miércoles, 13 de abril de 2022

JUAN BELMONTE: 60 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

 (Por: Rafael Dupouy Gómez)


Juan Belmonte García. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El 8 de abril de 2022, se cumplieron 60 años de la muerte del maestro Juan Belmonte García, uno de los matadores de toros más grandes de la historia del toreo.

He querido dedicarle estas líneas como recuerdo por la gran amistad que tuvo con mi familia, muy especialmente, con mi bisabuelo, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, quien fuera Presidente de la República de Venezuela y sus hijos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez.  

JUAN BELMONTE EN VENEZUELA

Juan Belmonte vino a Caracas (Venezuela) el 5 de marzo de 1918, después de haber desembarcado del vapor “Montserrat” en Puerto Cabello (Edo. Carabobo). A Caracas arribó en horas de la noche, siendo recibido por numeroso público que conocía su fama de gran figura del toreo.

Juan Belmonte, pasó tres meses viviendo en Maracay en casa de Alí Gómez, hijo del Gral. Juan Vicente Gómez, en ese lugar empezó la gran amistad del famoso torero con el Presidente de la República de Venezuela.

El “Pasmo de Triana” vino a Venezuela para torear cuatro corridas de toros en el Circo Metropolitano de Caracas, contratado por el empresario venezolano Eloy Pérez.

El 8 de marzo de 1918, Belmonte visitó las instalaciones donde se estaba construyendo el Nuevo Circo de Caracas que sería inaugurado, posteriormente, el 26 de enero de 1919.

Juan Belmonte debutó el 10 de marzo de 1918 en compañía del diestro sevillano Rufino San Vicente “Chiquito de Begoña” ante toros de la ganadería del Gral. Juan Vicente Gómez, de Mariara. Belmonte trajo como su peón de confianza a Manuel García López “Maera”, que, posteriormente, se haría matador de toros. Esa corrida no fue muy exitosa por la dificultad que presentó el ganado para los toreros.

El martes 19 de marzo de 1918, día de San José, Belmonte ejecutó una magnífica faena en el Circo Metropolitano de Caracas, repitiendo otra tarde triunfal el día 31 de marzo de 1918 en su beneficio, matando cuatro toros. Con él alternaron los diestros José Corzo “Corcito” y Antonio Abao “Abaíto”, lidiando un toro cada uno.

El empresario Eloy M. Pérez aprovechando el retardo del barco en el que se iba Belmonte, debido a los problemas de la Primera Guerra Mundial, le propuso a éste una última corrida a beneficio del público. Belmonte aceptó, firmando por una cantidad menor. Hubo grandes rebajas en los precios de las entradas para el público que acudió al Circo Metropolitano de Caracas para presenciar la despedida de Belmonte en Venezuela. Los aficionados que asistieron a la corrida presenciaron el buen toreo del “Pasmo de Triana”, demostrando su calidad de auténtica figura de la fiesta nacional española.

Mi abuelo Florencio Gómez Núñez, recordaba su impresión al verle torear por primera vez: “Yo lo pude ver en dos oportunidades, en dos fincas de papá, el Gral. Juan Vicente Gómez. Belmonte quería que papá lo viera torear en la finca “Casupito” (Edo. Aragua) y también en la finca “Bucarito” cerca del Central Tacarigua (Edo. Carabobo). Allí se le apartaban toros criollos y papá lo veía torear. Era un fenómeno indiscutiblemente. Conocí también a su descubridor, José María Calderón, cuando vino a la inauguración de la Maestranza de Maracay, el 20 de enero de 1933. Fue una persona con una gran visión, porque como mentor y director de Belmonte, pudo notar las cualidades de torero grande que poseía”.

Juan Belmonte, cuando comenzó a torear se salió de todas las normas del toreo y fue un verdadero revolucionario. Rivalizó con “Joselito” en la considerada época de oro del toreo. Decían que lo fueran a ver pronto porque lo iba a matar un toro. El célebre matador de toros Rafael Guerra “Guerrita” fue el que dijo: “quién quiera verlo, que se dé prisa”. Afortunadamente, no lo mató un toro, pero falleció trágicamente después, quitándose la vida en su finca “Gómez Cardeña”.

Belmonte, estableció una forma y estilo de interpretar el toreo que rompió todos los moldes tradicionales. Dominaba a todos los toros y se arrimaba hasta más no poder, en unos terrenos prácticamente imposibles de creer. Se quedaba quieto, con una tranquilidad pasmosa a escasa distancia de los pitones de sus enemigos. Su característica media verónica al rematar con el capote, era su firma de torero grande y magnífico. Con la muleta lograba someter a los toros y los obligaba a pasar por donde él quería. Su pase natural era excepcional.

BELMONTE CONTRAJO MATRIMONIO POR PODER EN VENEZUELA

Juan Belmonte estando en Caracas en el año 1918, contrajo matrimonio por poder con doña Julia Cossío, dama de muy buena familia del Perú. Belmonte tuvo muchas dificultades para regresar a su patria por la guerra europea, porque no salían los barcos. No hallaba cómo irse y él se quería encontrar en Panamá con su esposa que lo esperaba, así que el General Juan Vicente Gómez, le ofreció un buque de guerra de Venezuela, para que lo trasladara hasta Panamá.

Entre mi bisabuelo, el General Juan Vicente Gómez y Juan Belmonte existió siempre una gran amistad. Hasta el escritor sevillano Manuel Cháves Nogales, convenció al “Pasmo de Triana” para escribir su excelente biografía “Juan Belmonte, Matador de Toros; su vida y hazañas”. En su libro, Belmonte dedica un capítulo completo al General Gómez, relatando cómo lo conoció y comenzó su gran amistad con él.

Juan Belmonte contaba, entre otras cosas, en el capítulo XIX dedicado al Gral. Juan Vicente Gómez, lo siguiente:

“Al llegar a Venezuela desembarcamos en Puerto Cabello, donde nos esperaban dos automóviles enviados por uno de los hijos del Presidente de la República, General Gómez, para llevarnos directamente a una finca suya de Maracay, y evitarnos así el tener que dar la vuelta por La Guaira y Caracas.

En la finca del General Juan Vicente Gómez nos recibieron dos hijos suyos, fuertes mocetones, muy aficionados a los toros y a las faenas ganaderas, los cuales habían preparado una original bienvenida a los toreros españoles.

Cuando los automóviles en que íbamos llegaban a la finca, vimos a uno de los hijos del General, jinete en un soberbio caballo, correr por el campo acosando a un novillo; iban a carrera abierta la res y el caballo, cuando el jinete, haciendo una habilísima maniobra, cogió por la penca del rabo al novillo, y con una destreza y una fuerza sorprendentes lo volteó en el aire. Fue una bellísima escena campera, que nos deslumbró.

Juan Vicente Gómez, riquísimo hacendado, General y Presidente de la República de Venezuela, me tomó pronto un gran afecto. Amante del campo y de la ganadería, le gustaba verme bregando con las reses en su finca. Allí se pasaba los días contemplando cómo sus hijos y yo toreábamos y corríamos a caballo. No iba casi nunca a la capital. Yo tampoco iba más que los sábados, para torear el domingo y volverme a la dehesa con el General y sus hijos.

En aquella residencia campestre del Presidente de la República no había ninguna etiqueta. El viejo andaba por la casona como cualquier hacendado andaluz por su cortijo. A veces venían de Caracas los Ministros y los altos funcionarios para despachar con el General, y se lo encontraban entregado a las faenas del campo, como un manijero cualquiera”.

Curiosamente, en el documental titulado “El Toreo de Joselito y Belmonte”, transmitido por la Televisión Española (TVE), aparece el “Pasmo de Triana” leyendo con añoranza el libro “Mi Compadre”, del escritor colombiano Fernando González. Juan Belmonte lo tenía, porque en ese libro se narraban importantes aspectos de la vida de su amigo, el General Juan Vicente Gómez, como Presidente de la República de Venezuela. En el documental, se puede observar a Belmonte leyendo el libro y se aprecia en la portada la imagen del General Gómez.


Juan Belmonte leyendo el libro “Mi Compadre”, sobre la vida del Gral. Juan Vicente Gómez, del célebre escritor colombiano Fernando González. Fotografía tomada del documental “El toreo de Joselito y Belmonte” transmitido por TVE. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Mi abuelo Florencio Gómez Núñez, me contaba que Belmonte fue un hombre que se rodeó de muchos intelectuales de su época. Apreciaba la lectura, no hablaba mucho, pero era un hombre festivo, muy agradable, un poco gago, tenía esa pequeña dificultad para hablar que se le notaba. Le llamaban “El Chepa”, por ser un poco desproporcionado físicamente, fuera del toro, por supuesto, porque ante el toro era formidable. Era un poquito caído de hombros y tenía los brazos largos, pero también lo llamaban “San Juan”, “El Fenómeno”, “El Pasmo de Triana”, “El Revolucionario” y “Juanillo Terremoto”.

LA PRIMERA GANADERÍA DE TOROS DE LIDIA EN VENEZUELA
FUE SELECCIONADA POR BELMONTE Y CAÑERO

Los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, decidieron en el año 1932, comprar una ganadería de toros de lidia pura casta española para traerla a Venezuela. Esa ganadería fue escogida y aprobada, nada más y nada menos que por Juan Belmonte y Antonio Cañero. Fue seleccionada “por delante”, es decir, probaron toda la ganadería y eligieron lo mejor de ésta, para traerla a Venezuela.

La ganadería era la de los hermanos Pallarés Delsors ubicada en Cabra, Córdoba. Era una ganadería de mucho prestigio en España. Se compró la mitad de la ganadería de los hermanos Pallarés, por parte de los hermanos Gómez Núñez, y la embarcaron en un barco alemán desde Cádiz con destino a Venezuela. Así se fundó “Guayabita”, la primera ganadería de toros de lidia pura casta española en Venezuela.

Juan Belmonte mantuvo una entrañable y cordial amistad con los hermanos Gómez Núñez, a quienes dedicó unas palabras de reconocimiento por su desmedida afición:

“A Juan Vicente y Florencio Gómez, principales mantenedores de la Fiesta Nacional Española en América con el agradecimiento de un aficionado”.

Juan Belmonte. 1935.

BELMONTE CONTRATADO PARA LA FERIA DE MARACAY DE 1936

La Feria de Maracay de 1936, fue suspendida debido a la muerte del Gral. Juan Vicente Gómez, ocurrida el 17 de diciembre de 1935. Los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, tenían confeccionados los carteles para celebrar, como todos los años, las tres corridas de toros con gran entusiasmo.

Para la organización de la Feria, los hermanos Gómez Núñez, contrataron a su gran amigo el “Pasmo de Triana” Juan Belmonte, por quien su padre, el General Gómez sentía mucho cariño y admiración.

Belmonte, se había retirado del toreo y se vistió por última vez de luces la tarde del 29 de septiembre de 1935 en Sevilla. El contrato que firmó Belmonte con los hermanos Gómez Núñez para torear en la Maestranza de Maracay (Venezuela) en enero de 1936, es quizás uno de los últimos contratos firmados por él como matador de toros. Los otros diestros españoles que venían contratados fueron: Joaquín Rodríguez “Cagancho”, Victoriano de la Serna y Alfredo Corrochano.

Señalaba mi abuelo Florencio Gómez Núñez: “La amistad, el respeto y la admiración que siempre tuvo Belmonte por papá, hicieron que aceptara nuestra invitación para venir a torear a Venezuela. Especialmente, al enterarse que nuestro padre, el General Juan Vicente Gómez, tenía el deseo de verlo torear por última vez en Maracay, pero desgraciadamente esto no se pudo cumplir, porque se anticipó, lamentablemente, su muerte, siendo suspendida la Feria de 1936”.

REENCUENTRO CON JUAN BELMONTE

Los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, se reencontraron en España con Juan Belmonte y Antonio Cañero en 1936. Ellos mismos los fueron a recibir al Puerto de Cádiz. Los atendieron con gran cariño y se fueron juntos a Sevilla. Belmonte, tenía cerca de Sevilla su finca que se llamaba “La Capitana” y  frecuentemente se venía al hotel donde se hospedaban los hermanos Gómez Núñez para acompañarlos. Cañero, también los visitaba a menudo, vivía en Córdoba, pero venía al hotel en Sevilla para conversar con ellos y hacerles más grata su estadía, que fue aproximadamente de un mes.

Juan Belmonte durante la Semana Santa, se alojaba en el hotel para vestirse con el capirote y traje de nazareno, como muchos toreros lo hacían, para ir en la procesión del “Cachorro de Triana” que era la imagen por la que Belmonte sentía una gran  devoción.

Recordaba mi abuelo Florencio Gómez Núñez: “Belmonte, nos invitaba mucho a la finca donde tenía su ganadería que se llamaba “Gómez Cardeña” (Utrera). La finca era estupenda, él vivía en tres hectáreas más o menos, tenía su casa que se llamaba “La Capitana” y su finca quedaba como a unos cien kilómetros más allá, tenía una plaza de tienta y una casa magnífica. Lo observé enfrentarse con aquellas vacas a toda punta haciéndoles horrores y me vino a la memoria el mismo recuerdo cuando lo pude ver de niño por primera vez en Venezuela. Con aquel sabor, aquel temple y esa clase que solo él podía lograr durante la lidia.

Cada dos o tres días íbamos y montábamos en las jacas de Belmonte y Cañero, acosábamos a los toros en el campo y pasábamos grandes días en aquella finca. Guardo unos recuerdos inolvidables de aquella estadía. Posteriormente, nos fuimos a Madrid con la mala suerte que nos sorprendió la Guerra Civil Española.

Juan Belmonte, no era una persona común y corriente, allá en España era tratado como un Dios, la gente casi le pedía la bendición, se le arrodillaban y lo colmaban de atenciones y halagos. Cuando salía con nosotros por la calle iba discretamente con un sombrero verde ceñido a las cejas para cubrirse el rostro y evitar llamar la atención de la gente”.

Juan Belmonte, fue un fenómeno del toreo indiscutiblemente, toreó 644 corridas y estoqueó en su carrera como torero 1.429 toros. Su última tarde de luces fue el 29 de septiembre de 1935 en Sevilla actuando junto a Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma” y Manolito Bienvenida con toros de los hermanos Pallarés.

AQUELLA EXTRAORDINARIA NOVILLADA DE JUAN BELMONTE

Los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, presenciaron esa histórica novillada presentada en la Feria de Sevilla, el 21 de Abril del año 1936. Se lidiaron ocho novillos de la ganadería de Juan Belmonte con divisa verde y café. El cartel lo componían los novilleros: Diego de los Reyes, Pedro Ramírez “Torerito de Triana”, Pascual Márquez y Rafael Ortega “Gallito”, que aparecía en el Programa con el nombre de José por error. Todos los novilleros cortaron orejas, pero el máximo triunfador fue Pascual Márquez, que cortó dos orejas a su primer novillo y dos orejas y rabo a su segundo.

Recordaba mi abuelo Florencio Gómez Núñez: “Esa novillada de Juan Belmonte en Sevilla fue verdaderamente apoteósica y ha sido para mí el espectáculo taurino más completo que he visto en mi vida; porque de los ocho novillos que se lidiaron, a siete les cortaron las orejas, se otorgaron dos rabos y a uno no le cortaron las orejas, pero le dieron la vuelta al ruedo. El triunfador indiscutible fue Pascual Márquez, cortando cuatro orejas y un rabo”.

LA MUERTE DE JUAN BELMONTE

La muerte de Juan Belmonte el 8 de abril de 1962, causó gran conmoción en España y el mundo entero. El “Pasmo de Triana”, se quitó la vida en su finca “Gómez Cardeña”. El motivo exacto nunca se supo. Se dijo que era porque padecía una enfermedad incurable, un cáncer que lo tenía bastante deprimido y otros corrieron el rumor que fue por motivos pasionales con una rejoneadora colombiana llamada Amina Assis. En fin, mil cosas le achacaron, se prestó a mucha especulación el motivo de su suicidio. Belmonte fue excepcional como torero, convirtiéndose en un auténtico revolucionario.

El año pasado, tuve la oportunidad de visitar el Cementerio de San Fernando en Sevilla para colocar ante su tumba, en nombre de mi bisabuelo, el General Juan Vicente Gómez y de mi abuelo Florencio Gómez Núñez, unas flores por lo que significó como amigo de nuestra familia y gran figura del toreo.

Me llenó de emoción poder estar presente ante la tumba de ese fenomenal torero del que tanto me habló mi abuelo Florencio en nuestras agradables e inolvidables tertulias taurinas familiares.

Con cariño especial, un aficionado taurino venezolano, le dedica este homenaje a su memoria en el 60º Aniversario de su fallecimiento. 

Paz a su alma, maestro, don Juan Belmonte García (Q.E.P.D.).


Rafael Dupouy Gómez, coloca unas flores durante su visita a la tumba de Juan Belmonte en el Cementerio de San Fernando en Sevilla, el 6 de mayo de 2011. (Foto: Miguel Dupouy Gómez).

Rafael Dupouy Gómez

miércoles, 6 de abril de 2022

TOROS EN LA PLAZA MAYOR DE CARACAS EN 1673

 (Por: Rafael Dupouy Gómez)

Entrada en Caracas, Venezuela, de S. S. I. el Obispo D. Fray Antonio González de Acuña. composición original de Tito Salas. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Una acuciosa investigación histórica me llenó de profunda satisfacción al descubrir, mediante la lectura de un interesante estudio publicado en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia del año 1931, que conservamos en nuestros archivos, la celebración de espectáculos taurinos en la Plaza Mayor de Caracas, Venezuela, en el año 1673.

Como aficionado taurino me resultó sorprendente y muy importante poder compartir y aportar el relato que con lujo de detalles describió el historiador Luis Alberto Sucre, sobre el Gobernador y Capitán General Francisco Dávila Orejón y el gran recibimiento que se hizo al Obispo Don Fray Antonio González de Acuña, incluyendo los toros dentro de la celebración, demostrando, una vez más, lo legendaria y añeja que es la tradición taurina heredada de España en nuestro país.     

Cabe destacar, que Luis Alberto Sucre Urbaneja, luego de una ardua y minuciosa labor, supo conquistar un nombre respetable entre los historiadores de Venezuela. Inclinado preferentemente a los estudios coloniales, rastreó durante largos años en diferentes archivos hasta esbozar los anales de las autoridades civiles de la provincia y de la ciudad de Caracas, con una importante recopilación de datos sobre sus Gobernadores y Capitanes Generales.

Quiero resaltar que en los libros de consulta sobre los inicios de la actividad taurina en Venezuela, no hacen ninguna referencia a este acontecimiento, siendo totalmente desconocido por los aficionados de la Fiesta Brava. Igualmente, no ha sido citado por cronistas estudiosos del tema.

En obras como "Historia de Toros en Venezuela" de Manuel Landaeta Rosales o "Historia de la Conquista y Fundación de Caracas" del Hno. Nectario María, tampoco se narra el episodio del año 1673 que encontré casualmente mediante mi lectura y tenencia del libro de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, publicado en 1931. 

Se contaba que el año de 1560 Francisco Fajardo, natural de Margarita, hijo de un español del mismo nombre y de Doña Isabel, Cacica guaiquerí, vino por tercera vez a costa firme, con una corta expedición de españoles e indios y fundó un pequeño hato de ganado vacuno en Catia, cerca de lo que hoy es Caracas; dándole el nombre de valle de San Francisco. De consiguiente, desde entonces principió la diversión de toros a la que eran muy adictos los españoles. 

Las fiestas de toros y otras actividades parecidas comenzaron desde la época de la colonia cuando en 1567 don Diego de Lossada quien venía desde Nueva Segovia (Barquisimeto) a la conquista del Valle de San Francisco, paró con sus ejército en Nirgua o Nueva Jerez para conmemorar el 20 de enero la fiesta de San Sebastián. En ese sitio se señala que celebraron con toros y cañas y otros ejercicios militares.

Cuando se fundó la ciudad de Santiago de León de Caracas, la fiesta denominada de "toros y cañas", se hizo fundamental en los actos religiosos o conmemorativos, siendo organizadas principalmente por los Gobernadores y Capitanes Generales. Las festividades más representativas fueron las de Santiago, San Mauricio, San Sebastián y San Jorge, entre otras.

El Hermano Nectario María, en su libro "Historia de la Conquista y Fundación de Caracas" señaló los siguiente:

"Caracas celebraba anualmente la fiesta del Pendón Real en el aniversario de su fundación. En acatamiento a lo prescrito por la Real Cédula de Carlos V, lo que evidencia a todas luces, que ésta había tenido lugar, el 25 de julio de 1567.

El Pendón o Estandarte Real, confeccionado con tela de alta calidad, llevaba en una cara las armas del soberano reinante, y en la otra, el escudo de la ciudad. Quedaba siempre depositado en casa del Alférez Mayor, quien lo guardaba con respetuoso cuidado.

La víspera de la festividad de Santiago, el Gobernador, el Cabildo, los demás funcionarios y los vecinos más destacados vestían sus mejores trajes y montados en caballerías engalanadas con lucientes adornos, en brillante desfile se dirigían al domicilio del Alférez Mayor. Las calles por donde pasaba el desfile eran lujosamente adornadas. Los juegos de cañas y toros eran las distracciones favoritas en la celebración del patrono de la ciudad de Caracas".

La Plaza Mayor de Caracas, en la época colonial, se convirtió en el escenario para el disfrute de las fiestas de Pascuas, las patronales, la celebración del advenimiento de los Reyes, nacimientos de príncipes, matrimonios reales y de triunfos políticos y militares de España hasta 1821. 

No se hace referencia al importante acontecimiento del recibimiento en 1673 del Obispo Don Fray Antonio González de Acuña que reproduzco en este artículo para el conocimiento de los amables lectores: 

EL GOBERNADOR Y CAPITÁN GENERAL DÁVILA OREJÓN Y

EL OBISPO GONZÁLEZ DE ACUÑA

Entrada en Caracas, Venezuela, de S. S. I. el Obispo D. Fray Antonio González de Acuña. composición original de Tito Salas. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

"Reunida en la Plaza Mayor de Caracas, se oyó por voz de un pregonero la grata noticia de que la llegada del Obispo sería celebrada con regocijos públicos. Al momento principiaron los preparativos para las fiestas, pues era corto el tiempo y había que ir al campo en solicitud de buenos toros para la lidia y las coleadas". 

"Atendiendo a las buenas partes de experiencia y calidad" y haber servido treinta y seis años fielmente a S. M., fue nombrado por Real Título dado en Madrid a 31 de mayo de 1673, Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela, el Maestre de Campo Don Francisco Dávila Orejón Gastón, Caballero de la Orden de Santiago; el cual, días después se embarcó en Cádiz, rumbo a La Guaira, con su mujer Doña Francisca de Orejón y Herrera, sus hijos Don Francisco Baltazar, Doña Magdalena, Doña Teresa, Doña Josefa, y su servidumbre. En el mismo buque venía Su Ilustrísimo Señor Obispo Don Fray Antonio González de Acuña, y ambos desde Cumaná anunciaron por cartas su próxima "arribada al puerto de La Guaira". 

Llegado el aviso a Caracas, el Ayuntamiento dispuso que se les recibiera dignamente, y diputó a los Regidores Don Gabriel de Ibarra y Don Juan Mijares de Solórzano para esperarlos en el puerto, y darles la bienvenida en nombre de la ciudad. 

El 9 de septiembre de 1673 llegaron a La Guaira el Gobernador y el Obispo; el 10 hizo su entrada a Caracas Dávila Orejón, y el 11 de septiembre, tomó posesión del gobierno. 

Al día siguiente, reunidos en Cabildo el nuevo Gobernador y todo el Ayuntamiento, se leyó por el escribano Fernando Aguado de Páramo, una carta de Don Pedro Lozano, Maestro de Ceremonias de la Catedral, en la cual participaba a la Ilustre Corporación que "al otro día miércoles 13 de este presente mes", a las cuatro de la tarde, haría su entrada a Santiago de León el Ilustrísimo Señor Obispo Don Fray Antonio González de Acuña. 

Venía el Obispo precedido de justa fama de sabio y bondadoso prelado, fama que después justificó durante los diez años de su episcopado, fecundo para la provincia en obras de progreso intelectual, moral y material. 

Quiso el Gobernador, secundado por el Ayuntamiento, que se hiciera al Obispo recibimiento digno de sus virtudes. Y tal fue el entusiasmo que despertó en los cabildantes la llegada de tan preclaro Obispo, que mandaron quedase constancia en los libros del Ayuntamiento de la manera como se había recibido al Obispo, "para que quedando memoria del recibimiento, pudiera recordarse en todo tiempo". Cumplo, pues, a los doscientos cincuenta y cuatro años el deseo de aquellos señores, de recordar a los caraqueños la manera como se recibió al Obispo González de Acuña. 

En la misma tarde del 12 de septiembre de 1673, los repetidos toques de caja en todas las esquinas anunciaron a la población que se iba a pregonar un bando, y ésta reunida en la Plaza Mayor, oyó "por voz de pregonero" la grata noticia de que la llegada del Obispo sería celebrada con regocijos públicos, nueva que la multitud aplaudió entusiasmada. 

Al momento principiaron los preparativos para las fiestas, pues era corto el tiempo y había que ir al campo en solicitud de buenos toros para la lidia y las coleadas; reunir los músicos y los cantadores, arreglar los trajes de los diablos, limpiar la Plaza Mayor, adornar las calles y mil otros detalles. Se trabajó hasta tarde de la noche. 

Antes del amanecer del día siguiente, las detonaciones de lo morteros en la Plaza Mayor anuncian a Santiago de León el comienzo de las fiestas; las estrepitosas cámaras de San Francisco, San Pablo, San Mauricio y San Jacinto corresponden al aviso, al mismo tiempo que todas las campanas de la ciudad, con sus alegre repiques, invitan a los fieles a tomar parte en los festejos, que principiaran con misas cantadas en acción de gracia por la feliz llegada del Prelado. 

"A las diez de la mañana todo está listo; los toros en el toril, traídos por Don José Pérez de Valenzuela, mozo gran coleador, sobrino de Don Mateo Blanco Infante, Capitán de Regocijos nombrado por el Ayuntamiento. En la Plaza Mayor comienzan a reunirse grupos de impacientes". 

Oída la misa, siguen los preparativos. En la Catedral, en la Obispalía, en el Ayuntamiento, en todas partes se disponen los últimos detalles de las fiestas, que habían de ser rumbosas; en las casas particulares las señoras arreglan sus trajes y adornos de más lujo, y los caballeros vigilan el baño de los caballos y el aderezo de los arreos de gala que han de llevar al recibimiento. 

A las diez de la mañana todo está listo; los toros en el toril, traídos por Don José Pérez de Valenzuela, mozo gran coleador, sobrino de Don Mateo Blanco Infante, Capitán de Regocijos nombrado por el Ayuntamiento. En la Plaza Mayor comienzan a reunirse grupos de impacientes; de allí subirán todos a las dos de la tarde a esperar al Obispo, "más arriba del convento de la Merced, donde es costumbre salir a los recibimientos". 

Quedaba para entonces el convento de la Merced fuera del recinto de la ciudad, una manzana más abajo hacia el Oriente, de donde hoy esta el templo de La Pastora. El camino de La Guaira bajaba hasta la esquina de Torrero, donde se dividía en dos: uno seguía derecho hasta el Urapal, atravesando por la hoy plaza de La Pastora, y allí torcía hacia el Guanábano, pasando por delante del convento; el otro, que bajaba por detrás del monasterio, costeando el río Catuche, también iba a parar al Guanábano. 

El espacio comprendido entre estos dos caminos era el sitio designado para esperar a Su Ilustrísimo Señor Obispo, quien al llegar allí echo pié a tierra; el Gobernador, que le esperaba desmontado, fue hacia él, se hicieron las ceremoniosas cortesías de estilo, le dio el Obispo a besar su anillo, se abrazaron y juntos recibieron el homenaje del Cabildo eclesiástico, el Ayuntamiento y las congregaciones religiosas. Pasaron luego al convento, donde se le había preparado un refresco, revistióse el Obispo, y se puso en marcha la procesión en el orden siguiente: por delante, en pelotón, todos los que habían ido a caballo y no tenían representación especial; seguían los familiares del Obispo; después, dos clarines y un heraldo, a caballo, luciendo su penacho de grandes plumas rojas; los maceros del Ayuntamiento, con sus hermosas mazas de plata; después, a corta distancia, el Gobernador y Capitán General, su antecesor Don Fernando de Villegas, el Ld. Don Diego de Acosta Cabrera, del Consejo de S. M. y Juez de Residencia, los señores del Ayuntamiento, el Teniente General, y el Sargento Mayor de la ciudad, montando briosos caballos, lujosamente enjaezados; luego venían, a pié, las comunidades religiosas y el clero, precedidas de sus cruces altas y estandartes, después, las músicas y "cantores de los salmos"; el Comisario del Santo Oficio con su Alguacil Mayor y su notario; y por último, "el Capítulo y algunos prelados y magnates rodeando al Señor Obispo, revestido, con su mitra y a caballo". 

Montaba Su Señoría un hermoso caballo rucio del Capitán Ladrón de Guevara, conducido por dos palafreneros y enjaezado con los aperos de gala del Alférez Real Don Francisco de Aguirre y Villela, cubiertas las ancas por una larga gualdrapa de terciopelo morado con las armas del Obispo bordadas en las puntas. 

Después venía en gran número la gente del pueblo; hombres, mujeres y niños; blancos, indios, negros y mestizos; muchos habían salido hasta La Cumbre, y otros formaban en la comitiva desde La Guaira. 

Del convento bajó la procesión por Amadores y el Callejón del Guanábano, que entonces era camino real, hasta la esquina hoy de la Merced, donde principiaba la ciudad; allí había un arco formado por ramas de sauce y palmas, coronado con las insignias del obispado. 

Por la calle de San Sebastián, adornadas las ventanas y balcones con tapices y colgaduras, y cuajada de gentes de todas clases, entró la procesión a la ciudad, siguiendo hasta la esquina de la Plaza Mayor de Caracas, de donde fue a la Catedral. 

"Mientras tanto en la Plaza Mayor se lidiaron los toros, se corrieron caballos, y al ritmo de guitarras y maracas se bailaron alegres y bullangueros joropos, bebiendo y cantando hasta el toque de ánimas en que cada quien se retiró a su casa". 

Cantado el Te Deum, el Gobernador con su acompañamiento civil y militar se retiró a su morada, que estaba frente a la Plaza Mayor, donde hoy esta el Correo; y el Obispo con su séquito eclesiástico se fue a la Obispalía, situada entonces en el ángulo N. E. de la esquina de las Gradillas. 

A las cinco y media de la tarde entró al Palacio Episcopal el Gobernador, acompañado de la Gobernadora y de algunos caballeros y señoras de la aristocracia. Ya estaban allí los señores del Ayuntamiento con sus señoras y mucha de la gente principal que asistirían al banquete con que les obsequiaba el Obispo. 

Mientras tanto en la Plaza Mayor se lidiaron los toros, se corrieron caballos, y al ritmo de guitarras y maracas se bailaron alegres y bullangueros joropos, bebiendo y cantando hasta el toque de ánimas en que cada quien se retiró a su casa. En el Palacio se prolongó la tertulia hasta las diez. 

Al otro día, reunido el Ayuntamiento en sesión solemne, a las dos de la tarde se presentó un eclesiástico, mensajero del Obispo, y anunció la visita de Su Señoría Ilustrísima. 

El Gobernador y el Cabildo salieron a la puerta de la casa capitular, y en pié, esperaron la llegada de Su Señoría. 

En lujosa silla de mano pintada de verde, con arabescos dorados y tapizada de damasco rojo, llevado por dos lacayos que vestían hopalandas moradas, llegó S. S. el Señor Obispo a las puertas del Ayuntamiento; hechas las reverencias impuestas por la etiqueta, se le rogó entrara el primero a Palacio. Precedido de dos maceros y un ujier atravesó S. S. los corredores y la primera sala; había en la segunda, sobre la alfombrada tarima, "dos sillones con cojín y tapete", donde se sentaron Sus Señorías el Obispo y el Gobernador, a sus lados, los Alcaldes Don Juan de Brizuela y el Capitán Don José Rengifo Pimentel, después de los Regidores por orden de antigüedad; cerradas las puertas de la sala, el señor Obispo, de pie, "con razones doctas, cordiales y amorosas", manifestó su gratitud por la manera como había sido recibido por la ciudad, y dijo que sería a un tiempo pastor y siervo de su rebaño. Luego, uno a uno dieron las gracias a Su Ilustrísimo Señor Obispo, se abrieron las puertas y todos salieron, sombrero en mano, acompañándolo hasta la Plaza Mayor; allí, después de dar la bendición al pueblo, subió en su silla de mano y se retiró. 

Al hacer tal recibimiento a su Prelado, parece que Caracas presentía los beneficios que de tan ilustre Obispo iba a recibir; a él se debe la creación del Seminario de Santa Rosa, primera piedra de nuestra Universidad; igualmente, el primer acueducto de Caracas, la terminación del nuevo Palacio Episcopal, la erección de las vice-parroquias de San Pablo y de Altagracia, y de varios institutos de caridad; fue siempre bondadoso y servicial para con todos y recto en el cumplimiento de sus deberes; cumpliendo así su promesa "de ser a un tiempo pastor y siervo de su rebaño". 

Falleció Su ilustrísimo Señor Obispo Fray Antonio González de Acuña en Trujillo (Venezuela), el 22 de febrero de 1682. El mismo día de su fallecimiento había escrito al Cabildo de su Catedral anunciándole su próxima muerte y dándole la bendición. 

Corto fue el período en que gobernó el Capitán General Francisco Dávila Orejón, y nada que merezca recordarse, fuera de la erección del seminario de Santa Rosa, se descubre en los pocos documentos que de su tiempo hay en nuestros archivos. 

En octubre de 1673, se publicó en Caracas la Real Cédula anunciando la guerra con el Rey de Francia. 

Hallándose el Capitán General Dávila Orejón en La Guaira, a donde fue a despachar "los bajeles que salieron a limpiar las costas de enemigos", murió repentinamente, el 13 de septiembre de 1674. Allí se le enterró, haciéndole los honores correspondientes a su rango. 

El Capitán General Francisco Dávila Orejón, natural de Tenerife, fue un militar pundonoroso y un probo gobernante, en Cuba, donde gobernó de 1664 a 1670, hizo un muy buen gobierno. También fue un escritor distinguido; en la Biblioteca Nacional de Madrid hay dos obras suyas. Cuando vino a Venezuela era de edad bastante avanzada.

LUIS ALBERTO SUCRE. 

(Publicado en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Tomo XIV. Julio-Septiembre de 1931. Número 55. Caracas, Venezuela. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).


martes, 8 de marzo de 2022

LA TEMPORADA DE TOROS EN CARACAS DEL AÑO 1909

(Por: Rafael Dupouy Gómez)

De izquierda a derecha, los diestros españoles contratados: Juan Cecilio Villanueva, "Punteret", Eduardo Serrano, "Gordet" e Isidoro Martí "Flores". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Las corridas presentadas en el Circo Metropolitano de Caracas, fueron bajo los auspicios del General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela. 

Recordando la muy apasionante y rica historia taurina venezolana de principios del siglo XX, comparto con los amables lectores la Temporada Oficial del año 1909 efectuada en el Circo Metropolitano de Caracas. Fueron contratados los toreros españoles: Juan Cecilio Villanueva, "Punteret"; Eduardo Serrano, "Gordet", y el infortunado diestro Isidoro Martí "Flores", fallecido en Caracas en 1921.

Para complementar y enriquecer este trabajo de investigación, resultó fundamental la consulta del magnífico libro titulado "Los Toros en Venezuela" de Carlos Salas, así como otras publicaciones pertenecientes a nuestros archivos taurinos.

Mi bisabuelo, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, gran aficionado, ganadero e impulsor de la Fiesta Brava en Venezuela, acudió entusiasmado al Circo Metropolitano de Caracas para disfrutar, durante su primer año como como Presidente de la República, la temporada taurina que fue organizada bajo sus auspicios.

A la izquierda: El Circo Metropolitano de Caracas. A la derecha: El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Para esta temporada se trajeron de España seis toros de pura casta de la prestigiosa ganadería de don Eduardo Olea, divisa negra oro viejo.

La primera corrida se celebró el domingo 31 de octubre de 1909, con todo el ceremonial de costumbre, inaugurándose la temporada con los matadores Isidoro Martí, "Flores", y Juan Cecilio Villanueva, "Punteret". Se lidiaron toros criollos de Mariara, propiedad del General Juan Vicente Gómez.

Las crónicas de la época reseñaron que se registró una buena entrada para disfrutar la corrida, en la que los diestros nombrados tuvieron éxito ante un encierro poderoso y bravo.

La segunda corrida de la temporada se celebró, el 7 de noviembre de 1909, integrando el cartel: "Flores" y "Gordet", lidiando nuevamente reses de Mariara, propiedad del General Gómez, que dieron buen juego, permitiendo otro triunfo para los matadores que tomaron parte en la corrida.

Los domingos 14, 21 y 28 de noviembre de 1909, la terna de matadores "Flores", "Punteret" y "Gordet" efectuaron combinaciones que fueron del agrado del público. En estas corridas se lidiaron reses criollas.

Para la sexta corrida, celebrada el 5 de diciembre de 1909, se montó el cartel a base de "Punteret" y "Gordet" y seis reses criollas de don Francisco Gorrín. En esta corrida se lidió un toro de Olea (pura casta) a simulacro, actuando los picadores Joaquín Aparicio, "Chimo" (español), y Luis García, "Tetero" (venezolano).

Para permitir la actuación de estos varilargueros, se obtuvo un permiso especial de las autoridades, ya que la suerte de varas estaba prohibida en nuestras plazas. Los caballos fueron forrados con corazas de cuero para evitar que resultaran heridos, adelantándose así el uso del peto.

Asistió el Presidente de la República, General Juan Vicente Gómez, sus ministros, familiares y un numeroso grupo de amigos.

Los toros de don Francisco Gorrín resultaron gordos y poderosos todo un encierro, como lo demostraron a través de la corrida, en la que los diestros "Punteret" y "Gordet" hicieron lo posible por cumplir, lográndolo a medias.

De lo sucedido en la suerte de varas, escribió el cronista taurino Francisco de León "Paco de Oro" en el diario "El Universal": “El toro español no dio mayor nota de bravura. "Gordet" le hizo una faena de aliño y simuló muy bien la muerte. No se prestó para la suerte de pica; en cambio, el criollo que se jugó en cuarto lugar fue un ejemplar bravo y noble; éste fue picado por el venezolano "Tetero" y el español "Chimo", y ambos fueron derribados de los caballos, recibiendo fuertes aporreos. Este mismo toro dio aparatosa voltereta a "Punteret" al ir a muletearlo, debido a lo fangoso del ruedo, pues en ese momento caía una llovizna impertinente que hacia imposible la lidia; llevó un fuerte varetazo en el estómago que lo privó del conocimiento y fue trasladado a la enfermería dando por terminada la corrida, pues la plaza se volvió un barrizal por la fuerte lluvia que se desató en ese momento”.

Cartel de la corrida celebrada, el 12 de diciembre de 1909, bajo los auspicios del General Juan Vicente Gómez en el Circo Metropolitano de Caracas, Venezuela. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El domingo, 12 de diciembre de 1909, actuaron los espadas "Flores", "Punteret" y "Gordet" y los picadores "Chimo" y "Tetero".

El cartel de la Corrida señalaba: Plaza de Toros de Caracas. Empresa Muñoz & Ca. Bajo los auspicios del General Juan Vicente Gómez, Presidente Provisional de Venezuela. Domingo, 12 de diciembre de 1909, a las 4 p.m. en punto. Séptima Corrida de la Temporada con rebajas de precios. La Suerte de Pica. Con el superior permiso del ciudadano Gobernador del Distrito Federal, se ejecutará la suerte de PICA en tres de los toros que han de lidiarse. Orden de la Corrida: Con permiso de la autoridad competente y si el tiempo lo permite, se lidiarán a muerte 6 Bravísimos Toros y 2 de Reserva de la ganadería de Gorrín, escogidos por el inteligente Perdomo. Probado está que los toros CRIOLLOS se crecen al castigo; el éxito del domingo lo confirmó. La empresa en vista de la acogida que obtuvo entre los aficionados la SUERTE DE PICA, ha solicitado y obtenido del ciudadano Gobernador del Distrito Federal, el permiso para el próximo domingo, picar TRES DE LOS TOROS QUE HAN DE LIDIARSE. Con el ganado gorrinero, y la combinación de matadores, que tenemos el gusto de presentar, a pesar de lo crecido del presupuesto; no es aventurado augurar una buena tarde a la afición. Director Técnico: Arturo Guardia. Espadas que alternarán: PUNTERET-FLORES-GORDET. Banderilleros: Ulpiano Vega "Veguita", Antonio Ganga "Trallero", Manuel Martínez "Cerrajillas", Antonio Rueda "Rueda" y José García "Doble". Puntillero: Manuel Sánchez "Cartujano". Picadores: Joaquín Aparicio "Chimo" y Luis García "Tetero".

Esa tarde se lidiaron ocho toros gorrineros de buena presencia, bravos y nobles. Hubo una magnífica entrada del público. A las cuatro en punto hizo acto de presencia el General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República y su secretario, el General Antonio Pimentel. Los diestros derrocharon arte y valor toda la tarde, recibiendo ovaciones y regalos. El segundo toro fue un bello ejemplar de Gorrín, bravo y poderoso. Fue el elegido para ser picado. Saltó al ruedo únicamente el venezolano "Tetero", ya que el "Chimo" "escurrió el bulto". "Tetero", apenas salió al ruedo, fue arremetido por el gorrinero, que lo derribó, volviéndose un lío toro, caballo y picador; los matadores no acudieron al quite y el bravo animal salió congestionado y reparado de la vista, por lo que el matador se limitó a darle cuatro muletazos y un bajonazo.

"Flores" estuvo bien toda la tarde, gustando mucho por su valor y entrega.

"Gordet", regular. "Punteret", a causa del lío del toro picado, se lució poco, aplaudiéndosele únicamente por la estocada a su primero, que fue buena y efectiva.

El domingo 19 de diciembre de 1909, fue la corrida a beneficio de los matadores "Punteret" y "Gordet", con la reaparición de Antonio Padilla y la presentación en temporada formal del diestro venezolano Pedro Planas, "Musiquita". Se lidiaron toros de Gorrín.

Lucieron los toreros sus trajes de luces: "Punteret" (celeste y oro), "Gordet" (lila y oro), Padilla (corinto y oro) y "Musiquita" (tabaco y oro).

La labor de los diestros en esta corrida fue la siguiente: "Punteret", en su primero, realizó una faena de muleta valiente, y colocó un buen espadazo, que fue aplaudido. En su segundo, estuvo bastante deficiente siendo pitado.

"Gordet", en su primero, tras faena breve cobró una buena estocada. En su segundo, que brindó al General Antonio Pimentel, no hubo nada notable. Cobró buena estocada y recibió regalo en doradas peluconas. Padilla, se portó muy valiente en sus dos toros, recibiendo un obsequio del General Francisco Colmenares Pacheco, a quien brindó la muerte de su segundo.

El torero venezolano Pedro Planas, "Musiquita", estuvo muy valiente esa tarde. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Francisco de León "Paco de Oro", cronista del diario "El Universal", señaló sobre el venezolano: "Musiquita demostró que posee valor, y aunque tiene mucho que aprender, se le vio pasar de muleta, torear de capa y entrar a matar con arrojo y estilo. Este joven puede llegar a mucho en el toreo, porque tiene buenas condiciones para ello. A sus dos toros los despachó bien; al primero, de media estocada en la cruz, y al segundo, de una entera en su sitio, siendo enganchado dos veces por la pechera aparatosamente; recibió un buen obsequio en dinero del señor General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República y fue largamente ovacionado por sus paisanos".

Pedro Planas "Musiquita" nació en Caracas, Venezuela, el 29 de junio de 1888. Considerado como uno de los toreros venezolanos más antiguos. De grandes facultades, prometió mucho como novillero. Toreó frecuentemente en el Circo Metropolitano de la ciudad capital. Viajó a Colombia cosechando éxitos en Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. Era hermano de Juan Planas "Morenito de Caracas"

El sábado 25 de diciembre de 1909, se celebró la última corrida del año y en ella tomaron parte los espadas "Gordet" y Vicente Mendoza, "El Niño"; la corrida resultó mediocre, y la entrada, muy floja.

En el mes de febrero de 1910, desembarcó en Barcelona, España, Isidoro Martí "Flores" procedente de Venezuela, dirigiéndose a su natal Valencia. 

ISIDORO MARTÍ "FLORES"

Isidoro Martí "Flores". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Isidoro Martí Ferrando "Flores", nació el 12 de mayo de 1884 en Alfarrasí, Valencia, España. El 15 de julio de 1906 hizo su presentación en Madrid, alternado con Gregorio Taravillo "Platerito" y Rufino San Vicente "Chiquito de Begoña", ante reses del marqués de los Castellones y de Félix Gómez. "Flores" tuvo una buena actuación, gustando mucho al público y fue desde aquel día uno de los novilleros más solicitados por la afición, especialmente en los años de 1907 a 1910.

Como novillero, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, se presentó por primera vez, el 12 de julio de 1908, ante novillos de Gamero Cívico, alternando con Antonio Muñoz "El Copao" y Juan Gómez "Valencina". Repitió, el 9 de agosto de 1908, ante reses de Gregorio Campos, con Manuel Navarro "Navarro de Brenes" y el niño José Puertas "Pepete Chico", quien toreó dos becerros. Posteriormente, el 12 de junio de 1910, ante toros portugueses de Palha y Patricio, se presentó Isidoro Martí "Flores" en el albero maestrante, con Rafael Valencia "El Seri" y Fernando Rosales "Rosalito de Castilleja", estoqueando tres novillos debido a que Rosalito fue herido. El 26 de junio de 1910, ante novillos de Miura, alternó con Andrés del Campo "Dominguín" y Antonio Escobar "Boto Chico". El 17 de julio de 1910, ante novillos de Miura, se presentó con Antonio Ruiz "Reverte II" y Luis Guzmán "Zapaterito". El 30 de julio de 1910, frente a novillos de Miura, toreó con "Vázquez II" y "Zapaterito". Todas estas presentaciones fueron en el coso de El Baratillo.

Tomó la alternativa el 28 de septiembre de 1910, en la Feria de San Miguel, en la Maestranza de Sevilla, ante reses de Anastasio Martín. En el toro de su doctorado de nombre "Dormilón" estuvo muy bien y dio una vuelta al ruedo. Joaquín Navarro "Quinito" fue quien le dio la alternativa, estando como testigo, Rafael Gómez "El Gallo". Al día siguiente, en la misma plaza y con el mismo cartel, lidiando toros de Miura, "Flores" estuvo muy valiente y adornado, siendo muy aplaudido, ante sus alardes de maestría. "El Gallo" realizó una faena colosal, a su segundo toro en una lidia muy completa que culminó con una gran estocada. Fue fuertemente ovacionado y aclamado.

El 25 de marzo de 1911, Isidoro Martí "Flores" tuvo un gran triunfo en la Feria de La Magdalena de Castellón de la Plana, cortando dos orejas, una a cada ejemplar, de la temible ganadería de Miura, alternando con Vicente Pastor y Rafael Gómez "El Gallo". Viajó a México y toreó mucho de 1911 a 1912.

El 26 de noviembre de 1911, en la plaza de toros "El Toreo" de México, Isidoro Martí "Flores" tuvo su mejor actuación; al quinto toro de "Tepeyahualco", bravo y noble, lo aprovechó con una gran faena, matándolo bien y en buena forma; perdiendo la oreja, luego de que el toro se amorcilló y tuvo que descabellarlo en varios intentos. Alternó con Luis Freg, en un mano a mano. En ese coso toreó cuatro tardes esa temporada.

Confirmó su alternativa en Madrid, el 15 de septiembre de 1912, de manos de Rafael Gómez Ortega "El Gallo", cediéndole la muerte del toro "Obispero", actuando con Paco Madrid, quien tomaba la alternativa, escuchando muchos aplausos.

El año 1914 fue cogido al matar superiormente a su primer toro en la plaza de toros de Vista Alegre en Carabanchel donde tuvo muchos éxitos y conquistó gran cartel, donde se le recordaba por sus grandes faenas. Toreó un total de 17 corridas ese año 1914 y 9, en 1915, a pesar de ser un torero digno.

En el mes de marzo de 1916, en la finca de Cástor Ibarra "Cocherito de Bilbao", en San Fernando, Isidoro Martí "Flores" preparó una exquisita paella valenciana que disfrutaron "Cocherito de Bilbao", su mozo de espadas Felipe, y el prudente "Poeta", escudero de Manolo Bienvenida.

Desde el año 1916, toreó regularmente siendo protegido por "Joselito". Viajó a Portugal, donde actuó en las plazas de Lisboa y Cascais.

Impresionante momento de la grave cornada sufrida en el pecho por el torero valenciano Isidoro Martí "Flores" en la plaza de toros francesa de Béziers, el 26 de junio de 1921. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El 26 de junio de 1921, sufrió una grave cornada en Béziers, Francia, al pasar de muleta al toro de nombre "Aceituno" de don Alipio Pérez Tabernero, ingresando a la enfermería con una herida en el pecho, de la que no sanó completamente. Fue un torero muy castigado por los toros. Se hizo empresario en Caracas y murió en la capital de Venezuela, el 4 de diciembre de 1921. Según Cossío: "Fue un excelente torero y estoqueador seguro a quien no se dio la importancia que tenía. Era valiente y pundonoroso, por lo que jamás hizo un mal papel en la plaza. Modesto y serio por naturaleza".

MUERTE DE ISIDORO MARTÍ "FLORES" EN CARACAS

Isidoro Martí "Flores" y la tumba donde reposan sus restos en el Cementerio General del Sur en Caracas, Venezuela. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El domingo, 4 de diciembre de 1921, falleció a la 1:00 p.m. el diestro español Isidoro Martí "Flores" en su casa, en la calle Real de Sabana Grande, en Caracas, Venezuela, a los 37 años de edad. "Flores" murió a consecuencia de unas dolencias que venía sufriendo por la grave cornada recibida en Béziers, Francia, el 26 de junio de 1921, alternando con José García "Alcalareño" y Bernardo Casielles. El toro que le causó la cornada se llamaba "Aceituno" y era de la ganadería de don Alipio Pérez Tabernero. Isidoro Martí Ferrando "Flores" había nacido en Valencia, España, el 12 de mayo de 1884. En el Cementerio General del Sur en Caracas, Venezuela, reposan los restos del infortunado diestro, cuya desaparición causó honda pena en el corazón de la afición taurina venezolana.

El doctor Ramón Aveledo emitió el certificado de defunción, señalando: "la muerte le vino a causa de una linfocitémia ganglionar, al no tener totalmente cerrada la herida del pulmón, del que se le había extraído una costilla, por esta causa se le produjo una tuberculosis pulmonar".

Cementerio General del Sur en Caracas, Venezuela. Un grupo de amigos del desaparecido diestro español Isidoro Martí "Flores", visitan su tumba, destacándose en el centro, el ídolo venezolano del toreo Eleazar Sananes "Rubito". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Desde que la Asociación de Toreros fue fundada, perteneció "Flores" a sus Directivas, casi siempre como vice-presidente, dedicándole una labor encomiable, recta y altruista. Isidoro Martí "Flores" fue uno de los toreros más inteligentes y cultos de su época.

JUAN CECILIO VILLANUEVA "PUNTERET"

Juan Cecilio "Punteret". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Juan Cecilio Villanueva "Punteret", nació en Madrid el 15 de octubre de 1886. Hijo de familia bien acomodada, se empeñó en ser torero. Empezó desde su niñez a rodar por las capeas, a pesar de la oposición de sus padres.

Después de figurar de banderillero en diferentes plazas, debutó como matador de novillos en la plaza de Salamanca, el 2 de Mayo de 1903, estoqueando novillos de Carreros en compañía de sus paisanos "Dominguín chico" y, Manuel García (hijo de Felipe).

El 17 de diciembre de 1905, se presentó en Madrid como novillero con Anastasio Castilla "Negrete" y Ramón Belado "El Carbonero" para matar un astado cada uno, estando muy valiente.

En las novilladas de invierno de 1907 se destacó por su toreo de capa, lo acertado en los quites y, sobre todo, por su  gran manera de torear de muleta y la valentía al estoquear; fue el novillero de moda, al extremo que en ese año y el siguiente, resultó ser el que consiguió más actuaciones.

Su debut en Sevilla, el 16 de mayo de 1909, fue un acontecimiento, ante reses de Pérez de la Concha, alternando con Antonio Pazos y José García "Alcalareño". El madrileño "Punteret", fue el héroe de la tarde, y el público, no cesó de aplaudirle, saliendo muy contentos del trabajo realizado por el diminuto diestro.

Con el capote estuvo magistral. Hizo quites admirables, y, en una palabra, hizo todo cuanto se puede hacer en el toreo.

Las plazas de toros en Barcelona, La Línea, Valencia y otras lo prefirieron entre los novilleros por su valor. Parecía increíble que un muchacho tan pequeño pudiera dar excelentes estocadas en todo lo alto del morrillo de los toros.

Pasó el invierno de 1909 a 1910 en Caracas, Venezuela, donde toreó un buen número de corridas. Fue un diestro que recibió muchos percances.

El 12 de febrero de 1911, tomó la alternativa en Alicante, siendo su padrino, su paisano Tomás Alarcón "Mazzantinito", actuando de segundo espada Antonio Boto Recatero "Regaterín", quien fuera sobrino del famoso banderillero de "Frascuelo", Victoriano Recatero. Se lidiaron toros de Veragua y asistió a la corrida Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII.

El 9 de julio de 1911, confirmó su alternativa en Madrid, de manos del mismo "Mazzantinito", siendo segundo espada Julio Gómez Cañete "Relampaguito", lidiando toros de López Quijano.

Viajó a México, donde toreó cinco corridas en la plaza de toros de "El Toreo", la temporada 1912-1913.

El 5 de mayo de 1921 se celebró en Madrid una corrida con toros de Concha y Sierra y los tres toreros, José Gómez Roca "Joseíto de Málaga", Alfonso Cela "Celita" y Diego Mazquiarán "Fortuna", terminaron en la enfermería. Con el cuarto toro en el ruedo varios toreros asistentes como espectadores se ofrecieron a matar a los toros que quedaban. El presidente autorizó a Juan Cecilio Villanueva "Punteret" a que lidiara y matara el cuarto, tras lo cual suspendió la corrida.

En 1923, mató una corrida en Barcelona. En los últimos años de su vida fue Asesor en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid.

Falleció en Madrid, España, el 4 de marzo de 1945, a la edad de 58 años.

EDUARDO SERRANO "GORDET"

Eduardo Serrano "Gordet". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Eduardo Serrano Guerrero "Gordet", nació el 22 de septiembre de 1880, en Játiva, Valencia, España. Al igual que "Punteret", era de pequeña estatura.

El 19 de septiembre de 1897 se presentó por primera vez ante su afición levantina matando un becerro. El 3 de noviembre de 1899, se vistió por primera vez de luces. Formó parte de la cuadrilla de Niños Valencianos, junto a "Ostioncito", "Chatillo" y "Sotoca".

Figuró como director de la cuadrilla de las Señoritas Toreras, y al regresar de América, donde en unión de ellas hizo una lucrativa campaña, contrajo matrimonio con la catalana Lola Pretel, "Lolita", matadora de la mencionada cuadrilla. Allí emprendió negocios personales con pobres resultados, que lo obligaron a continuar como novillero. Toreó en el año 1900 en Barcelona, España, estando regular. Posteriormente, logró fama de torero bueno en la región de levantina. El 27 de febrero de 1910 debutó en Madrid estoqueando novillos de don Patricio Sanz, actuando con Alfonso Cela "Celita" y José Morales "Ostioncito", adquiriendo mayor popularidad y prestigio. Se presentó en Panamá a comienzos del año 1911.

Lola Pretel, "Lolita", quien fue integrante de la cuadrilla de las Señoritas Toreras en compañía de su esposo Eduardo Serrano "Gordet". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El 21 de mayo de 1911, debutó en la Maestranza de Sevilla, enfrentándose a toros de Miura, alternando con "Vázquez II" y Eusebio Fuentes; siendo su única presentación en ese histórico coso. Toreó por las plazas de Barcelona, Zaragoza, Bilbao y Francia. Fue un torero que realizaba todas las suertes; especialmente, se destacó con mayor dominio, en el cambio de rodillas. El 9 de marzo de 1913, recibió en Toulouse, Francia, una grave cornada, que le rompió dos costillas. El 15 de agosto de 1913, en Orihuela, toreó su última corrida, alternando con "Algabeño II" y José Álvarez "Tello". Falleció el 25 de agosto de 1913, a los 32 años de edad, en Valencia, España, a consecuencia de la cornada recibida en Toulouse, Francia, ese año.

He querido compartir con los consecuentes lectores, el histórico recuerdo de aquella temporada taurina de 1909, en el viejo Circo Metropolitano de Caracas y rendir tributo a los toreros que tomaron parte en sus corridas, celebradas bajo los auspicios de mi bisabuelo, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, gran aficionado, ganadero y principal mantenedor de la Fiesta Brava en Venezuela.       

Rafael Dupouy Gómez