domingo, 15 de mayo de 2022

ELEAZAR SANANES "RUBITO": CENTENARIO DE SU ALTERNATIVA EN MADRID

  (Por: Rafael Dupouy Gómez)

Eleazar Sananes "Rubito" el día de su alternativa en Madrid, el 17 de mayo de 1922, alternando con Juan Anlló "Nacional II", Marcial Lalanda y Julián Sáiz "Saleri II". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

"Dedico este artículo como un homenaje a la memoria de Eleazar Sananes "Rubito", el primer torero venezolano que recibió la alternativa en España, y a mi querido abuelo Florencio Gómez Núñez, su compadre, gran admirador y entrañable amigo. Que Dios los tenga en su Gloria".

Rafael Dupouy Gómez.

El 17 de mayo de 2022, se cumple una importante fecha para la historia del toreo venezolano, el centenario de la alternativa en Madrid, España, del ídolo nacional Eleazar Sananes "Rubito". 

Eleazar Sananes Echeverría "Rubito", nació en Caracas el 5 de enero de 1900, rubio y de contextura, delgada, fue un torero corto en el conjunto de sus suertes, pero emocionante por su gran valor y artista por temperamento e inspiración. 

Sus comienzos fueron difíciles como participante en espectáculos de toreo bufo, imitando de pueblo en pueblo a Charles Chaplin. Practicó su aprendizaje taurino con sus compañeros de andanzas y desventuras "Bolivita", "Canelo", "Manene" y el viejo "Chispa". Luego probó suerte dedicándose al toreo serio viajando a Colombia y Perú, donde cosechó muchos éxitos, especialmente en Lima, en el histórico coso de Acho. 

El crítico taurino Rafael Durán Rondón "Curro Puya" de la revista "Élite", expresaba el furor y la idolatría que despertaba en aquella época Eleazar Sananes "Rubito": 

"El año 1920 marcó una era de evolución en el toreo nacional. Rumores que llegaban de tierras de los Incas señalaban la aparición de un muchacho venezolano, rubio por añadidura, y que les hacía a los toros "cosas de torero grande". La vieja plaza de Acho se conmovió en sus cimientos ante las hazañas del diestro que todas las tardes de corrida se ganaba una salida en hombros. Y los toros de Asín y El Olivar, bien toreados y superiormente matados, fueron cimentando el prestigio del muchacho rubio. La leyenda empezó a tejer sus hilos invisibles y el romance, la copla de ciegos, saltó espontánea invadiendo las calles, yendo de boca en boca: 

"Cuando "Rubito" salió de Lima, toda la prensa lo publicó, y en la estación de La Guaira, Capriles Power lo contrató". 

De izquierda a derecha: Un aficionado amigo, en el centro, Eleazar Sananes "Rubito" en compañía de su apoderado en España, don Antonio Gallardo, presenciando una novillada en Madrid. Año 1922. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Extracto de una interesante entrevista de "Corinto y Oro" al venezolano Eleazar Sananes "Rubito", publicada en el diario "La Voz" de Madrid, España, el año 1922, titulada "Eleazar Sananes: El Belmonte de Venezuela":

"Si el crítico taurino ha de tener fe en las referencias de los toreros españoles que regresaron de aquella joven república y en los millares de letras de molde que ha recibido de allá, en Caracas ha brotado un torero extraordinario, que lleva el "presidencial" nombre de Eleazar Sananes.

Ya en los sucesivos cablegramas y crónicas que a nosotros llegaron durante el curso de la temporada se ponía a este torero por las nubes: que si "emoción grande", que si "estilo maravilloso", que si "volapiés clásicos", que si "surgió un Belmonte en Venezuela…" ¡Un huracán taurómaco!

Y Sananes, borracho de triunfos, sordo de ovaciones y con documentación de torero cumbre, decide venir a España para que le juzgue la cátedra suprema. Y a las veinticuatro horas de desembarcar, en la primera corrida del año en Madrid, un espada le brinda su primer toro, y a las cuarenta y ocho horas caen sobre Sananes dos decenas de empresarios ofreciéndole contratos y dinero y porfiándose todos su debut en ésta, en aquélla y en la otra región, seguros de que se han de abarrotar sus plazas, porque el venezolano se trae mucho ruido.

¿Qué pasa en Caracas?

En las tertulias taurinas hay un runrún incesante desde que Eleazar Sananes llegó a los Madriles. Y el ruido llega al graderío de la catedral del toreo, y grupos enteros de aficionados le ponen a uno la cabeza como un bombo a costa del presunto Belmonte de Caracas.

¿Es verdad que torea tan colosalmente? ¿Es verdad que les hace a los toros atrocidades? ¿Es verdad lo que dicen los toreros españoles que torearon allá con él? ¿Es verdad…?

La expectación sigue su curso veloz. Ayer, al entrar en la redacción, me entregaron un paquete de periódicos de la capital de Venezuela. Entre los periódicos venía una carta que me dirigen críticos y aficionados de allende los mares presentándome a "su" torero como un prodigio del arte taurino y como un hombre henchido de ilusión por la madre España. Y los periódicos caraqueños "El Universal", "El Eco", "La Bisoña" y "Caracas Taurina", diarios y profesionales, pintan la emoción de una muchedumbre que invade los alrededores de la casa del ídolo (una casa dicen del más puro estilo español), ansiosa de darle el adiós al emprender su primer viaje a la tierra de Cervantes, de Murillo, del Cid y de Frascuelo, embriagada de un sentimentalismo conmovedor por la marcha del héroe.

Según mis noticias, Eleazar Sananes debuta el próximo domingo en la plaza grande; según mis noticias ha declinado el honor de aceptar contratos con las empresas de otras plazas, porque quiere rendir pleitesía de sumisión en primer lugar al público y a la Prensa madrileños, de los que quiere obtener el primer informe; según mis noticias, en los campos andaluces, a los que fue invitado galantemente por varios ganaderos, ha ofrecido unos ensayos generales con éxito brillante, y, según mis noticias, Eleazar Sananes viene dispuesto a refrendar en España rápidamente el doctorado que trae de su bello país.

Cuando me disponía a firmar estas cuartillas en la mesa del café, donde fueron trazadas al vuelo, Antonio Gallardo, ese aficionado de diecinueve quilates que representó al figurón de la torería que se llama Vicente Pastor, penetró en el establecimiento y dirigióse a mí en compañía de un mozo marchoso y rubio. Este mozo era Eleazar Sananes.

¿Es cierto lo que dicen de usted los toreros españoles regresados de Caracas?

Es que son muy buenos para mí.

¿Cuánto tiempo lleva usted como torero profesional?

Poco más de dos años.

¿Y cómo no ha venido usted antes a España?

Le diré, señor. Al finalizar el invierno de la primera temporada en que yo toreé en mi país, como la suerte me fue del todo favorable, mi ilusión por torear en Madrid era grandísima; pero en mi casa ocurrió una desgracia irreparable y se malograron mis ardientes deseos. Teníamos un comercio en Caracas que nos permitía vivir decorosamente; pero mi pobre padre murió en aquella fecha, y yo no podía dejar solos a mi madre y a mis hermanos, todos menores que yo, que necesitaban de mi consuelo y de mi ayuda material. Resolví, pues, seguir toreando allá y retrasar mi viaje a la madre patria. Con eso atenuaría algo la pena de mi gente, y cuando viniera a España estaría más "hecho".

Bien pensado ¿Y sabe usted la diferencia que existe entre los toros de su tierra y los de aquí?

Sí, señor; lo sé porque he tenido algunas ocasiones de probarlo. El toro español es mucho más fuerte, más nervioso, de mucha más codicia que el de todas partes. Pero yo tengo la satisfacción de decirle que mi mayor triunfo lo conseguí con un toro español.

Eso es ya tener mucho terreno ganado. Otra cosa: ¿Cuántas corridas piensa usted torear como novillero?

Pocas si tengo suerte, especialmente en Madrid. De ser posible, de agradar sinceramente mi trabajo a este público tan inteligente, acaso una sola. ¿Hago mal, señor?  

¿Cuál es su fuerte, torear o matar?

Yo procuro justificarme de las dos maneras, y algunas veces lo he conseguido.

¿Tiene usted muchas corridas firmadas?

Por distintas empresas he tenido la suerte de ser solicitado; pero no quiero hacer nada en firme hasta ver mi resultado en Madrid".

GRAN DEBUT EN MADRID

Eleazar Sananes "Rubito", debutó en Madrid como novillero, el 6 de abril de 1922, alternando en un mano a mano con Fausto Barajas. Se lidiaron seis novillos de Don Rafael Surga Molina y A. García. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Una nota publicada en el Diario "El Liberal" de España, el 22 de marzo de 1922, señaló que Eleazar Sananes "Rubito", estuvo ejercitándose en las dehesas de Domecq, Gallardo y Castrillón. Remataba su autor diciendo: "Algo tendrá el diestro venezolano cuando la empresa de Sevilla, que le ha visto en esas pruebas, le ha contratado para dos festejos. ¡Vamos a ver si es verdad!".

Su debut en Madrid como novillero, fue el 6 de abril de 1922 con seis novillos (de desecho de tienta y defectuosos) de Don Rafael Surga Molina y A. García, alternando en un mano a mano con Fausto Barajas. Su primer novillo se llamó "Morito".

Así reseñó su impactante debut en Madrid, el reconocido Semanario Taurino "Sol y Sombra": 

"Eleazar Sananes, joven venezolano que el día 6 del corriente mes de abril debutó en Madrid, y que tan excelente impresión causó al público. 

Este artista, al realizar su sueño dorado de actuar ante el público de España, no buscó el alivio de las corridas de provincias, si no que, seguro de su triunfo, se presentó en Madrid en día laborable y luchando mano a mano con Fausto Barajas, un novillero de los de más cartel, y por si esto no fuese bastante aún, encerrándose con una corrida de toros de peso y de empuje. 

Durante el transcurso de la corrida pudimos advertir en él detalles de artista suficientemente enterado de los secretos del toreo, y si a esto se une que además de ser artista es muy valiente, no será aventurado predecir que Sananes será una figura de extraordinario relieve, según queda expuesto. 

Y esto lo realizó con los tres toros que le correspondieron, y en la primera corrida que toreó en España. Caracas no nos ha enviado en Eleazar Sananes una esperanza, por el contrario, entendemos que es una realidad, es un maestro en su arte. 

Por lo pronto los madrileños salimos de la plaza en la tarde del día 6 del corriente convencidos de que en Eleazar Sananes hay un artista, y de los buenos. 

Eleazar Sananes, al que debemos gratitud los aficionados de Madrid por habernos reservado las primicias de su arte exquisito". 

El diestro venezolano Eleazar Sananes "Rubito" en un pase de pecho, durante su segunda actuación en Madrid, el 2 de mayo de 1922. Foto: Rodero. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Luego, Eleazar Sananes "Rubito" continuó toreando exitosamente en las plazas de toros del Puerto de Santa María, Bilbao y Madrid en su segunda presentación como novillero, el día 2 de mayo de 1922 con novillos del Duque de Tovar, alternando nuevamente con Fausto Barajas y Nicanor Villalta. Esa novillada marcó un triunfo importante para el venezolano "Rubito", saliendo a hombros por la Puerta Grande en compañía del diestro aragonés Nicanor Villalta ante 13.350 espectadores. ¡Fue una tarde memorable! 

En el Diario ABC, el cronista taurino Eduardo Palacio señaló en su crónica "Un gran torero y otro con mucha vergüenza", publicada el 3 de mayo de 1922,  sobre Eleazar Sananes "Rubito", lo siguiente:

"La segunda presentación en Madrid del diestro venezolano Eleazar Sananes, ha demostrado plenamente que es un torero y que posee un valor capaz de resistir todas las pruebas imaginables. Lanceó adornado a su primer toro y remató el primer quite con un farol digno de la ovación que escuchó. Tomó las banderillas y, al cambio, dejó primero un palo, y luego un par, pero sin aguantar lo debido ninguna vez. Con la muleta hizo una faena valiente en los medios, y con el capote señaló dos buenos pinchazos y dejó una estocada delantera; no cuadraba al toro, pasó el tiempo, sonó un aviso y el venezolano se arrancó muy bien y clavó todo el estoque en lo alto. Se ovacionó al diestro, que salió a los medios, montera en mano, y se silbó al toro con inexplicable injusticia.

En una caída al descubierto, en el segundo de Barajas, hizo Sananes un quite pletórico de valor y oportunidad, que libró al piquero de una cornada y valió al diestro una gran ovación. Al sexto toro, un buey que llevó fuego, lo toreó Sananes en dos tiempos, echándose en el último el capote a la espalda, y siendo cogido y volteado brutalmente. Se levantó arrojando sangre por la boca y volvió al toro, negándose a pasar a la enfermería. Un banderillero, Félix Reina, quemó al bicho con tres pares sencillamente formidables, cada uno de los cuales levantó una ovación. El de Caracas, que se había lavado mientras tanto las heridas de la frente y boca, tomó los avíos y brindó a todo el público desde el centro del anillo. Se fue al buey, y éste, al salir el primer pase, le dio un pitonazo en la mejilla derecha; volvieron los toreros a querer llevarle a la enfermería y volvió a negarse a ello el espada, a quien el público aplaudía su pundonor muy justamente, pues sólo con mucha vergüenza torera se puede permanecer herido ante un buey, y más cuando se tiene la certeza de que no ha de borrarse el éxito del otro espada. Tomó Sananes a pasar de muleta, y al quinto pase sufrió un fuerte varetazo, largando seguidamente menos de media estocada. Finalmente, con la cara ensangrentada, entró con guapeza en terrenos de chiqueros, dándole todas las ventajas el venezolano al bicho y sepultó todo el acero en lo alto. El valor del venezolano se premió con una clamorosa ovación, se llenó el ruedo de capitalistas que tomaron a Villalta y Sananes en hombros, y entre grandes aplausos los sacaron por la puerta de Madrid. Un momento antes se juntaron ambos grupos y los diestros se estrecharon cordialmente las manos. En pleno triunfo, sellaron una amistad y cambiaron una felicitación sincera".     

ALTERNATIVA EN MADRID EN CORRIDA DE BENEFICENCIA

A la izquierda: El ídolo venezolano Eleazar Sananes "Rubito". A la derecha: El 17 de mayo de 1922, en la plaza de toros de Madrid, recibiendo la alternativa en la Corrida de la Beneficencia, de manos de su padrino Julián Sáiz "Saleri II". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Existió mucha expectación y gran curiosidad por ver la presentación del torero venezolano Eleazar Sananes "Rubito" en España, a quien llamaban "El Belmonte de Venezuela", debido a sus grandes faenas realizadas en América. No fue fácil para "Rubito", poder soportar la presión de la crítica, cargada, en ocasiones, de comentarios duros e injustos sobre su persona. Algunos de sus compañeros hicieron hasta una campaña malintencionada para vetarlo en los carteles. Siempre se le exigió mucho más por ser un torero extranjero.   

Hasta que surgió la sorpresiva noticia, en la tarde del 16 de mayo de 1922, del comunicado el diestro Manuel García "Maera", señalando que no podía torear la Corrida de Beneficencia por haberse lesionado en su última actuación, quedando así certificado en su parte facultativo. La Comisión de diputados provinciales organizadora del festejo y presidida por el Sr. Villamil, hizo gestiones para que Eleazar Sananes "Rubito" toreara esa corrida y tomara la alternativa. La Asociación de Toreros protestó señalando que debía ser un torero español de los 27 que torearían el abono de Madrid, proponiendo al diestro Matías Lara "Larita", señalando que así lo estipulaba el reglamento. Sin embargo, como la Corrida de Beneficencia era un festejo de carácter extraordinario, no estaba sujeto a ello y al final, debido a las gestiones del apoderado don Antonio Gallardo, se solventó la situación. Eran las doce del mediodía del mismo 17 de mayo de 1922, cuando se terminó de definir el cartel, con la actuación del venezolano Eleazar Sananes.

"Rubito" toreó dos novilladas en Madrid antes de tomar la alternativa definitivamente, el 17 de mayo de 1922, en la antigua plaza madrileña de la carretera de Aragón en la Corrida de Beneficencia, sustituyendo al lesionado diestro Manuel García López "Maera", siendo su padrino Julián Sáiz "Saleri II", actuando como testigos, Juan Anlló "Nacional II" y Marcial Lalanda, lidiando toros de la ganadería de Gamero Cívico. El nombre del toro correspondiente a su doctorado fue "Sanluqueño", negro zaino, marcado con el número 99. 

Eleazar Sananes "Rubito" durante su faena de muleta, muy valiente, exponiéndose ante la cara del toro, en Madrid. Año 1922. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

La tarde amenazaba con lluvia. La plaza de toros de Madrid, presentaba el aspecto propicio a la solemnidad. Una gran cantidad de mujeres hermosas lucían sus mantillas y mantones de Manila. La entrada del público resultó muy buena.

Interesante relato sobre la Corrida de Beneficencia en la que participó nuestro torero venezolano Eleazar Sananes "Rubito", es la descrita por "Corinto y Oro" en su crónica:

"¡Caracas en Madrid!

El "doctor" venezolano don Eleazar Sananes, a quien la Sociedad de Matadores le ha rendido, al fin, testimonio de hospitalidad, compañerismo e hidalguía, se nos hace hoy en la corte doctor "chipén", a la española, y don Julián Sáiz, "Saleri II", es el encargado de colocarle la muceta y el birrete. Que sea para bien y para honra del arte de Paquiro.

Ante el primer toro, de Parladé. "Sanluqueño". Negro zaino, número 99. Con dos pitones. Sananes inicia su labor de doctorado con seis lances a la verónica apretados y muy bien, ¡bien! Emoción. (Gran ovación).

En varas cumple bien "Sanluqueño", pero sin embestir con el temple de los de su casta. El bicho toma cuatro puyazos y mata un caballo.

En los quites, "Saleri II" se muestra como hábil torero de siempre, y Sananes se lleva dos coscorrones leves por precipitarse demasiado.

Los palitroqueros del rubiales cumplen pronto.

"Saleri II", previas las formalidades diplomáticas de rúbrica, da la alternativa a Sananes. Se encuentra al morlaco que desarma y achucha. Por ello, Sananes no realiza una faena singular y trata únicamente de aprovechar la primera igualada. De prisa y con el brazo suelto entra Sananes y deja media estocada desprendida".

Al cuarto toro de la corrida, perteneciente a Juan Anlló "Nacional II", de nombre "Confitero", un toro grande, durante la pica, el venezolano Eleazar Sananes "Rubito" se metió en el terreno del burel para librar a un picador, siendo ovacionado.

Durante la lidia del quinto toro, de nombre "Limonero", los diestros Julián Sáiz "Saleri II" y el venezolano Eleazar Sananes "Rubito", rivalizaron en un tercio de quites, uno de "Saleri II" y dos de "Rubito", escuchando muchas palmas.

Continúa "Corinto y Oro" relatando la actuación del diestro venezolano Eleazar Sananes "Rubito" en el octavo toro:

"Al ejemplar "Lisonjito", castaño y de buen trapío, Sananes le pone a temple para la caballería con varios lances habilidosos y media verónica buena. El castaño tardea en varas; pero tiene el poder de una grúa y derrumba estrepitosamente. Nada extraordinario en quites ni en palos. El toro, quedadísimo al final.

Sananes pone la firma a la de Beneficencia con una faena sin clasicismos, aunque apretándose en algunos pases, faena que remata con media desprendida y un estoconazo que mata". 

Lamentablemente, los toros estuvieron bien presentados pero se mostraron sosos y faltos de fuerza. Únicamente pudieron destacarse y lucirse los diestros "Saleri II" que dio la vuelta al ruedo esa tarde. "Nacional II" ofreció una suprema nota de valentía, siendo ovacionado por el público. Marcial Lalanda, estuvo fenomenal con el capote en los tercios de quites y con la muleta derrochando suavidad y temple. Recibió una fuerte ovación saliendo al centro del ruedo para agradecerla. El diestro venezolano Eleazar Sananes "Rubito", hizo gala de una tranquilidad pasmosa ante sus enemigos, demostrando buenos recursos durante la lidia y habilidad para dar muerte a los toros que le correspondieron en suerte. 

Eleazar Sananes "Rubito", recibiendo al toro de su alternativa "Sanluqueño". Madrid. 1922. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Eleazar Sananes "Rubito" hizo historia y se convirtió en el primer matador de toros venezolano que tomó la alternativa en Madrid, España, actuando en la Corrida de Beneficencia que celebraba el cumpleaños del Rey Alfonso XIII. A este torero se le debe la resurrección de la fiesta de los toros en Venezuela y por eso, fue el que más partidarios tuvo en el país en su tiempo. 

MANUEL GRANERO LE IBA A DAR LA ALTERNATIVA EN MADRID

El joven diestro valenciano Manuel Granero Valls, futura promesa de la torería, fallecido trágicamente, el 7 de mayo de 1922, en Madrid, por el toro "Pocapena" de Veragua. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

En carta dirigida el 18 de mayo de 1922 al empresario taurino Mauricio Capriles Power, Eleazar Sananes "Rubito", le manifestó su satisfacción y alegría al recibir la alternativa en la Corrida de Beneficencia celebrada en Madrid.           

Señalaba "Rubito": 

"El malogrado Granero, a quien Dios tenga en la Gloria, era quien me iba a dar la alternativa en esta temporada. Hasta la fecha estoy contento, pues se han cumplido mis deseos y veo asegurada mi vida de artista y mis triunfos de torero en esta villa coronada. No sabe usted con qué amor tan grande pienso en mi querida Caracas y en mis amigos de esa, cuando se me hace justicia en la gran urbe madrileña. Un saludo para usted y un abrazo para todos".

Eleazar Sananes. 

Después de demostrar en ruedos españoles todo aquello que habían visto asombrados, el célebre crítico taurino don Gregorio Corrochano, manifestó su impresión sobre Eleazar Sananes "Rubito", señalando: "En tierras de América ha nacido un gran torero". 

Adorno de Eleazar Sananes "Rubito" al debutar en la plaza de toros de Madrid, el 6 de abril de 1922. Foto: Rodero. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Luego de su alternativa en Madrid, con todos los honores, actuó Eleazar Sananes "Rubito" en Algeciras, Beziers y la capital española. 

El 18 de junio de 1922, en Algeciras, Eleazar Sananes "Rubito" obtuvo un triunfo rotundo, al cortar las dos orejas y el rabo a un toro de Miura. El mismo matador venezolano señalaba que su mejor actuación en España había sido en esta ciudad.

El 25 de junio de 1922, Eleazar Sananes "Rubito" hizo su primera presentación en Francia, en la plaza de toros de Béziers, con Emilio Méndez y Marcial Lalanda, lidiando toros del Duque de Veragua.

El 9 de julio de 1922, en una corrida extraordinaria en la plaza de toros de Madrid, ante reses de Melgarejo, se presentaron los diestros Enrique Rodríguez Moreno "Manolete II", Bernardo Casielles y Eleazar Sananes "Rubito".

La fama del diestro caraqueño se hizo más popular en Venezuela y sus partidarios formaban legión. La música del pasodoble "Rubito" era imprescindible en todas partes. Bares, cafés, bebidas y tabacos llevaban el apodo del torero y hasta la vieja parroquia de San José, donde vivía el diestro, fue perdiendo gradualmente su nombre. Llegó a llamarse la parroquia de "Rubito". 

Al año siguiente Eleazar Sananes "Rubito" vuelve a viajar a España, pero no logra conquistar al público y retorna a su país, donde nuevamente le acompañaron los triunfos.  

"El General Juan Vicente Gómez, su hijo Florencio Gómez Núñez y Juan Vicente su hermano, han sido los venezolanos que más han beneficiado el desarrollo de la tauromaquia en Venezuela. Fundaron ganaderías, entre ellas "Guayabita" y "La Providencia", plazas de toros como La Maestranza "César Girón" de Maracay, el Nuevo Circo de Caracas y La Victoria y fueron soporte fundamental para el desarrollo de matadores de toros, novilleros y aficionados. El caso de Eleazar Sananes "Rubito" es un ejemplo de lo que sintieron por la fiesta de los toros y de  lo que los venezolanos debemos agradecer y destacar en la historia de los toros en Venezuela".

Víctor José López "El Vito".

UN GRAN "RUBITERO"

Florencio Gómez Núñez, en sus años mozos, saludando montera en mano, luciendo un traje de luces perteneciente a su entrañable amigo y compadre, el ídolo venezolano del toreo Eleazar Sananes "Rubito", en la residencia caraqueña del diestro. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Mi abuelo, Florencio Gómez Núñez, era compadre del diestro Eleazar Sananes "Rubito", y siempre se consideró un apasionado "Rubitero" como se denominaba a los admiradores y partidarios del torero caraqueño. 

Recordaba mi abuelo Florencio: "Eleazar Sananes "Rubito", me impresionó mucho. Lo conocí en la finca San Jacinto propiedad del Coronel Gonzalo Crespo que estaba situada en la entrada de Maracay, allí solíamos torear novillitos bravos, éramos muy aficionados y el primero que nos dio clases de cómo era el toreo fue Eleazar Sananes "Rubito". Practicamos en un corral que allí existía, ya que la plaza de tienta la hicimos, posteriormente, en "Guayabita", cuando instalamos la ganadería. Esto fue después de su regreso triunfante de Lima en 1921. 

A Eleazar, lo vi torear por primera vez en la Plaza de Toros Arenas de Valencia (Venezuela), el 24 de junio de 1921. Mató seis toros ese día que fue muy lluvioso y conmemorativo del Centenario de la Batalla de Carabobo. Estuvo enorme esa vez, cortó cinco orejas y el tercer toro me lo brindó a mí. De allí nació una gran amistad hasta llevarle a apadrinar a Juan José, su único hijo, a quien le puso ese nombre por la profunda admiración que sentía por Juan Belmonte y Joselito. 

Florencio Gómez Núñez, como aficionado práctico, recibiendo las instrucciones de Eleazar Sananes "Rubito" en un tentadero en la ganadería "Guayabita". Año 1933. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

De izquierda a derecha: Florencio Gómez Núñez, Eleazar Sananes "Rubito" y Juan Vicente Gómez Núñez en San José, Caracas, Venezuela. Año 1923. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Yo ayudé mucho a mi compadre "Rubito". Lo encargué como listero (persona que llevaba en orden la lista de los obreros y materiales utilizados) durante la construcción de la Maestranza de Maracay. También me empeñé en que fuera Eleazar Sananes "Rubito", el que tuviera el gran honor como torero venezolano de matar el primer toro de lidia ordinaria en la corrida inaugural de la Maestranza, el 20 de enero de 1933. "Rubito" dudó al principio, porque tenía tres años ya retirado y no se sentía en condiciones, pero después aceptó mi propuesta y nos complació tanto a nosotros como a los aficionados que querían verlo torear de nuevo.   

Eleazar Sananes "Rubito", brindando la muerte del primer toro, de lidia ordinaria, al Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, quien aparece en el palco acompañado por su hijo Florencio Gómez Núñez, el día de la inauguración de la Maestranza de Maracay, el 20 de enero de 1933. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Eleazar Sananes "Rubito", fue un torero muy emotivo. Siempre actuaba con mucho valor y entrega. Eso le llevó a ser, en su momento, el verdadero y único ídolo que ha tenido Venezuela. Posteriormente, ocuparía su lugar en el corazón del pueblo venezolano, Luis Sánchez Olivares "Diamante Negro". 

LA RIVALIDAD ENTRE "RUBITO" Y JULIO MENDOZA

Los inolvidables diestros Eleazar Sananes "Rubito" y Julio Mendoza, grandes rivales de la época de oro del toreo venezolano. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

En nuestra historia todo caraqueño debería saber lo que significaba antaño ser "rubitero" o "julitero". Ir a una corrida en la que toreaban los dos ídolos de la Venezuela taurina de entonces equivalía a tener que entrarse a golpes por la irascibilidad de los espectadores. 

Con esa pareja vino la época de oro del toreo en Venezuela. Julio Mendoza Palma venía empujando duro y naturalmente, fue la "llave" lógica, juntos llenaron las plazas donde actuaron, y entonces se dividieron los aficionados en dos bandos, los partidarios de "Rubito" y los de Julio, incrementando, de manera significativa, la concurrencia de los circos. Cuando se formó la gran rivalidad taurina de esa pareja en los ruedos venezolanos, fue cuando más se habló de toros en Venezuela. 

Eleazar Sananes "Rubito" ha sido, indiscutiblemente, el gran ídolo de la afición venezolana. Era un torero valiente, muy fino con el capote, banderilleaba fácilmente y con la muleta hacía cosas verdaderamente emocionantes que hacían parar al público de sus asientos. 

Julio Mendoza en cambio, fue un torero muy luchador, con un sentido del torero grande. Podía mucho con todos los toros, era valiente y habilidoso pero, naturalmente, cada uno con su estilo propio. Los dos matadores de toros, tanto "Rubito" como "El Negro" Mendoza marcaron una época en la historia taurina venezolana. Eleazar que nació en la Parroquia de Santa Rosalía, pero vivió toda su vida en San José y Julito Mendoza que representaba a la Parroquia de San Juan, llenaron las plazas de toros y despertaron la ilusión de los aficionados que querían verles enfrentar cada tarde. 

Mi abuelo Florencio Gómez Núñez, asistió con frecuencia a muchas reuniones de la Peña Taurina "Eleazar Sananes", en donde fue conferencista y entrevistado para su publicación taurina "Sanluqueño". El año 1973, se llevó a cabo un homenaje a la memoria de Eleazar Sananes "Rubito" colocándole un placa en la plaza de toros de la Maestranza de Maracay, acto al que acudieron diversas personalidades del mundo del toro y mi abuelo Florencio, tuvo el honor de ser la persona que descubrió la placa, obsequiada por la Peña Taurina "Eleazar Sananes". Asimismo, recibió un bonito diploma en reconocimiento a su colaboración como participante activo a su quinto ciclo de conferencias, el 13 de diciembre de 1974.

La Junta Directiva de la Peña Taurina "Eleazar Sananes". Destacan de izquierda a derecha: Carlos Salas, Guillermo Puchi, Florencio Gómez Núñez, Antonio Martínez, Alejandro Mondría y Antonio Aragón. Año 1973. Foto: Moreno. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Diploma de la Peña Taurina "Eleazar Sananes" otorgado a Don Florencio Gómez Núñez, el 13 de diciembre de 1974. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

DISCURSO PLACA ELEAZAR SANANES "RUBITO"

MAESTRANZA DE MARACAY AÑO 1973 

Terminada la Sesión Solemne, nos trasladamos a la Plaza de Toros Maestranza de Maracay, para descubrir dos Placas de Recuerdo. Una, de las autoridades en general y que develó el ciudadano Gobernador del Estado, y la segunda, de la Peña Taurina "Eleazar Sananes", en recuerdo del torero venezolano que se encargó de lidiar el primer toro (después de don Antonio Cañero), toro de "lidia ordinaria" Eleazar Sananes.

En presencia de la Junta Directiva de la Peña Taurina "Eleazar Sananes", el señor Florencio Gómez Núñez develó la Placa de la Peña. después de que el señor Antonio Martínez, Presidente de la Entidad Taurina, pronunció unas emocionadas palabras:

"Distinguida concurrencia.

Honorable Presidente y demás miembros del Concejo Municipal.

Señores de la Comisión Taurina de Maracay.

Periodistas y compañeros de las Peñas Taurinas aquí presentes.

Señoras y señores:

Es para mi un gran honor el dirigirme a ustedes, en nombre de la Peña Taurina "Eleazar Sananes", y en el mío propio, en este momento tan significativo para la ciudad de Maracay, con motivo de celebrar el cuadragésimo aniversario de la inauguración de su plaza de toros, que si no es un monumento en su capacidad como otras de la República, es un monumento de belleza enclavado en el corazón de Aragua, que es el corazón de Venezuela; ciudad de una gran afición taurina, cuna y Maestranza de los más destacados diestros venezolanos de las últimas generaciones, y patria chica de los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, a quienes se les debe la feliz iniciativa y construcción de tan maravilloso edificio, cuya dirección y proyectos fueron realizados por el notable arquitecto venezolano, doctor Carlos Raúl Villanueva.

Es por eso que la Peña que presido y que lleva el nombre de "Eleazar Sananes", nuestro gran torero desaparecido hace apenas dos años, y cuya historia es conocida de todos ustedes, ofrenda este humilde recuerdo en homenaje a sus grandes hazañas taurinas, y por haber sido el primer diestro venezolano en tomar, con todos los honores, la alternativa de matador de toros en la plaza de Madrid y el primero en lidiar y matar un toro en las arenas de esta plaza, que hoy celebra llena de júbilo sus cuarenta años de vida, remozada en su totalidad por el Ilustre Concejo Municipal de la capital de Aragua.

Señoras y señores:

En este momento solemne invito, en nombre de la Peña Taurina "Eleazar Sananes", a don Florencio Gómez Núñez para que nos haga el alto honor de develar esta placa, que esperamos sea un perenne recuerdo para la afición y un estimulo para las nuevas generaciones taurinas de Venezuela".

Ovación para Antonio Martínez y para don Florencio Gómez Núñez. 

(Publicado en la Revista "Venezuela Taurina", N° 102, Página 11, Febrero, 1973).

He querido dedicar estas líneas de recuerdo al diestro caraqueño Eleazar Sananes "Rubito", por ser, indiscutiblemente, una de las figuras del toreo más importantes que ha dado Venezuela. Con su ejemplo de torería, fue el primero que abrió el camino para que otros toreros compatriotas pudieran destacarse, posteriormente, en la historia de la fiesta brava nacional e internacional. 

Rafael Dupouy Gómez

 

viernes, 6 de mayo de 2022

MANUEL GRANERO EN EL CENTENARIO DE SU MUERTE

(Por: Rafael Dupouy Gómez)

El recordado torero valenciano Manuel Granero Valls, realizando con gran seriedad, personalidad y prestancia el paseíllo. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez). 

El 7 de mayo de 2022, se cumple el centenario de la trágica muerte del diestro valenciano Manuel Granero Valls en Madrid, sorpresiva e inesperadamente por el toro "Pocapena", siendo una joven y muy prometedora figura del toreo de quien se tenía la firme esperanza que se convertiría en el sucesor de Joselito "El Gallo".

Lamentablemente, no pudo cumplirse la gran expectativa que generó Granero en el público y los aficionados, siendo un maravilloso matador de toros, buena persona, educado, simpático y lleno de unas magníficas facultades para la lidia.

Recuerdo mucho las referencias que me contaba mi querido abuelo Florencio Gómez Núñez y un entrañable amigo suyo Heriberto Ramírez, sobre su popularidad y fama adquirida rápidamente en aquella época, añorando un torero que cubriera el vacío que dejó la muerte de Joselito "El Gallo" en Talavera de la Reina, el 16 de mayo de 1920 y la primera retirada de los ruedos de Juan Belmonte el "Pasmo de Triana".

A mi abuelo, desde niño, siempre le escuchaba con asombro y atención, durante nuestras tertulias taurinas familiares, el crudo y triste relato de cómo sucedió el terrible percance de Granero en Madrid que le costó la vida. Cuando mi abuelo terminaba su narración nos recitaba una coplilla que decía:

"Pocapena" se llamaba, el torillo traicionero, que le quitó la vida, al simpático Granero.    

Un valeroso desplante del magnífico torero Manuel Granero. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Manuel Granero Valls nació en Valencia, España, el día 4 de abril del año 1902, en la calle de Triador.   

Su afición a los toros comenzó siendo muy niño, intentando lucirse a los doce años, arrojándose al redondel de Valencia, demostrando gran talento y conocimiento, sorprendiendo al público, que lo aplaudió entusiasmado.

Su travesura le valió ser castigado por su familia, hasta el punto de hacerle firmar un documento que lo comprometía a no volver a torear más. Sin embargo, resultaron inútiles las reprimendas ya que el joven Manolito Granero, tenía oficio y alma de torero. Continuó su interés en aprender el arte y la técnica que lo llevaría por el camino del éxito.    

El 2 de octubre de 1916, en Valencia, Manuel Granero, con catorce años de edad, se enfrentó ante un eral, estando muy bien, siendo ovacionado en todo momento. Intervino junto a Baró, David y Arcaso. Granero mató admirablemente un becerro, siéndole concedidas las dos orejas y el rabo, y fue sacado en hombros.

La primera vez que Granero vistió el traje de luces fue en la plaza de Salamanca, cuando finalizaba la temporada de 1917, en una novillada, alternando con Manuel Jiménez "Chicuelo". En su primero tuvo un gran éxito; fue volteado por el segundo, no pudiendo matarlo.

Después toreó una corrida en Valladolid, en compañía de Juan Luis de la Rosa y Manuel Jiménez "Chicuelo", y otra compartiendo cartel con sus mismos compañeros en Grijuelo.

Las jóvenes promesas de la torería: Manuel Jiménez "Chicuelo", Manuel Granero y Juan Luis de la Rosa. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Su tío materno Paco Juliá y don Pedro Sánchez, gran aficionado, comenzaron a representar a Granero, haciéndolo participar en varias tientas que se celebraban en Salamanca, donde se le quería y admiraba bastante. En esas tierras Salamanquinas, se formó; siendo un adolescente, compartiendo cartel con los jóvenes Manuel Jiménez "Chicuelo", Juan Luis de la Rosa y Eladio Amorós.

En 1918, Granero realizó una temporada corta, pero muy exitosa, actuando como novillero por los cosos de Bilbao, Logroño y Salamanca.

El 3 de junio de 1920, Día de Corpus Christi, obtuvo un memorable y fenomenal triunfo en Santander, destacándose como futura promesa de la torería. Alternó con Bernardo Muñoz "Carnicerito" y Ángel Pérez "Angelillo de Triana", ante novillos de Angoso.

En 1920, toreó 34 novilladas en las plazas de Salamanca, Barcelona, Zaragoza, Santander, Bilbao, Madrid, Palma, Béjar, Sanlúcar, Toledo, San Roque, Marchena, Sevilla, Huelva, Jerez y La Línea. 

Manuel Granero en el momento de recibir la alternativa de manos de su padrino, Rafael Gómez Ortega "El Gallo", en la Maestranza de Sevilla, el 28 de septiembre de 1920. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Luego de su exitosa campaña, el 28 de septiembre de 1920, Manuel Granero tomó la alternativa en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla; de manos de Rafael Gómez "El Gallo", en la Feria de San Miguel, quien le cedió la muerte del toro "Doradito", sardo, de la ganadería de Concha y Sierra. "El Gallo" vistió un traje negro y azabache, llevando luto por la trágica muerte de su hermano "Joselito", quien falleció, el 16 de mayo de 1920, en Talavera de la Reina, por las astas del toro "Bailaor" de la Viuda de Ortega. Le acompañó en el cartel Manuel Jiménez "Chicuelo".

Como matador de toros, culminó el año de 1920, interviniendo en ocho corridas en las plazas de Sevilla, Úbeda, Bilbao, Valencia y Zaragoza, dando muerte a 16 astados.

Una interesante crónica taurina, publicada en "Mundo Gráfico", destacó sobre el maravilloso diestro valenciano, lo siguiente:

"Manolo Granero es un torero muy completo, ejecutando todas las suertes con admirable perfección; sobresale más principalmente en el manejo del capote. Sus quites, admirables de valentía y de elegancia, hacen arrancar a los públicos entusiastas ovaciones. Torea a la verónica de un modo irreprochable. Con las banderillas, aseguran los críticos taurinos que dentro de poco será un verdadero maestro. Maneja la muleta con extraordinario dominio, realizando excelentísimas faenas que corona con estocadas de matador habilidoso. En la memoria de todos están vivas las gloriosas tardes que en la plaza madrileña ha tenido el hoy nuevo matador de toros".

El fino torero Manuel Granero ejecutando una verónica. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Granero, había logrado en un año, pasar del escalafón de novilleros al de los ases del toreo contemporáneo, acaparando con Juan Belmonte e Ignacio Sánchez Mejías, la atención de los públicos que llenaban los circos taurinos.

Por derecho propio, al decir de los entendidos taurinos, entró el gran torero valenciano en el grupo de los matadores de superior categoría, por su arte, valor, inteligencia y buenas maneras de interpretar el toreo. Granero dominaba todas las suertes, siendo un diestro muy completo.

Con el capote, sobresalió por su pureza, demostrando elegancia y finura. Fue estupendo con las banderillas, magnífico, dominador y emocionante con la muleta, además de ser un seguro y certero estoqueador.

El 22 de abril de 1921, un verdadero acontecimiento taurino constituyó la confirmación de la alternativa del joven matador de toros Manuel Granero en la Plaza de Madrid, de manos de Manuel Jiménez "Chicuelo", quien le cedió la muerte del toro "Pastoro" de la ganadería de González Gallardo. Le acompañó esa tarde Bernardo Muñoz "Carnicerito". Granero hizo lo mejor de la tarde, a su segundo toro.

El verdadero triunfo de Granero sucedió, el 17 de mayo de 1921, en el coso de de Madrid, ante toros de Santa Coloma, alternando con Manuel Varé "Varelito" y Manuel Jiménez "Chicuelo". Esa tarde, Granero cortó una oreja a su primer enemigo y en su segundo, fue aclamado y sacado a hombros por la Puerta Grande.

El 10 de junio de 1921, toreó la Corrida de la Beneficencia en Madrid y un toro de la ganadería de Albaserrada lo lastimó sin que fuese un percance de consideración. 

Composición de varios momentos cumbres de Manuel Granero como matador de toros. Fotos: Alfonso. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Manuel Granero lideró el escalafón de matadores de toros el año 1921, con 94 corridas. No pasó de las 100, por los percances sufridos: 10 de junio, Madrid; 26 de junio, Bilbao; 25 de agosto, Bilbao, y 19 de septiembre, Valladolid. En ninguna de las cogidas hubo cornadas, afortunadamente. También sufrió otra cogida en Valencia, no pudiendo, por tal motivo, tomar parte en la primera de Abono en Madrid.

Para la temporada de 1921, Granero era el diestro que tenía más corridas de toros contratadas, unas 115.

El 21 de abril de 1922, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Manuel Granero integró el cartel del trágico día de la muerte de Manuel Varé "Varelito", quien recibió una grave cornada durante su faena del quinto toro de Guadalest, al entrar a matar. También, actuaron los diestros Manuel Jiménez "Chicuelo" y Marcial Lalanda.

El 7 de mayo de 1922, Manuel Granero recibió en la plaza de toros de Madrid, la mortal cornada del toro del Duque de Veragua, de nombre "Pocapena", quien empitonó al joven torero cerca de la barrera del 2 y lo alzó en alto, antes de arrojarle contra las tablas, donde por mala fortuna del destino, el pitón penetró su ojo derecho, hasta destrozarle la masa encefálica.

Manuel Granero fue conducido a la enfermería en brazos de las asistencias en estado agónico y murió pocos segundos después. En la enfermería de la plaza se instaló una Capilla Ardiente hasta que sus restos fueron trasladados en tren hacia su ciudad natal, Valencia. Sus compañeros de cartel, aquella trágica tarde fueron los diestros Juan Luis de la Rosa y Marcial Lalanda, éste último confirmaba la alternativa.

Se señaló que el famoso escritor Ernest Hemingway, se inspiró en él para escribir su libro "Muerte en la tarde".

Manolo Granero como matador de toros toreó un total de 115 corridas: 8 (1920), 94 (1921) y 13 (1922). Falleció muy joven a los 20 años de edad.

Manuel Granero perfilándose para entrar a matar a un toro serio de enormes y abiertos pitones. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Cabe señalar, que Manuel Granero era el matador de toros que le iba a conceder la alternativa al diestro venezolano Eleazar Sananes "Rubito", pero el toro "Pocapena" de Veragua se lo impidió aquella tarde fatídica del 7 de mayo de 1922.

A continuación, comparto con los amables lectores, algunos interesantes escritos publicados en mi país, Venezuela, sobre personas que conocieron a Manuel Granero y que le rindieron homenaje póstumo a su memoria:

El mexicano Francisco Carreño, quien había sido empresario de Rodolfo Gaona y conoció personalmente a Manuel Granero, nos describió "Cómo era Granero. El Hombre. El Torero", en interesante artículo publicado en México el 9 de mayo de 1922 y reproducido en la revista venezolana "Billiken", el 10 de junio de 1922:

CÓMO ERA GRANERO

El Hombre. El Torero.

A la izquierda: Manuel Granero en una pose muy torera. A la derecha: Ejecutando un ajustado y clásico pase de pecho. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

La invitación que se me hace para que refiera a mis lectores mis impresiones y recuerdos del notable matador valenciano Manuel Granero Valls, trágicamente muerto por un Veragua el domingo 7 del actual en la plaza de la coronada Villa, me ha complacido en extremo, ya que me brinda la oportunidad de rendir un público y póstumo homenaje a la memoria del joven e infortunado diestro, que en ocasión de mi viaje a España el año pasado, fue uno de los toreros que mejor impresión me dejaron, por lo que desde luego pretendí darlo a conocer a la afición mexicana contratándolo para la temporada pasada. Circunstancias fortuitas, que luego referiré, impidieron realizar mi deseo y hoy lo deploro más que nunca, puesto que a igual que a Joselito, la muerte segó su vida sin que pudiese ser admirado en el ruedo de la Plaza "El Toreo".

Fue en su ciudad natal, en la hermosa Valencia, donde conocí a Manolo. Llegué allí en plena feria y los recuerdos que conservo de mi estancia no pueden ser más gratos e inolvidables.

El inteligente aficionado Eduardo Pagés, apoderado de los “Auténticos “Charlots", fue quien me presentó en la propia casa del "Ché", al "Niño Valenciano". No pudo ser más agradable la impresión que desde luego me produjo Granero. Muy joven, de trato afable, correcto como si fuese un aspirante a diplomático y sobre todo de una rara ilustración, tales fueron las características que pude apreciar en el diestro que tanta bulla había de meter en las corridas de feria de su tierra nativa. Para mí entre todas sus prendas morales una fue la que más valor tuvo: ser un modelo de hijos y de hermanos.

Recuerdo que mientras sosteníamos animada charla en el corredor de su alegre morada, se acercó a la reunión una señora como de unos cuarenta y tres años de edad y una graciosa niña que apenas contaría catorce, preguntándole al matador qué terno luciría en la corrida de esa tarde. Manolet, como le llamaban cariñosamente sus paisanos, contestó que el que ellas quisieran, y por el tono con que les dirigió la palabra pude observar que para el joven lidiador se concentraba en esas dos personas toda su ambición y todo su orgullo, pues al presentarnos a ambas las llenaba de caricias y mimos reflejando su semblante la alegría que experimentaba al darnos a conocer esos seres queridos.

Durante nuestra amena plática. Granero me hizo consistentes preguntas sobre nuestro gran indio Gaona, queriendo saber de mi parte si él podría gustar aquí alternando con Rodolfo. Yo, que jamás he sido partidario de engañar a los toreros, le di mi opinión franca y sincera—como se la manifesté al propio Gaona hace dieciséis años en Torreón cuando fui su primer empresario—diciéndole que lo que yo le había visto hacer con el toro me parecía el principio de un gran artista y manifestándole además que él llevaba la ventaja de su modestia y caballerosidad, pues he de hacer hincapié en que Granero, en su trato íntimo no parecía torero, sino un alto empleado de casa bancaria o de un ministerio gubernamental. Todas las personas que lo trataron se fueron siempre sugestionadas por la gran simpatía de Manolo y en lo que a mí respecta debo manifestar que él extremó su amabilidad en su deseo de serme agradable. Hablándome de sus aficiones artísticas me confesó que antes de torero fue violinista, y tuvo la deferencia para mí de faltando solo tres horas para torear, alternando con Belmonte y "Chicuelo", tocarme algunos trozos de música clásica, atención que le agradecí sobremanera, no dejando de hacerme preguntas acerca de México, a donde deseaba venir a disfrutar de las primeras vacaciones de su vida.

A la izquierda: Manuel Granero de niño cuando aprendió a tocar el violín. A la derecha: Luciendo traje de luces como matador de toros. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

En esta nuestra primera entrevista obtuve de él el ofrecimiento solemne de que antes de ir a Lima visitaría a México, habiendo llegado pocos momentos antes de despedirnos, su tío con quien me presentó y quien fungía de apoderado suyo.

Camino del hotel nos encontramos Pagés y yo a un paisano torero de esta tierra “Bombita Mexicano" quien había llegado de Barcelona expresamente a ver al valenciano que esa tarde lidiaba toros de Pablo Romero. Juntos los tres asistimos a la gran corrida anunciada, donde acabé de convencerme, que el “niño violinista" sería un “as” de la tauromaquia puesto que en esa tarde, y en el toro que brindó al gran escultor español Mariano Benlliure, hizo todo lo que puede hacer un torero de primerísima categoría.

Con el capote hizo derroche de elegancia advirtiendo que las verónicas del lado izquierdo eran impecables, así como la colección de quites que propinó al Pablo Romero. En banderillas puso dos pares al cuarteo por ambos lados y otro de dentro hacia afuera, y aunque no le vi la elegancia y dominio de nuestro lndio, sí pude comprobar que en poco tiempo podría dominar este tercio llegando a ser un formidable banderillero. Armado de estoque y muleta, y después del brindis al insigne Benlliure, principió su faena con el aplaudido "pase de la firma" creación suya, y bautizado así por la afición valenciana, y el cual consiste en dar un pase ayudado con la derecha sin dejar que el toro termine el viaje, sino haciendo que se revuelva rápido para enlazar un pase bajo con la misma mano y hacer que el animal quede quieto después del segundo pase. La faena fue enorme, porque además de torera fue valiente, advirtiendo que sin ser un gran matador como sucede a todos los buenos toreros, no le duraban los toros, habiendo algunos que aunque entraba rápido, los mataba bien. Este Pablo Romero fue seguramente uno de los toros mejor estoqueados por el infortunado Manolo. La ovación fue imponente los "ches" estaban locos de entusiasmo, brincando alguno de ellos al ruedo para abrazar a su paisano, y yo entretanto recordando a México, pues la aglomeración de la gente en la plaza, era tal en las azoteas de los palcos como sucede aquí en las grandes corridas.

Ceñida y personal media verónica del diestro valenciano Manuel Granero. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Al terminar esta memorable corrida, más de cinco mil personas acompañaron al "chiquet" a su casa, y al mirar su apoteosis pensaba yo en los aficionados mexicanos, tan entusiastas como son y que seguramente hubieran hecho aquí lo mismo con el "Niño" de Valencia.

Esa misma noche cenando con Belmonte en "Las Arenas", hablamos, naturalmente, del enorme éxito de Granero, confirmándome el Fenómeno de Triana, que ese compañero llegaría fácilmente a ser una figura cumbre del toreo. El revistero "Don Justo", que nos acompañaba, terció también en la discusión estando igualmente conforme en vaticinar el más brillante porvenir al simpático Manolo.

En otra ocasión me invitó Granero al teatro y durante los intermedios departió conmigo largamente, con un espíritu de cordialidad y amistad como si nuestro conocimiento fuera ya de mucho tiempo atrás y no sólo de unos cuantos días. Entonces supe por sus propios labios que aún habiendo batido el record de corridas en la temporada, pues llegó a torear más de 90, no contaba con una gran fortuna como todos creían, pues casi todo lo ganado lo había tenido que emplear en propaganda para lograr más fácilmente colocarse en el lugar que sus méritos le señalaban. Otra de sus confidencias fue la relativa al parecido que todos los públicos de la península decían encontrarle con el inolvidable Joselito. Esto, aunque naturalmente lo halagaba, por otra parte no dejaba de contrariarlo, pues según me decía, su lucha en los redondeles era más difícil de sostener, ya que se le exigía que constantemente realizara maravillas. ¡Por algo era el sucesor del Papa del Toreo!

Convencido plenamente de los méritos de Granero insistí en su contrata, no obstante que ya contábamos con Gaona, Belmonte y Sánchez Mejías, pretendiendo con esto hacer una temporada con un cartel superiorísimo a la de Madrid, pero Granero muy a su pesar, declinó mi invitación, pues los deberes de la Patria lo reclamaban por esos días, ya que estaba en la edad de servir en el Ejército Español, en el que al poco tiempo sentó plaza de soldado. La guerra de Marruecos contribuyó con lo estricto de las leyes militares en tales casos, a que el gran torero valenciano no pudiese realizar sus deseos de visitarnos.

Durante el resto de mi estancia en España seguí con especial interés la triunfal campaña de Granero, y la víspera de mi salida, es decir, el 17 de septiembre, todavía pude admirarlo en la última corrida que toreó en la plaza de Madrid, en la que le dio la alternativa a Valencia II y durante la cual conquistó un resonante triunfo habiéndole concedido una oreja a su segundo toro los exigentes aficionados de la primera plaza del reino. Fue ésta su última gran tarde madrileña la que hizo subir tan alto su cartel y por la que este año llegó al principio de la temporada a tener contratadas el mayor número de corridas que antes ningún diestro había alcanzado, incluso Joselito.

La afición española y la mexicana están de duelo. Ha caído el ídolo de Valencia y de toda la península. La alegre ciudad del Cid viste de luto. ¡Manolet reposa para siempre entre los suyos!

Una pobre madre riega con su llanto inagotable la tumba del joven gladiador caído en la arena de sus mejores triunfos. ¡Descanse en paz el buen hijo, el buen amigo y el buen torero!

Francisco Carreño.

México, 9 de mayo de 1922.

(Publicado en la Revista "Billiken" de Venezuela, el 10 de junio de 1922). 

El cronista taurino "Repelique", escribió su artículo "La Trágica Muerte de Granero", en la revista venezolana "Billiken", el 1 de julio de 1922: 

LA TRÁGICA MUERTE DE GRANERO

Temerario desplante de Manuel Granero en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, ante un toro de enorme trapío, bien armado de pitones, emulando a su ídolo "Joselito". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El coso madrileño, que en 1894 vio la tragedia de Maoliyo El Espartero y en 1914 la de aquel otro enorme lidiador que se llamó Miguel Freg, ha sido nuevamente teatro de otra verdadera desgracia: la muerte de Manuel Granero, víctima del toro Pocapena de la ganadería de Duque de Veragua.

Casi un adolescente este valencianico, abandonó la música, con lo cual había llevado una vida reposada, pues era buen violinista, para dedicarse de lleno a la arriesgada profesión en cuyo ejercicio ha encontrado trágico fin. Su temperamento no se adaptaba a las emociones artísticas que le producía ese divino instrumento que inmortalizó Zárate; necesitaba de las fuertes, incomparables emociones que tiene el torero. Quería gozar la vida intensamente, poseerla en todo su esplendor, con todos los deleites y los estremecimientos todos; por eso se entregó al toreo, consagrándole toda la energía de su voluntad, toda la inteligencia de su cerebro, todo el entusiasmo de su juventud, todo el arte que llevaba en su alma, toda la alegría de su espíritu, la elegancia de su cuerpo y el calor de su sangre.

Era un ardiente enamorado de ese arte sublime, único que reclama una gran valentía para destacar en él su figura. Las artes todas, reclaman condiciones especiales, inteligencia, cultura, contracción, sensibilidad, finura, originalidad, amor; pero valor, es el toreo el único que lo reclama como virtud especial, imprescindible. Granero lo poseía en grado sumo; una de las características de su manera de torear fue siempre la gran valentía. Su mayor emoción artística la experimentaba cuando veía pasar las astas rozando los bordados de su traje, cuando se deleitaba, viendo la cabeza de la fiera mientras seguía el engaño y también en ese momento en que llegaba con la mano al pelo, coronando el morrillo de la res con el puño del estoque.

A la izquierda: Retrato que refleja la agradable sonrisa del inolvidable Manuel Granero. A la derecha: Ejecutando un arriesgado par de banderillas. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Apenas dos años duró de lidiador el simpático muchacho que se había hecho ídolo de los habitantes de la ciudad de El Turia. Valencia había tenido buenos toreros: los hermanos Fabrilo y Flores; pero un as, no lo tuvo hasta Granero.

Condiciones verdaderamente excepcionales tenía este excelente torero. Tantas, que fue el que ocupó el puesto que dejó vacante el inolvidable Joselito.

Y cuando estaba en el apogeo de sus triunfos, en el cenit de la gloria el cuerno asesino de "Pocapena" le desgarra la cabeza para, con su sangre generosa, escribir una de las más sangrientas páginas de la historia del toreo.

Como los gladiadores antiguos, en plena apoteosis recibió el golpe decisivo. Cuando cayó rugía la plaza de entusiasmo ante la portentosa faena que ejecutaba, así, en sus oídos quedó vibrando la emoción estruendosa que lo acompañó siempre en sus grandes tardes como un himno triunfal.

Vida de meteoro fue la de Manuel Granero. En una ascensión vertiginosa llegó al cenit. En raudo cruce deslumbró con su luz, cuando se pensó que brillaría por mucho tiempo, desapareció bruscamente, como un meteoro.

Era natural, era lógico era fatalmente inevitable que quien tuvo tanta violencia para subir desapareciese súbitamente, como ha sucedido.

Pierde la gran fiesta una de sus más brillantes figuras uno de sus más conspicuos representantes, una legítima gloria artística.

Descanse en paz el maravilloso torero.

Repelique.

Junio de 1922.

(Publicado en la Revista "Billiken" de Venezuela, el 1 de julio de 1922).

El cronista taurino y aficionado Edmundo G. Acebal, en su artículo titulado "Vida y desventura de Granero", publicado en la revista "Venezuela Taurina", el año 1968, expresó:

"Todo eran rosas en 1921 para Granero. Triunfos en la confirmación de la alternativa y en Barcelona y en Sevilla y en Bilbao y en toda España; por esa temporada, la primera y la única completa de su vida de matador de toros fue para él una verdadera apoteosis de gloria que terminó con 94 corridas toreadas y 193 toros muertos.

Confirmación de la alternativa de Manuel Granero en la plaza de toros de Madrid, el 22 de abril de 1921. Le cede los trastos, su padrino Manuel Jiménez "Chicuelo". Se observa al toro "Pastoro" de la ganadería de González Gallardo. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Empieza la de 1922 con dos festivales en Córdoba a mediados de febrero, Sigue entrando ya marzo, por Valencia y Barcelona, para volver a su tierra por las "fallas" y acaba el mes en Castellón. Seis corridas en abril en Barcelona, Sevilla y Valencia, y cuando llega mayo — el trágico y funesto mayo — se va a Bilbao y hace dos corridas los días 1 y 3. Enseguida toma el tren para Madrid, donde el día 7 a las cinco y media de la tarde está citado con la Muerte".

En un artículo titulado "Manolo Granero. Su vida y su arte" de la Historia del Toreo, publicado en la revista venezolana "Toros y Deportes", se expresó lo siguiente:

"La víspera de la corrida trágica, Granero estuvo en San Fernando de Jarama, en el restaurant de Cocherito, a donde fue en compañía de dos señoritas del teatro de Eslava. En este teatro, al guitarrista señor Ballesteros y al actor señor Gabaldón dio unas localidades, diciéndoles: "No dejéis de ir mañana a la corrida, que os pienso emocionar. . .".

A pesar de la jovialidad que intentaba demostrar, se notaba en el rostro del torero cierta tristeza preocupante.

Pasó parte de aquella noche con varios amigos en el teatro del simpático Cumpúa, en Maravillas, y, al regreso a casa, vino jugando con la compañía, como un chiquillo.

Veinticuatro horas antes de la corrida, Granero hacía gala de optimismo, hablando del triunfo que pensaba lograr.

Después, los presentimientos le pusieron triste. Hablaba a todos de emociones fuertes...

A salir para la plaza, haciendo un supremo esfuerzo, quiso aparentar un pleno optimismo. Tomó en brazos a una preciosa niña de apenas tres años, hija de su buen amigo Manuel Domingo, a la que besó, haciéndole esta promesa: "El año que viene te brindaré un toro, rica".

Antes de ir a la plaza, Granero y sus acompañantes fueron a casa del notable fotógrafo Kaulak para hacerse unos retratos que, lamentablemente fueron los últimos. En ellos, como puede verse, la tristeza del torero, es profunda.

Granero llevaba dos medallas de oro, una de Nuestra Señora de los Desamparados, Patrona de Valencia, y otra con el Corazón de Jesús. Las dos alhajas, con la cadenita que las sostenía, han sido entregadas a la hermana del lidiador muerto.

Dice el puntillero del diestro que, momentos antes de hacer el paseo, preguntó a su maestro si preparaba luego todo, para salir de Madrid la misma noche, a lo que contestó Granero: "Sí; pero, probablemente, no nos iremos".

Todos estos presentimientos no eran únicos. Allá, en su casa de Valencia, también existían. Dicen que a la misma hora que Manolo era cogido por el toro de Veragua que le ha causado la muerte, algunas de las velas que su familia encendía siempre que toreaba Granero, pidiendo que saliera bien, cayeron bruscamente repetidas veces, como estremecidas por la catástrofe...".

LA CORNADA MORTAL EN MADRID

El día 7 de mayo de 1922, en la plaza de toros de Madrid, la tarde de la trágica muerte de Manuel Granero, quien se distingue en primer lugar de izquierda a derecha, seguido de Marcial Lalanda y Juan Luis de la Rosa. Foto: Baldomero. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Impresionante momento de la cogida de Manuel Granero por el toro "Pocapena" del Duque de Veragua, el 7 de mayo de 1922, en Madrid. Foto: Alfonso. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El cronista taurino y aficionado Edmundo G. Acebal, en su artículo titulado "Vida y desventura de Granero", publicado en la revista "Venezuela Taurina", el año 1968, continuó su relato:

"Es la cuarta de abono y se lidian tres reses del Duque de Veragua con divisa encarnada y blanca y otras tres de Albaserrada con emblema azul y encarnado. En el cartel Juan Luis de la Rosa, Manuel Granero y Marcial Lalanda que confirma su alternativa.

¡Cuánta expectación! ¡Cuánto entusiasmo en ese Madrid primaveral y locundo! Ni una localidad vacía en la plaza. Hasta la bandera llega la gente. Hierve como una sartén la plaza de la carretera de Aragón, con ministros en las barreras, majas en los palcos de la aristocracia y tonadilleras en las delanteras de grada.

Ya llega el Presidente. Ya la música ataca un vibrante pasodoble. Ya los alguacilillos con La Rosa, Granero y Lalanda a la zaga, hacen el paseo de cuadrillas.

A la izquierda: El toro "Pocapena" del Duque de Veragua, que le quitó la vida al valiente torero Manuel Granero. A la derecha: Otro momento del terrible percance. Foto: Rodero. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

A las cinco y cuarto de la tarde sale el quinto toro. Es del Duque de Veragua, se llama "Pocapena" y es cárdeno, bragado, con buena estampa y una cabeza con pitones pavorosos. Antes de doblar ya acosa mansedumbre. Camero le castiga cuanto puede y Alparguerito y Rodas aligeran en banderillas. Cuando Granero coge la muleta y espada, muestra en el semblante una mueca de contrariedad y tristeza. "Pocapena" le espera en los tercios del 3 y ya desde el 1 el espada lleva apercibida la muleta.

En los graderíos reina un silencio inquietante que rompe una voz: "Granero: eres la esperanza de la Fiesta". Y apenas extinguido su eco, quiébrase la esperanza y el Destino trunca para siempre los sueños del ídolo y la afición.

Trágico momento en el que se aprecia al diestro Manuel Granero, cayendo al suelo, siendo violentamente empujado hacia las tablas. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Cuando Marcial mató a “Pocapena", ya estaba en los tendidos la noticia de la muerte. El público se echó en masa al redondel pidiendo la suspensión de la corrida y así se hizo. En la enfermería, envuelto en un sudario y entre el llanto de cera de unos cirios, quedaba en capilla ardiente el cuerpo sin alma del torero valenciano, protegido, desde lo alto, por el abrazo misericordioso de un Cristo en la Cruz".

Dos imágenes, del dramático momento, que reflejan la tragedia sufrida por el infortunado Manuel Granero en la plaza de toros de Madrid, el 7 de mayo de 1922. A la izquierda, se observa a Manuel Granero con el rostro ensangrentado siendo conducido rápidamente a la enfermería. A la derecha, se aprecia la expresión de dolor del subalterno "Blanquet" cubriéndose la cara por la impresión. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

"Sobaquillo II" en su artículo "Manolo Granero: Cómo fue la mortal cogida", publicado en la revista venezolana "Toros y Deportes", el 10 de mayo de 1975, explicó con detalles los momentos finales de la vida del prometedor torero valenciano: 

LA MUERTE EN LA ENFERMERÍA

Manuel Granero muerto en la enfermería, a la edad de 20 años. Foto: Díaz. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Transcurrido el tercio de varas, Carranza se trasladó a la enfermería para informarse sobre el estado de su maestro. Poco después oyó el grito de alarma de un arenero, anunciando que Granero había sido cogido y corneado gravemente. Momentos seguidos ingresaba en la dependencia el diestro valenciano con el rostro totalmente cubierto de sangre. Los médicos ordenaron fuera depositado en la mesa de operaciones. No hubo necesidad de intervenirlo. Falleció a los pocos instantes.

Al abandonar Carranza la enfermería se tropezó con Blanquet y con don Paco Juliá, tío y apoderado de Granero, que acudían ansiosos de inquirir noticias sobre el estado del herido. A sus preguntas, y con objeto de tranquilizarlos de momento, les contestó con la piadosa mentira de que estaban curando al espada; pero Blanquet, consciente de la gravedad de la cogida no le creyó. Se lo llevó aparte, cogiéndolo de un hombro, y lo conminó para que le dijera la verdad: "Ha muerto", le confesó Nicanor Fraga, con un nudo en la garganta y con el corazón transido de dolor. Y desde aquel momento la tragedia se hizo pública.

Manolito Granero había iniciado la faena de muleta a "Pocapena" en el tercio con un pase ayudado por alto. Pase al que imprimía una singular ejecución. Con su innata elegancia y quieta la planta. El torero daba su espalda a las tablas. Por consiguiente, estaba "contra querencia". El toro, al embestir, se "acostó" sobre el matador; al derrotar, lo prendió de un muslo y lo lanzó al aire por delante. Granero cayó sobre la arena semi-conmocionado. Blanquet acudió rápido al quite, "metió" el capote y se llevó al toro, pero sólo unos pocos metros. El animal, con su "sentido" dejó de obedecer al engaño y volvió al lugar donde había hecho presa, desgraciadamente, en el preciso momento en que Granero, en su estado semiinconsciente, se incorporaba, tratando de levantarse del suelo. Movimiento que llamó la atención del toro, que se arrancó sobre el torero, alcanzándolo y lanzándolo en su derrote debajo del estribo de la barrera. Allí volvió a cornear con fiereza, con tan mala suerte, que uno de los pitones de la res penetró por la cuenca del ojo derecho, causando grandes destrozos e interesando la masa encefálica. La cornada fue mortal sin remedio.

Manuel Granero en Capilla Ardiente, siendo acompañado por familiares, amigos y seguidores. Fotos: Marín. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El entierro de Manuel Granero fue impresionante y multitudinario. Año 1922. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

LOS RESTOS DE GRANERO

El diestro Manuel Jiménez "Chicuelo" conmovido ante la tumba de su gran amigo y compañero Granero en 1922. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Los restos mortales del desventurado torero reposan en un mausoleo erigido en el Cementerio Municipal de Valencia, España. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Es una magnífica obra de arte dedicada a un artista del toreo por un artista del cincel. De José Bernal a Manolo Granero. De un valenciano a otro valenciano. Extraordinarios los dos. Los dos extintos de imperecedera recordación.

La cripta del mausoleo está cubierta por un pedestal de forma cuadrangular de piedra noble. Sus ángulos están ornados con artísticos y alegóricos florones. En la parte superior del frontispicio se ofrece a los visitantes el retrato del torero, en ovalado esmalte, en busto, con traje de luces de guarnición negra. Lo obtuvo el popular fotógrafo de toreros Campúa pocos días antes de la muerte del espada. En la parte inferior léese la siguiente inscripción: "Valencia a Manuel Granero Valls", y en la posterior del monumento funerario esta otra: "A Manuel Granero en el XXV aniversario de su muerte. Recuerdo de las entidades taurinas valencianas. 7 mayo 1947".

(Publicado en la Revista Venezolana "Toros y Deportes", el 10 de mayo de 1975).

He querido rendir en este artículo, complementado con la enriquecedora opinión de otros autores, un merecido homenaje a Manuel Granero, la gran promesa del toreo que no pudo ver coronado su sueño, al interponerse los pitones del toro "Pocapena" en el fatal destino de su trágica y prematura muerte en el coso madrileño.

Su terrible cornada, considerada como la más impresionante y dramática de la historia del toreo, y su triste deceso, se recuerda con profundo dolor y recogimiento en la conmemoración de su centenario. Paz a su alma. ¡Que Dios lo tenga en su Gloria!

Rafael Dupouy Gómez