemente, el gran mérito de "Manolete", que no se puso él a tono con los toros, sino que puso a los toros a tono con él. Yo creo que "Manolete" ha sido el torero con más valor de verdad que ha tenido el toreo. Le imprimía, con su carácter serio y sobrio, un sentido de solemnidad a lo que hacía, mostrando una verticalidad y una quietud asombrosa ante la cara de los toros. Era una constante en “Manolete”, la seguridad, verdad y decisión al ejecutar la suerte suprema.

Para mí ha sido un caso excepcional en el toreo. Toda persona o aficionado que recuerde alguna faena de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, no podrá olvidar nunca en su vida a esta gran figura del toreo y lo que significó para la Fiesta Brava”.


A la izquierda: “Manolete” en Maracay, Venezuela, año 1946 (Foto: Pérez). A la derecha: Rafael Dupouy Gómez ante la hermosa estatua de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, titulada “Su último brindis”, obra realizada por el gran escultor madrileño Emilio Laiz Campos. Plaza de Toros Maestranza “César Girón” de Maracay. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

He querido dedicar este recuerdo a “Manolete” en el 80º Aniversario de su debut en Venezuela.


Rafael Dupouy Gómez


sábado, 24 de enero de 2026

EL NUEVO CIRCO DE CARACAS CUMPLE 107 AÑOS

   (Por: Rafael Dupouy Gómez)

El histórico Nuevo Circo de Caracas. (Archivo Hnos. Dupouy Gómez).
El Nuevo Circo de Caracas fue inaugurado, el 26 de enero de 1919, por el General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, quien gozaba de una gran afición taurina iniciada en su Táchira natal. La obra fue encomendada a los arquitectos: Alejandro Chataing y Luis Muñoz Tébar (quien falleció antes de ver terminada la obra). El coso taurino caraqueño fue ideado por el General Eduardo G. Mancera, quien constituyó un Sindicato para su construcción, en los terrenos del antiguo Matadero Municipal de la ciudad.
A la izquierda: El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, gran aficionado taurino, en cuyo Gobierno fue inaugurado el Nuevo Circo de Caracas y otras importantes plazas de toros. A la derecha: El General Eduardo G. Mancera, promotor de la magnífica obra. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

La nueva plaza de toros de Caracas (Venezuela), se denominó “Nuevo Circo”, porque ya existía en la capital, el antiguo “Circo Metropolitano” que fue inaugurado, el 2 de febrero de 1896, por los diestros españoles Hermosilla y Rebujina.

El Gobernador del Distrito Federal, General Juan Crisóstomo Gómez, firmó un contrato en el año 1916 con el General Eduardo G. Mancera (entonces Administrador de la Lotería de Beneficencia del Distrito Federal), mediante el cual este último quedó autorizado para construir un circo de mampostería, hierro y madera, capaz para diez o doce mil personas, y propio para corridas de toros, espectáculos ecuestres y otras variedades. También debía estar provisto de salones para ópera y zarzuela. Alrededor se construirían jardines y parques de recreo.

Posteriormente, se iniciaron los trabajos de demolición del antiguo Matadero Municipal, contando con la presencia de una numerosa concurrencia y más de mil obreros y como una señal de progreso y de trabajo, fue vitoreado el nombre del General Juan Vicente Gómez, Jefe de la Rehabilitación Nacional. (El Nuevo Diario, 14 de marzo de 1916).

En el año 1918, Juan Belmonte, el famoso “Pasmo de Triana”, toreaba en Caracas (Venezuela), actuando en el Circo Metropolitano y se interesó en visitar el Nuevo Circo que se encontraba en construcción, siendo recibido por el General Eduardo G. Mancera (promotor de la obra) y los señores Carlos Delfino, Ernesto Capriles, Eduardo Arturo Eraso, Rafael Sabal, Eloy M. Pérez y otros.

A la izquierda: El connotado arquitecto venezolano Alejandro Chataing, artífice del bello coso caraqueño. A la derecha: El General Juan C. Gómez, Gobernador del Distrito Federal, entusiasta impulsor del proyecto. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).


INFORME DE LA COMISIÓN DE INGENIEROS DEL NUEVO CIRCO

 Caracas, 20 de enero de 1919.

General Juan C. Gómez.
Ciudadano Gobernador del Distrito Federal.
Presente.-
Tenemos el honor de dirigirnos a Ud. para participarle: que el día 14 de este mes a las 3 p.m.; nos reunimos, los suscritos en el edificio denominado “Nuevo Circo de Caracas”, con el fin de practicar su revisión, cumpliendo así la honorífica designación que tuvo usted, a bien hacer en nosotros, según Resolución del Despacho de su digno cargo del día 10 del mes en curso y participación de esa misma fecha.
El “Nuevo Circo” es una obra monumental; honra a quienes concibieron el proyecto y a los ingenieros que han traducido la concepción en, obra ya realizada; embellece a Caracas, metrópoli de la República, con una construcción en la que se han hermanado, la elegancia y la solidez, la comodidad y la higiene.

Pruebas de resistencia del Nuevo Circo de Caracas, con sacos de arena, antes de ser inaugurado, el 26 de enero de 1919. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Cuando se determinó la ejecución de esta obra, la primera dificultad con que tropezaron los constructores, fue el establecimiento de las grandes bases que debían sostenerla, pues es sabido que el subsuelo del valle de Caracas está formado en su mayor parte de capas de aluvión y especialmente el lugar donde está situado el edificio; sin embargo, a pesar del enorme peso de éste (la gradería sola pesa dos mil quinientas toneladas) los niveles corridos desde hace doce meses en las sólidas pilastras que la soportan no han sufrido la más mínima variación, lo que prueba de modo evidente, la acuciosidad y precaución con que se procedió para obtener la perfecta inmovilidad del suelo.
El Circo es capaz para contener hasta doce mil personas que caben holgadas y cómodas; y calculando que cada cinco personas ocupan un área de un metro cuadrado con promedio de peso de trescientos cincuenta kilos, resulta por lo que hemos comprobado en dos sectores de gradas, que cada metro cuadrado aporta sin detrimento, presiones superiores a cuatrocientos kilos.
Las pruebas hechas fueron las siguientes:
 Se cargó un sector de 80 metros cuadrados de superficie con un peso de treinta y dos mil kilos por espacio de treinta horas y no hubo la más ligera modificación en la estabilidad del mismo.
 Se cargaron secciones de la pestaña o consola donde está la baranda con pesos a razón de cuatrocientos kilos por metro cuadrado y dio por resultado: una flecha de un tercio de milímetro, lo que significa que el material es inflexible.
 Se cargaron las dos terceras partes de un sector con doscientos treinta hombres, de un peso medio de diez y seis mil kilos, que luego corrieron sobre el sector y no hubo la más leve trepidación.
 Con perchas verticales, que del suelo iban a ajustarse a la cara inferior de las vigas armadas se comprobó: que éstas no tenían flexión, antes ni después de las presiones que fueron sometidas.
El edificio es todo de cemento armado; acero y cemento nacional del muy bueno que produce nuestra industria, probado por lotes antes de usarlo. La naturaleza del material empleado en la construcción demuestra por sí sola que el edificio está construido a prueba de incendio.
Los constructores tuvieron la paciente labor de determinar en cada caso el coeficiente de resistencia de los materiales separada y conjuntamente, y han traspasado prudencialmente los límites que la previsión y la seguridad admiten, llegando a una resistencia mayor que la apreciada y considerada por nosotros como suficiente; de lo que deducimos: que la solidez de la construcción es perfecta y adecuada para el fin a que se destina.
No sucederá en este Circo lo que observamos con frecuencia en la mayor parte de nuestros coliseos, en que la entrada y la salida son generalmente angustiosas por causa de la multitud que se atropella en puertas insuficientes por su número y por falta de espacio. Aquí sobre todo el edificio tiene doce amplísimas salidas y a las gradas dan acceso seis amplias escaleras construidas todas de acuerdo con las cláusulas del contrato.
Tiene además el Circo una extensión de catorce mil cuatrocientos metros cuadrados, con todas las comodidades para las corridas de toros, y actualmente se construye un escenario para ópera y variedades.
El techo de la parte de las gradas todavía no está colocado, debido a las dificultades originadas por la guerra mundial. La Compañía en resguardo de sus propios intereses lo colocará a la mayor brevedad posible; y de seguro armonizará en elegancia y solidez con el resto de la obra.
Las condiciones higiénicas del edificio están realizadas sin objeción posible, pues está emplazado en un sitio inundado por las brisas permanentes de la ciudad, que renuevan constantemente el aire y evitan con seguridad el peligro del hacinamiento, aún en el caso en que el Circo esté completamente lleno por espacio de muchas horas; y además, nuestro sol, este sol de los trópicos, baña a torrentes con sus rayos la totalidad del edificio; y por otra parte, la naturaleza de su construcción facilita el lavado y desinfección tan frecuentemente como sea necesario.
Y finalmente, la obra produce una grata sensación estética, pues en ella andan unidos con gracia un airoso estilo de sabor árabe con las galas y el genio del Renacimiento y del Modernismo; y en su aspecto interior se observa la majestuosa y severa arquitectura clásica de los tiempos brillantes de la Roma de Augusto.
Las vistas panorámicas desde la azotea son hermosas y deleitan el espíritu con suavidad indefinible; y al contemplar la ciudad desde el gran arco del frontispicio, aparece Caracas tendida sobre los flancos del Ávila produciendo una grata y conmovedora impresión.
Esta es en síntesis la grande obra arquitectónica, que nos ha tocado en suerte examinar, y por la cual felicitamos a la ciudad de Caracas en la persona del señor Gobernador y a los felices promotores y constructores de ella.
Todo lo que nos es grato elevar a su superior conocimiento.
V. M. Rada, M. Centeno Graü, Julio Calcaño Herrera, M. F. Herrera Tovar, Benjamín Pineda, J. A. Zavarse.
(Publicado en el Diario “El Universal”, 26 de enero de 1919).
Anuncio de los matadores de toros contratados por el "Sindicato Unión" para las cuatro corridas de abono de la temporada de 1919, integrado por: Francisco Posada, quien vino enfermo al país, Serafín Vigiola “Torquito” y Alejandro Sáez “Alé”. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
En la corrida de su inauguración, actuaron los diestros españoles, Serafín Vigiola “Torquito” y Alejandro Sáez “Alé”. Con una buena concurrencia de los aficionados, el diestro Serafín Vigiola “Torquito”, logró una gran faena, cortando una oreja al quinto toro, siendo ésta la primera conquistada en el estrenado coso caraqueño. Se lidió ganado criollo de las dehesas del General Juan Vicente Gómez.
Las crónicas taurinas de la época reseñaron con lujo de detalles el gran acontecimiento taurino que significó la inauguración en Caracas de su nueva y cómoda plaza de toros. El Diario “El Universal”, el 26 de enero de 1919, señaló lo siguiente:
“Hoy se inaugurará el Nuevo Circo de Caracas. Los antiguos terrenos del Matadero se han convertido por un milagro de ingeniería en un edificio colosal, destinado para espectáculos, gracias a la cesión que hizo el Municipio y a la tesonera actividad del General Eduardo G. Mancera. Nunca en materia de arquitectura, se había llevado a la práctica un proyecto de tanta magnitud. Aparte la belleza de construcción, el Nuevo Circo tiene, como todas las obras del doctor Alejandro Chataing, una gran solidez, condición indispensable para contener más de doce mil espectadores.
Cartel Inaugural del Nuevo Circo de Caracas, integrado por Serafín Vigiola “Torquito” y Alejandro Sáez “Alé”, lidiando toros de la ganadería del General Juan Vicente Gómez. 26 de enero de 1919. Por la noche se estrenó la grandiosa película de serie “El Conde de Monte Cristo”. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Un dato interesante es que en la obra toda, que es de cemento armado, se ha empleado exclusivamente cemento nacional, con pruebas de resistencia completamente satisfactorias. El costo del Nuevo Circo de Caracas puede ser aproximadamente calculado en Bs. 1.200.000 y en opinión de los técnicos la obra representa ampliamente la inversión de la Compañía.
En la mañana de ayer la Junta Directiva de la Compañía Anónima Nuevo Circo de Caracas hizo entrega de las llaves del edificio al Sindicato Unión y con tal motivo fue realizado un brindis en la mayor cordialidad. El doctor García Chirinos y el señor Capriles hicieron uso de la palabra y el General Mancera contestó en una breve improvisación los elogios tributados, declinando, como de justicia, el mérito del éxito en la causa fundamental de la Paz, que asegura la obra del General Juan Vicente Gómez, la inteligente actuación administrativa del Doctor V. Márquez Bustillos y la eficaz y progresista gobernación del General Juan C. Gómez en el Distrito Federal. A este tributo merecido añadió el orador un saludo a la prensa y un voto cordial de bien para todos los presentes. El acto tuvo así un ambiente simpático y la alegría corrió con el champagne en el bautizo del nuevo edificio”.
(Diario “El Universal” del 26 de enero de 1919).

LA CORRIDA DE LA INAUGURACIÓN DEL NUEVO CIRCO DE CARACAS

Serafín Vigiola “Torquito” y Alejandro Sáez “Alé”, los diestros españoles que inauguraron el Nuevo Circo de Caracas, el 26 de enero de 1919. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez). 

“Con una hermosa tarde en que todo era propicio para el éxito de la fiesta taurina, se inició ayer la temporada de 1919. Desde las primeras horas de la mañana comenzaron a llegar a la ciudad muchos y entusiastas habitantes de los pueblos vecinos; y cuando se inició la romería hacia el estupendo edificio, Caracas agitó sus crótalos delirantes, y las sirenas de los autos, y el trotar de los caballos y la chiquillería bulliciosa, se confundieron en las avenidas que conducen al Circo.
Amplio y soberbio el circo abrió sus puertas, grímpolas de colores engalanaban la altura de su fachada y el viejo sol que tantas veces había caído indolente sobre el barrio en silencio, enjoyó con sus rayos la nueva obra de ornato y de recreo; obra nacida al amparo de la Paz fundada por el General Gómez en la era de la Rehabilitación Nacional.
Satisfechos deben estarlo el General Eduardo G. Mancera y los señores que le secundaron en sus nobles propósitos. Lo que a muchos pareció una quimera, una vana utopía, se miró realizado; el “Nuevo Circo” no fue cosa de sueños; su existencia no fue un mito. Amplio y cómodo, su redondel de palcos fue invadido por atrayentes concurso de damas en donde no faltaron mantillas y claveles y ojos negrísimos, abrasadores y torturantes. En ambos tendidos la concurrencia fue numerosísima. Y cuando tomó asiento el General Carvallo y ordenó tocar el clarín las ocho o diez mil voces que llenaban el Circo poblaron el espacio saludando a la cuadrilla que se lanzó al paseo.
Los diestros Serafín Vigiola “Torquito” y Alejandro Sáez “Alé”, llegando en calesa a la inauguración de la Plaza de Toros Nuevo Circo de Caracas, el 26 de enero de 1919. Foto: Pedro Planas. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Serafín Vigiola “Torquito” de grana y oro; y Alejandro Sáez “Alé”, morado y oro, al frente de sus cuadrillas hacen el despejo montera en mano. El público los recibe con prolongados aplausos. Cambiados los capotes de lujo por los de brega. “Torquito” lancea quieto a su primero, y consintiendo mucho, termina con media verónica muy buena, y oye las palmas.
“Torquito”, quien ya se ganó al público, inicia su faena con uno ayudado; dos barriendo los lomos, uno en redondo, uno más de pecho, superior; la res iguala, y entrando a toda ley, deja una estocada un poquitín ladeada, por lo que tiene que descabellar, y lo hace al primer intento. Muchas palmas y vuelta al ruedo.
El segundo es negro bragao. “Alé” le abre la pañosa; torea por navarras y termina tocando el testuz. Palmas. El toro está reservón y no quiere pelea, por lo que el matador está deficiente. Inicia su faena con uno de trinchera, luego otro ayudado, uno de molinete y logra igualarlo. Entra y deja un pinchazo sin soltar. Más ración de franela y el toro se va a las tablas. “Alé” entra despacio y agarra una alta que tumba. Palmas.
El tercero, es devuelto al corral. El sustituto resultó burriciego, por lo que “Torquito” se quedó con el percal inédito. Armado de muleta y espada, echa a fuera a toda la gente y solo y tranquilo en los medios, hace una faena consciente de torero que sabe lo que tiene por delante, que por cierto, no es una pera en almíbar. Aquí se reveló el gran torero que es “Torquito”. Lo toreó con la izquierda, logró igualarlo, y lo tumbó con una hasta los gavilanes. El público aplaude, y “Torquito” da la vuelta al ruedo.
Al cuarto, negro lucero, “Alé” le abre el percal sin muchas ganas, pues nos informan que el chico está un tanto quebrantado (¿Recordará la Giralda?). “Alé”, da muletazos a diestra y siniestra, acompañados de toda la torería. Al fin iguala el toro y entra el diestro para dejar una estocada trasera que mata sin puntilla. Palmas, y división de opiniones.
El quinto es devuelto al corral; pero el sustituto no podía faltar al manoseado adagio de público y cronistas, de que no hay quinto malo. Y he aquí, señores, al maestro “Torquito”, en un palmo de terreno torea quieto, erguido, templando y mandando como el mejor; elevando los pies nos obsequia con cuatro o seis verónicas colosales. El público, de pie aclama al bilbaíno, quien se siente satisfecho del soberano. El matador se prepara para hacer una de las más brillantes faenas: se inicia con un pase con ambas rodillas en tierra, sigue toreando de rodillas, aguantando las tarascadas del morlaco. Suena la música, caen los sombreros a los pies del matador. El toro se recrece, “Torquito” sigue dando pases naturales, de pecho, otro más barriéndole los lomos, agarra el pitón, y pasa la fiera envuelta en la muleta. Señores, esto es el delirio. El toro iguala y el matador entra con la mar de riñones, sepultando el estoque en todo lo alto, saliendo suspendido y el animal cae muerto. La ovación es mayúscula. Petición de oreja que el técnico concede. Sale “Torquito” a los medios de la plaza y se retira luego a la enfermería donde se le apreció, según parte facultativo, una herida leve en la cara posterior del codo izquierdo. Así terminó la faena del quinto. Cuando salió el sexto, aún duraba la ovación. “Alé” en éste estuvo como en los anteriores. No tuvo suerte.
Resumen: Palmas a la Empresa por los esfuerzos realizados. “Torquito”, colosal. “Alé”, regular. “Bombita” y “Niño de Rubio”, sobresalientes en banderillas”.
Vara Corta.
(Diario “El Universal”, 27 de enero de 1919).

LA GRAN AFICIÓN TAURINA CARAQUEÑA

Curiosa fotografía, de izquierda a derecha, aparecen: Los matadores de toros José Carralafuente, Manuel Mejías Rapela Bienvenida y Bernardo Muñoz Carnicerito de Málaga en el Nuevo Circo de Caracas, Venezuela, acompañados por los pequeños hijos del Papa Negro, de pantalones cortos: Rafael, Pepe y Manolito Bienvenida. Año 1920. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

En Caracas era tal la afición taurina, que un día se programaron tres corridas de toros en veinticuatro horas. El sábado 8 de marzo de 1919, a las cuatro de la tarde se celebró una corrida en el Circo Metropolitano de Caracas con la participación de los diestros Julián Sáinz “Saleri II” y Gabriel Hernández “Posadero” en corrida homenaje al General Juan Vicente Gómez con reses criollas de Mariara. El mismo sábado por la noche en el Nuevo Circo de Caracas torearon Domingo González Dominguín y Francisco Martín Vázquez, y el domingo por la tarde lidió en solitario cuatro toros de la ganadería del General Juan Vicente Gómez el diestro Saleri II, que ejecutó faenas de gran calidad y variedad siendo fuertemente ovacionado.

Inauguración de Temporada Taurina 1928-1929 en el Nuevo Circo de Caracas (Venezuela). Cuadrilla antes de hacer el paseo: 1. José García “Algabeño”, 2. José Iglesias, 3. Fidel Rosales, 4. Francisco Torres “Pintao”, 5. Manuel Martínez “Viruta”, 6. Eduardo Pérez “Bogotá”, 7. Mariano Moya “Moyita” y 8. Manuel Díaz Domínguez, el novillero de civil. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Para la temporada 1927-1928, el Nuevo Circo de Caracas, fue reformado en su estructura como señala la siguiente crónica publicada en la Revista Billiken: “El Nuevo Circo, el monumental edificio sede de la Tauromaquia metropolitana, ha sido reformado para la temporada que se avecina: el anillo ha sido disminuido, se le ha construido una nueva localidad delantera de los palcos, con las cuales reformas se ha logrado que los espectadores de los tendidos vean, cómodamente sentados, la lidia en todos los tercios del redondel, cosa difícil de alcanzar antes. Y a nosotros, los de la Prensa, se nos ha construido un palco adecuado, cómodo, suficiente y capaz para poder ver y mirar, sin apretujamientos y sin asesores ad-honorem, como antes sucedía”. (Revista “Billiken”. Año 1927).

Hermosa fotografía de la Plaza de La Paz, frente al Nuevo Circo de Caracas, construida por disposición del General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, inaugurada el 19 de diciembre de 1933, constituyendo una obra ornamental en conmemoración del XXV aniversario de la Rehabilitación Nacional. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

En el Nuevo Circo caraqueño deberían volver a celebrarse las corridas de toros y otros espectáculos que sirvan para el entretenimiento, el arte y la cultura de nuestra ciudad capital.

Arriba: El Nuevo Circo de Caracas, en una entrañable gráfica de antaño, luciendo su máximo esplendor durante el Gobierno del General Juan Vicente Gómez. Abajo: Rafael Dupouy Gómez, autor del artículo, presente en el histórico coso taurino en el año 1995, cuando todavía los aficionados podían disfrutar las corridas de toros en libertad, sin amenazas y prohibiciones. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Vista de nuestro histórico Nuevo Circo de Caracas en la actualidad, el 24 de enero de 2026, resguardado por una reja que antaño nunca tuvo, luciendo triste, sin el gran ambiente que generaban las corridas de toros y su maravilloso público que contribuía enormemente en fomentar el turismo, impulsando la economía de su ciudad capital. (Foto: Gonzalo Díaz Palacio).
El 13 de noviembre de 1998, el Nuevo Circo de Caracas, fue declarado “Bien de Interés Cultural” por el Instituto de Patrimonio Cultural. Sobre su ruedo desfilaron las más grandes figuras del toreo nacional e internacional. Es lamentable, que mientras la creciente afición taurina en el interior de Venezuela llena las plazas de toros con gran entusiasmo del público durante sus ferias, la entrañable plaza de toros caraqueña, de tanta tradición taurina, donde rivalizaron muchas veces los diestros venezolanos Eleazar Sananes “Rubito” y Julio Mendoza, donde triunfaron el “Diamante Negro” y César Girón, permanezca desde 1997, esperando una mano amiga que la rehabilite y haga el milagro de volver a presentar en su coso, espectáculos taurinos, deportivos y musicales como bien se merece esta digna obra, símbolo indiscutible de la caraqueñidad.
Rafael Dupouy Gómez

domingo, 21 de julio de 2024

PEPE CABELLO: 10° ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO

  (Por: Rafael Dupouy Gómez)

El gran cronista taurino Dr. Pepe Cabello en dos gráficas con la máxima figura del toreo venezolano César Girón. La primera, de la izquierda, corresponde al 17 de mayo de 1952 en Barcelona, España, el día que César Girón se presentó como novillero, usando un viejo traje de luces que perteneció al diestro mexicano Carlos Arruza. (Foto: Mateo). La segunda, de la derecha, fue tomada en Valencia, España, (Foto: Cerdá). 

Se cumple un nuevo aniversario de la triste desaparición física de mi siempre recordado gran amigo, el Dr. José Antonio Cabello Arizaleta, mejor conocido como "Pepe" Cabello. Entregó su alma a Dios, el 21 de julio de 2014, a la edad de 85 años en su residencia caraqueña, quien fuera para ese entonces, el decano de los cronistas taurinos de Venezuela. 

Sus interesantes, amenas y bien documentadas crónicas siempre gozaron de mi predilección, porque aportaban conocimientos importantes sobre el mundo del toro. Inolvidables fueron sus reseñas sobre las anécdotas e historias de los grandes maestros de la tauromaquia. El Dr. Pepe Cabello, se destacó como un cronista taurino de excepción y de permanente consulta. Sin duda alguna, por su larga trayectoria, fue el crítico taurino más entendido, distinguido y calificado de Venezuela.

Nació, el 20 de diciembre de 1928, en Caracas (Venezuela). Su afición taurina le vino desde muy niño por ser vecino de la histórica plaza de toros de la capital, el "Nuevo Circo" de gratos e inolvidables recuerdos para los venezolanos. Su casa estaba situada, detrás del tendido de sol y su madre, doña Helena Arizaleta de Cabello era muy aficionada. Su padre, don Antonio Cabello, era dueño de un botiquín en la esquina de San Francisco y también tenía una línea de taxis, de las primeras que existían en Caracas. Muchas veces, le tocó llevar a los toreros hasta el coso del Nuevo Circo. De su familia, Pepe fue el último que se aficionó a las corridas de toros. Además de su gran pasión por la Fiesta Brava, también fue un fiel seguidor del Fútbol y el Boxeo. Se desempeñó como Abogado de la República y cronista taurino.

El distinguido cronista taurino venezolano Dr. Pepe Cabello, en compañía de Victoriano Valencia en la Monumental de Las Ventas de Madrid.

Escribió su primera crónica taurina después de presenciar, en enero de 1946, a los "Chicos de Querétaro" y el debut del diestro mexicano Pepe Luis Vázquez, homónimo del "Sócrates de San Bernardo", en el Nuevo Circo de Caracas. "Los Chicos de Querétaro", era una cuadrilla infantil mexicana, integrada por niños entre diez y doce años de edad que lidiaban becerros de pura casta. Como dato curioso, en una de sus presentaciones, se lanzó como espontáneo César Girón con doce años, demostrando al público asistente que él podía hacer eso mucho mejor que los niños aztecas.

Posteriormente, el Dr. Pepe Cabello, escribió en el diario caraqueño "El Gráfico" la primera crónica dedicada a César Girón cuando debutó como becerrista con traje corto, el 24 de julio de 1948, en la Maestranza de Maracay. Tituló su crónica "Nuevo Sol de Aragua", refiriéndose a la gran actuación de la joven promesa del toreo venezolano, para concluir: "¡César Girón, otra figura en miniatura que se inicia a grandes pasos...!".

Por cierto, correspondió al Dr. Pepe Cabello, registrar el documento del poder otorgado a Fernando Gago para que manejara la carrera taurina de César Girón en España. En la época del renacer de nuevas figuras del toreo venezolano con los triunfos de Luis Sánchez Olivares "Diamante Negro" y Alí Gómez el "León de Camoruco", dedicó a éstos toreros criollos su interesante folleto "Historia de dos ídolos", que fue muy leído por los aficionados taurinos venezolanos. Escribió sus crónicas taurinas en la popular revista "Venezuela Deportiva" que, posteriormente, cambió su nombre por el de "Venezuela Gráfica".

Fue el primero en aparecer en las cámaras de televisión cuando se inauguró la "Televisora Nacional" en Venezuela, presentando el programa "Arte y Ciencia de la Tauromaquia", donde consiguió interesantes entrevistas a los toreros nacionales y extranjeros que visitaban nuestro país. A partir de 1951, escribió desde España sus "Crónicas Viajeras" con mucho éxito y la aceptación de los aficionados.

El Dr. Pepe Cabello en la "Televisora Nacional" de Venezuela, presentando su magnífico programa "Arte y Ciencia de la Tauromaquia". Aparecen, de izquierda a derecha, los diestros: César Faraco, el mexicano Alfredo Leal y Curro Girón.

Posteriormente, pasó a escribir las crónicas taurinas del diario "El Nacional", sustituyendo al gran cronista venezolano, don Oswaldo Pérez Esteves, quien había sido nombrado Cónsul de Venezuela en Vigo (España). Su primera columna en el diario "El Nacional" se llamó "Toritos".

Sus magníficas crónicas taurinas fueron publicadas en los periódicos de circulación en todo el territorio nacional como "El Nacional", "El Universal", "El Globo" y a nivel regional en el diario "La Verdad" (Edo. Zulia). Trabajó durante 18 años en el diario "El Nacional" y 30 años en el diario "El Universal". Implantó récord en un mes siendo publicadas sus crónicas taurinas todos los días. Remataba siempre sus reseñas con su popular des-Cabello.

Caricatura del Dr. Pepe Cabello, realizada por Rafael Dupouy Gómez, autor del artículo, obsequiada al cronista en diciembre del año 1995. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Viajó a Madrid (España) en 1957, siendo designado por la Unión de Matadores de Venezuela para representarla jurídicamente ante las autoridades sindicales españolas. Se trató de llegar a la firma de un Convenio Taurino entre el Grupo Taurino del Sindicato Nacional español del Espectáculo y la citada Unión venezolana con el objeto de garantizar las actuaciones de los toreros venezolanos en los ruedos españoles. El Dr. Pepe Cabello, logró que los novilleros venezolanos pudieran participar, al menos, en 10 novilladas sin picadores. En cuanto a los matadores de toros, se aprobó la condición, que si toreaban dos venezolanos juntos, tendrían que compartir el cartel con dos toreros españoles, lidiándose 8 toros. El Convenio también permitió, que torearan juntos, tres diestros de distintas nacionalidades. Su gestión fue complicada pero logró conseguir el máximo beneficio en el Convenio para los toreros compatriotas, especialmente, para los novilleros.

Igualmente, actuó en defensa de los diestros venezolanos, César, Rafael y Curro Girón, a quienes se trató de sancionar en España, porque para los toreros españoles, los hermanos Girón representaban una competencia peligrosa, al copar los carteles en varias ocasiones. El Dr. Pepe Cabello, consiguió dejar en suspenso las sanciones anunciadas y que la pena fuera eliminada, ya que estaba prohibido que diestros americanos se presentaran en una corrida, sin la participación de españoles.

El siempre recordado cronista taurino venezolano Dr. Pepe Cabello, en compañía de Manuel Benítez "El Cordobés" en Venezuela, el 17 de noviembre de 1963.

El Dr. Pepe Cabello, conservó con orgullo la entrada como el primer espectador que entró en la nueva plaza de toros de Vista Alegre (Bilbao), el día de su inauguración, el 19 de junio de 1962, ya que la antigua plaza de toros de 1882, sufrió un pavoroso incendio que la destruyó por completo. Los diestros que participaron en esa histórica tarde fueron: Antonio Ordóñez, el venezolano César Girón y Rafael Chacarte, quienes cedieron la mitad de sus honorarios.

El cronista taurino Dr. Pepe Cabello, por primera vez en la historia de la radio y televisión venezolana, consiguió transmitir en directo desde España, el año 1970, la alternativa del novillero venezolano Jesús Narváez. Siéndole concedido por dicha transmisión, el importante galardón "Premio Ondas", como el locutor internacional más destacado del año en Venezuela.

Dos curiosas gráficas del cronista taurino venezolano en los toros. A la izquierda: En la Maestranza de Sevilla, aparece el Dr. Pepe Cabello detrás de "La Faraona" Lola Flores y Antonio González "El Pescaílla" en 1967. (Foto: Cano). A la derecha: El Dr. Pepe Cabello con el genial pintor surrealista Salvador Dalí.    

Siempre se distinguió por su laboriosidad investigativa, consiguiendo interesantísimas entrevistas con las más importantes figuras del toreo, acompañándoles en su quehacer diario, por las carreteras de pueblo en pueblo, registrando con acuciosidad sus actuaciones en las plazas de toros, compartiendo amenas y entrañables tertulias que enriquecieron sus bien documentadas crónicas. 

Portadas de los libros taurinos escritos por el Dr. Pepe Cabello, "Toreros Fuera del Ruedo" y "Redondel de Ilusiones", publicados en 1972. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Publicó dos interesantes libros sobre la Fiesta Brava como lo fueron: "Redondel de Ilusiones" (1972), donde realizó un importante recuento de las temporadas novilleriles celebradas en el Nuevo Circo de Caracas, destacando a las prometedoras figuras nacionales del momento. Esa obra se la dedicó a sus padres, doña Helena Arizaleta de Cabello y don Antonio Cabello. 

El mismo año de 1972, publicó su segundo libro: "Toreros Fuera del Ruedo", excelente obra en donde el cronista taurino venezolano, logró amenas e interesantes entrevistas a destacadas figuras del toreo como fueron: Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete", Rafael Gómez "El Gallo", Cayetano Ordóñez "Niño de la Palma", Juan Belmonte, Manuel Jiménez "Chicuelo", Domingo Ortega, Antonio Ordóñez, Paco Camino, Santiago Martín "El Viti", Manuel Benítez "El Cordobés", Palomo Linares y los venezolanos, Eleazar Sananes "Rubito", Julio Mendoza Palma, César Girón y Héctor Álvarez.

Con motivo de la celebración del 40° Aniversario de la Maestranza de Maracay, el Dr. Pepe Cabello, le hizo a mi abuelo Florencio Gómez Núñez, un hermoso reportaje dedicándole una página completa, incluyendo una amena entrevista con interesantes fotografías en el Diario "El Universal", siendo publicada, el 17 de enero de 1973.

Acto del 40° Aniversario de la Maestranza de Maracay, celebrado el 20 de enero de 1973. De izquierda a derecha: El Dr. Pepe Cabello, orador de orden, su esposa Neida Villarroel de Cabello y don Florencio Gómez Núñez. Salón de Sesiones del Concejo Municipal del Distrito Girardot, Estado Aragua. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El Dr. Pepe Cabello, fue distinguido como orador de orden en el acto organizado por la Gobernación del Estado Aragua con motivo de la celebración del 40° Aniversario de la Maestranza de Maracay, el 20 de enero de 1973. Se realizó un acto solemne celebrado en el Salón de Sesiones del Concejo Municipal del Distrito Girardot (Edo. Aragua), asistiendo una gran concurrencia de aficionados taurinos. En esa importante ceremonia, pronunció un magnífico discurso sobre la historia del coso de Calicanto. En un extracto de sus emotivas palabras, señaló:

"Gualda y roja la divisa. Por coincidencia, estaba allí la bandera española sobre la sangrante carne del burel. Un número "19" el hierro de La Providencia, de los hermanos Gómez Núñez.

¡Aquí está la plaza! Lo diría el General Juan Vicente Gómez al quedar rematada y frisada la obra. Sería la ofrenda de Juan Vicente y Florencio, de Florencio o Juan Vicente, no puede haber orden de antigüedad en esa pareja torera, cuando abrieron sus puertas al entrar de gentes y al desfilar de matadores. Pusieron la plaza, pusieron sus toros y pusieron también su corazón".

(Pepe Cabello, 20 de enero de 1973).

En la Revista "Estampas" del diario "El Universal", publicó sus célebres "Mano a Mano", incluyendo entrevistas y curiosas anécdotas taurinas sobre importantes personalidades del mundo del toro.

En 1990, tuvo la gentileza de ayudarme en mi trabajo de Tesis de Grado titulado "La Fiesta Brava en Venezuela como atractivo turístico", aportándome datos interesantes que fueron de gran utilidad.

El cronista taurino venezolano Pepe Cabello y su inseparable esposa Neida Villarroel de Cabello, disfrutando una tarde de toros en la Monumental de Las Ventas de Madrid. (Foto: Cuevas).

En 1996 y 1997, publicó sus interesantes crónicas tituladas "Tribuna Taurina" en la revista "Tribuna Venezolana".

En el año 2000, el Dr. Pepe Cabello fue el orador de orden en la presentación del libro "La Lidia y el Toreo", escrito por Antonio Petit Caro, editado en Venezuela por la Fundación BBVA Provincial.

Siendo un gran amigo de los integrantes de la familia Bienvenida, participó en el documental realizado por nosotros, los Hnos. Dupouy Gómez, "Los Bienvenida en Venezuela. Huella indeleble en el corazón de una dinastía", presentado, el 11 de mayo de 2011, en la plaza de toros Monumental de Las Ventas de Madrid con motivo del I Encuentro Iberoamericano del Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida.

Por tal motivo, el 16 de abril de 2011, antes de partir para España, nos escribió con cariño, lo siguiente: 

"Sinceramente les deseo toda la suerte. ¡Suerte, vista y al toro!, durante los actos que tienen programados en la Monumental de Las Ventas de Madrid, donde será proyectada la película que con tanto arte y lujo de detalles realizaron para el recuerdo y la historia los hermanos Dupouy Gómez. Flameo mi pañuelo para pedir y otorgarles a todos los máximos trofeos". 

(Pepe Cabello, 16 de abril de 2011).

En el año 2011, fue entrevistado en dos programas taurinos de "Tendido Cero", transmitidos por la Televisión Española (TVE), explicando la grave situación del Nuevo Circo de Caracas, debido a la ausencia de la celebración de corridas de toros desde 1997. El Dr. Pepe Cabello, hasta los últimos días de vida, se mantuvo muy interesado y bien informado del acontecer taurino nacional e internacional. 

El Dr. Pepe Cabello en compañía de Rafael Dupouy Gómez en el Cortijo Santa Marta, ubicado en Cúa, Estado Miranda, Venezuela. Año 1995. (Archivo: Hnos Dupouy Gómez).

A su muy querida e inseparable viuda, Neida Villarroel de Cabello, a sus familiares y amigos, vaya mi especial recuerdo en este artículo dedicado al gran amigo a quien tanto extraño y tengo siempre presente.

¡Capotazos de afecto y que Dios lo tenga en su Gloria!

Rafael Dupouy Gómez