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jueves, 30 de abril de 2026

“MANOLETE”: 80 AÑOS DE SU DEBUT EN VENEZUELA

(Por: Rafael Dupouy Gómez)

Debut en Venezuela del “Monstruo” de Córdoba, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, en compañía del diestro venezolano Julio Mendoza y el peruano Alejandro Montani en la Maestranza de Maracay, el 1 de mayo de 1946. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).


Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, toreó en Venezuela dos corridas de toros en la Maestranza de Maracay, los días 1 y 12 de mayo de 1946 y un festival benéfico en el Nuevo Circo de Caracas, el 19 de mayo de ese mismo año. Estas fueron sus únicas presentaciones en Venezuela.

“Manolete”, debutó en Venezuela, actuando en la Maestranza de Maracay, el 1 de mayo de 1946. La Organización Gago lo presentó, la primera tarde, alternando con el venezolano Julio Mendoza Palma y el diestro peruano Alejandro Montani con toros de “Guayabita”.

El toro de nombre “Naranjito”, negro, marcado con el número 316, segundo de la tarde, fue el primer astado que lidió “Manolete” en Venezuela, quien vestía un precioso traje rosa y oro.

El cronista taurino Guillermo Austria “Chavalo”, describió así el sensacional momento vivido en Maracay (Venezuela) con el debut de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” que tanta expectación y emoción despertó en la afición: 
           
“El prodigioso cordobés saluda al guayabitero con cuatro verónicas para las cuales habría de inventar una adjetivación especial. Sin aspavientos ni contorsionismos, aquellos lances fueron simplemente soberanos, mandones, pletóricos de gracia, serenidad y arte, rematados luego con la ya célebre media verónica de su exclusiva propiedad, por la manera nunca sospechada con que el “Monstruo” la realiza. Otras dos verónicas, una revolera y repetición de su inverosímil media verónica integraron su labor del primer quite, dejando en el ambiente una sensación de grandeza indiscutible.

Brinda desde los medios y comienza la sensacional faena de muleta con pases por alto y por bajos ayudados que dejan a la clientela desconcertada, asombrada, convulsa de una sensación jamás sentida ante semejante prodigio de serenidad y mandonería. La muleta en manos de “Manolete” tiene vuelos inaugurales. Todos creíamos que lo que hizo no se podía ver nunca. Se acerca, se arrima y luego se pega del toro con el mismo desenfado de una vaca.

“Manolete” durante su actuación en la Maestranza de Maracay, Venezuela, en 1946. Fotos Villa. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Con dibujados naturales y tiránicos derechazos, se fajaba inverosímilmente el toro, alrededor. Las manoletinas, primorosa suerte de su invención, prendieron en el ambiente de la plaza la somnolencia embriagadora de un perfume, y otra serie de naturales, dados ahora con una exclusiva forma avasallante de correr la mano mirando a los tendidos, vertió más sobre el ruedo el vértigo del público hecho clamor de emocionado vocerío.

El hecho de haber tenido necesidad de recurrir al descabello después del espadazo que “sopló” al final, negó la posibilidad de adquirir en este toro algún simbólico trofeo. Pero ahí ha quedado, y de manera indeleble en la memoria de cuantos le vimos, la fantasmagoría real de todas sus faenas. La ausencia del galardón no afecta al mérito”.

En el quinto de la tarde, segundo de “Manolete”, el famoso diestro cordobés lo toreó primorosamente de capa pegándole al toro cuatro verónicas antológicas. Con la muleta ejecutó variados pases con ambas manos que fueron muy ovacionados. Entró a matar con decisión saliendo lastimado en el encuentro, recibiendo un pequeño varetazo en el estómago, siendo inmediatamente conducido hacia la enfermería de la plaza donde el eminente doctor José “Pepe” Izquierdo le realizó una adecuada cura y tratamiento. Al toro que no pudo matar “Manolete” por el pequeño percance recibido, lo despachó el venezolano Julio Mendoza habilidosamente con la puntilla.

El 12 de mayo de 1946, se volvió a presentar en la Maestranza de Maracay “Manolete” en un mano a mano con el diestro mexicano Carlos Arruza, actuando como sobresaliente el novillero venezolano Oscar Martínez. Llovió mucho ese día, pero los allí presentes pudieron ver enfrentarse a los dos colosos de la torería contemporánea.

“Manolete”, vestía traje de obispo y oro, mientras que su gran amigo el mexicano Carlos Arruza, llevaba puesto un traje tabaco y plata aquella tarde. El crítico taurino Guillermo Austria “Chavalo”, nos describe la actuación de “Manolete” y Arruza, el día de la histórica tarde del mano a mano:
           
“Aquellas verónicas de “Manolete”, aquellos sus naturales sus “manoletinas”, su pase de trinchera, los de pecho, en fin todo lo que en cantidad y calidad nos hizo, ante nuestros ojos aparecían como cosas nunca vistas. Como si fueran de estreno. Nos traían una sensación nueva. Un enervamiento desconocido hasta ahora. El extracto era el mismo pero distinto su perfume. Aquello era el zumo de mil flores del jardín de las delicias, del huerto de las maravillas. Nada lograríamos con intentar reseñarlo. Aquello era indescriptible. Fue inefable. Una oreja en uno y dos orejas en otro, total: tres orejas. Pero en realidad la cosa ha debido ser de esta manera: dos en el primero y en el quinto, las dos, el rabo y una pata, pero el Técnico no supo corresponder con entera justicia. Aquel quinto toro de “Manolete” merecía todos los honores habidos y por haber”.
                       
Aquellos tres escalofriantes faroles de rodillas con que Carlos Arruza saludó al sexto guayabitero de la tarde. Cuando el bizarro y temerario azteca dejó su posición de hinojos, en toda la plaza había un mareante olor a cloroformo. En todas las absortas pupilas la visión del “hule” humedeció los ojos de la tragedia. También como “Manolete” fue víctima de la “pichirrería” del Técnico, y solo se llevó al final de la triunfal jornada, cuatro orejas y un rabito, como si aquellos quinto y sexto toros no tuvieran patas que cortar.

En hombros de una multitud más que entusiasmada, enardecida, salieron por las calles de la ciudad afortunada este par de colosos de la torería, después de haber dado cada uno a mares lo que tienen: el poder y la fuerza”.

Posteriormente, “Manolete” se volvió a presentar, el 19 de mayo de 1946 en un festival taurino a beneficio de la Campaña Nacional de Alfabetización, realizado en el Nuevo Circo de Caracas, con toros de “Guayabita”, alternado con Julio Mendoza, Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” y los hermanos venezolanos, Oscar y Ricardo Martínez. En ese festival se despidió “Manolete” de la afición venezolana y del público de América.


“MANOLETE” Y ARRUZA VISITARON A FLORENCIO GÓMEZ NÚÑEZ

En mayo de 1946, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” y el torero mexicano, Carlos Arruza, durante su estadía en Maracay, visitaron a mi abuelo Florencio Gómez Núñez en su quinta “La Macarena”. Ambos vinieron acompañados de sus apoderados. “Manolete”, en compañía de José Flores “Camará”, muy amigo de mi abuelo, al que conoció desde que se inició en el mundo del toro, primero como torero y después como apoderado y Carlos Arruza con Andrés Gago, quien también contaba con la amistad de mi abuelo, siendo un gran empresario sumamente atento y cordial.

Recordaba mi abuelo Florencio: “Gratamente recibí la visita de “Manolete” y Arruza con sus respectivos apoderados junto con mi señora Elena y mis pequeños hijos, Rosa Elena y Florencio Vicente Gómez Arráiz. Al llegar los toreros y bajar del coche, los saludamos cariñosamente y los invitamos a pasar a la casa que fue diseñada por mi amigo Carlos Raúl Villanueva, considerado como el mejor arquitecto venezolano de todos los tiempos, siendo también el artífice de la Plaza de Toros Maestranza de Maracay que le encomendamos construir y que fue inaugurada, el 20 de enero de 1933.

Ocurrió una anécdota muy curiosa con la visita de “Manolete”, porque nosotros teníamos en la casa, dos perros de raza Boxer, muy fuertes y bravos, a los que la mayoría de las personas que visitaban la casa les tenían mucho cuidado y respeto. “Manolete”, llevaba elegantemente su chaqueta puesta por los hombros y después de ver a los dos perros merodeando bastante cerca de él, muy inquieto, se dirigió a nosotros, diciéndonos:

 “¡A estos perros, yo les tengo mucho más miedo que a los toros!”.

Finalmente, todos nos echamos a reír, después de aquel comentario que “Manolete” manifestó, demostrándonos el pánico que tenía ante los perros. Estuvimos conversando largo rato en un salón de la casa, donde todavía conservo el juego de recibo donde se sentaron “El Monstruo” cordobés y “El Ciclón” mexicano, junto a sus apoderados”.

Durante su estadía en Venezuela, “Manolete” y Arruza, estamparon su firma autógrafa con una bonita dedicatoria a mi abuelo Florencio en su álbum taurino, donde también aparecen las expresiones de amistad y cariño de grandes figuras del toreo que conoció a lo largo de los años, desde la fecha inaugural de la Plaza de Toros de Maracay en 1933.



Rafael Dupouy Gómez, autor del artículo, muestra la entrada del mano a mano en la Maestranza de Maracay entre el Monstruo” cordobés y el Ciclón” mexicano y la firma autógrafa de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” con dedicatoria a Florencio Gómez Núñez que dice: “Al gran aficionado y buen amigo Florencio Gómez con un abrazo, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, Caracas, 12 de mayo de 1946”. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

“Manolete”, fue un torero excepcional, tenía una gran personalidad y prestancia en la plaza. Así lo recordaba con añoranza mi abuelo Florencio Gómez Núñez:

“Mi impresión sobre “Manolete”, es la que nos ha causado a todos los taurinos. Yo lo califiqué siempre como una figura única, fuera de todos los grupos y escuelas taurinas tradicionales. "Manolete" fue un torero magnífico, porque lidiaba de igual manera a todos los toros y a todos los toros les hacía faena. ¡Qué difícil era lograr eso! Ese ha sido, indiscutiblemente, el gran mérito de "Manolete", que no se puso él a tono con los toros, sino que puso a los toros a tono con él. Yo creo que "Manolete" ha sido el torero con más valor de verdad que ha tenido el toreo. Le imprimía, con su carácter serio y sobrio, un sentido de solemnidad a lo que hacía, mostrando una verticalidad y una quietud asombrosa ante la cara de los toros. Era una constante en “Manolete”, la seguridad, verdad y decisión al ejecutar la suerte suprema.

Para mí ha sido un caso excepcional en el toreo. Toda persona o aficionado que recuerde alguna faena de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, no podrá olvidar nunca en su vida a esta gran figura del toreo y lo que significó para la Fiesta Brava”.


A la izquierda: “Manolete” en Maracay, Venezuela, año 1946 (Foto: Pérez). A la derecha: Rafael Dupouy Gómez ante la hermosa estatua de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, titulada “Su último brindis”, obra realizada por el gran escultor madrileño Emilio Laiz Campos. Plaza de Toros Maestranza “César Girón” de Maracay. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

He querido dedicar este recuerdo a “Manolete” en el 80º Aniversario de su debut en Venezuela.


Rafael Dupouy Gómez


sábado, 5 de febrero de 2022

"CAREMIS": "MANOLETE" DUEÑO DE SU MUERTE

 (Cortesía: Rafael Dupouy Gómez)

Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" durante una entrevista con el cronista taurino venezolano Carlos Eduardo Misle "Caremis" en el desaparecido hotel "Majestic" de Caracas, Venezuela, en mayo de 1946. El famoso "Monstruo" de Córdoba estampa su autógrafo en una foto tomada por Juan Avilán. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Comparto un artículo que conservó mi abuelo, Florencio Gómez Núñez, sobre el recordado cronista Carlos Eduardo Misle "Caremis". Como dato curioso y poco conocido, el gran aficionado taurino fue el único periodista venezolano que le tocó cubrir en España, por casualidad del destino, todo lo acontecido durante el sepelio de Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete", incluso participó ofrendando una corona de flores en representación de la prensa americana durante el impresionante y multitudinario funeral que despidió para siempre al "Monstruo" cordobés, quien se convirtió en leyenda.

El interesante artículo fue publicado, el 29 de agosto de 1977, en el Diario "El Nacional" de Caracas, Venezuela, por el también recordado José Visconti, periodista, locutor, escritor y profesor universitario venezolano, quien se hizo muy popular en el país debido a su trabajo en televisión como presentador deportivo en RCTV y Meridiano Televisión.

A continuación, su entrevista a "Caremis" para el conocimiento de los amables lectores aficionados a la Fiesta Brava:

"CAREMIS": "MANOLETE" DUEÑO DE SU MUERTE

(Por: José Visconti) 

Muy serio, formal, tanto que llegaron a llamarle "Cara de palo", educado, y seco, como buen cordobés. Esa fue la primera impresión que el cordial Carlos Eduardo Misle "Caremis", cronista taurino en "El Nacional" desde 1946 hasta 1975, se llevó de Manuel Rodríguez Sánchez, el "Manolete", que pasó a la historia como el más grande diestro de su época y a quien una cornada artera en Linares, Andalucía, donde, desde Despeñaperros para abajo está la sal de la Fiesta Brava, le quitó la vida en la plenitud de su brillante carrera. 

Sin embargo, "transcurrido el primer tercio", aquel gran sacerdote de la muleta con la cual era un piache, un brujo, se transformaba por completo. Señalaba "Caremis", quien lo conoció y entrevistó en Venezuela: 

"En la intimidad se revelaba como un buen conversador, pero sin extralimitarse. Preciso, enemigo de rodeos, directo. Tenía fluidez, pero evitaba el desparpajo y así como en la arena sólo daba los pases necesarios, en su diálogo utilizaba palabras escogidas, sopesadas". 

"Caremis", quien, sin exagerar para mí, almacena en su famosa "Corototeca", más de mil años de historia taurina, conoció al inmortal matador en Maiquetía, en 1946, cuando el hombre a quien el Conde de Foxá cantó en versos libres ("...cuantos siglos de historia oh "Manolete", hasta llegar a tu muleta!...") llegó para intervenir en dos corridas en la plaza de toros Maestranza de Maracay. 

No podía actuar en Caracas por una demanda de Mario Ortega, quien sostenía que "Manolete" se había comprometido a torear para la empresa de Horacio Carrasquero en conversaciones con Cástulo Martín y Emilio Cebrián y existía un telegrama en que decía "no tendría inconveniente en hacerlo". Por eso la organización Gago del apoderado de Carlos Arruza y socio de Juan Vicente Ladera, dio las corridas en Maracay, cuyo reglamento, además, era menos exigente. "Manolete", de todos modos actuó más tarde en el Nuevo Circo de Caracas a beneficio de lo que entonces se llamaba "Patronato de Alfabetización", en un festival. 

En el viejo terminal de nuestro litoral central aterrizaron Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete", Carlos Arruza y la cuadrilla que un año más tarde vería al andaluz tendido boca abajo, brutalmente corneado por "lslero": Antonio Labrador "Pinturas" y "El Pimpi", banderillero y picador, sempiternos acompañantes del malogrado artista junto con Alfredo David. 

El cronista taurino venezolano "Caremis", recuerda su forma de torear: 

"Manolete" era un torero corto. No tenía gran repertorio. Pero lo hacía todo con una profundidad extraordinaria. Su originalidad era producto de una personalidad sin par. Quizás nunca la gente, borracha por su capote y su muleta le dio importancia a un arma poderosísima, la espada, que es la que le dio el título de matador de toros. Fue justamente su perfección en la suerte suprema la que imprudentemente lo puso entre los pitones de aquel Miura". 

Una vez José Bergamín dijo de Manolo que era "un ciprés, pero poblado de ruiseñores". 

¿Era triste "Manolete"?, le pregunté a "Caremis": 

"Bueno, es la opinión de Bergamín. En verdad, "Manolete", a quien yo recuerdo por su voluntad férrea, no se sonreía con la multitud ni se prodigaba en exquisiteces. Pero no era triste, sino serio. Quizás tuvo un pecado, el de participar en corridas de toros chicos. Pero él se las arreglaba para imponer la gravedad de su estilo. Fue un torero de poco camino aunque un cordobés inmortal. Su carrera como matador duró desde el 2 de julio de 1939 hasta el 28 de agosto de 1947, desde "Mirador" de Clemente Tassara hasta "Islero", de Eduardo Miura, una vida entre dos toros. Yo, caraqueñamente disfruté que "Manolete" y Arruza venían con un hambre taurina, que era casi canina, y al llegar a Caracas, Juan Vicente Ladera y Andrés Gago los llevaron al "Txoco", en la esquina de La Palma. Allí, en la privacidad, conmigo como único testigo ajeno al grupo, mostró su auténtica personalidad. Para torear en Maracay, "Manolete" pasó "mar negra". Por líos judiciales, se la pasó entre la estatua de José Tadeo Monagas, frente al hotel "Majestic", donde se alojó, y la del Libertador, en la plaza Bolívar, donde quedaban los tribunales. Ni siquiera tuvo tiempo de conocer a Caracas y eso que estuvo aquí casi veinte días". 

De izquierda a derecha, en Venezuela: Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete", Carlos Arruza, Carlos Eduardo Misle "Caremis", Juan Vicente Ladera, José Flores "Camará", Andrés Gago y un joven Pepe Cabello. Año 1946. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Treinta y tantos días antes de la aciaga fecha en la cual "Manolete" pasó a hacerle compañía a Lagartijo, Frascuelo, Guerrita, Reverte, Bombita, Machaquito, El Gallo, Gallito y Belmonte, en ese cielo "que ve torear a los toreros", "Caremis" volvió a encontrarse con el ídolo, señaló el cronista: 

"Fue en Madrid, en la corrida de la Beneficencia. Salió, no a imponerse a los toreros, sino a imponérsele al público. Ante una gran faena de Pepín Martín Vázquez, "Manolete", quien se "picaba" con frecuencia ante el triunfo ajeno (y por las exigencias de la afición, sin duda exageradas con él), se llevó una cornada que lo mantuvo inactivo durante muchas corridas importantes, entre ellas la Feria de Valencia. Lo volví a ver en San Sebastián, donde toreó con Juanito Belmonte y Luis Miguel Dominguín. En la mañana de la corrida, Bartolo Parra, padre de "Parrita", me llevó a saludar a "Manolete". Estaba apretándose los "machos". Cuando me vio, me saludó con simpatía. "Qué tal, iVenezuela!". Le conté que acababa de oír por radio una entrevista a Luis Miguel Dominguín, quien sería su acompañante en Linares, y a quien le preguntaron con quién le gustaría alternar. Luis Miguel dijo: "conmigo mismo, porque soy el mejor". A lo cual, "Manolete", repuso: "cosas del mocoso". Pero ante "Ias cosas del mocoso" en la plaza, decidió trabarse en una ardorosa competencia, en la cual llegó casi hasta las lágrimas. Después vino Linares, el colofón de esa rivalidad". 

Y también el final de quien fue bisnieto, nieto, hijo, tío, sobrino y primo de toreros. Con nostalgia "Caremis" describe lo que presenció en España: 

"Luego de la tragedia, Córdoba entera se convirtió en un lamento. Me fui a la casa de "Manolete", en la calle Cervantes, frente al parque. Entré al jardín donde, por cierto, había gran cantidad de hermosas damas de rostros agarenos así como hombres recios y derrotados, como sólo derrota a los toreros la muerte. Pasé al salón principal donde tenían a "ManoIete" en un ataúd muy sencillo. Allí estaba, mostrando su placidez de hombre bueno, muy pálido. Parecía una estatua de cera. Tenía al cuello su cadena de oro con todos los santos de su devoción, entre ellos el Cristo de los Faroles. Imagínense la impresión que me llevé al ver allí al mismo hombre que entrevisté en Maiquetía y pude ver torear en Maracay; quien me emocionó profundamente en una tarde de gloria y tragedia en Madrid y al cual le saboreé el pundonor en San Sebastián, tendido para la eternidad y sin su traje de luces. En la mañana del entierro, Álvaro Domecq le quitó la cadena para llevársela a su madre, atribulada en medio de su ceguera por la muerte del único varón, doña Angustias Sánchez de Rodríguez". 

Impresionante multitud consternada acompañando el féretro de su ídolo Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" en 1947. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El cronista taurino venezolano Carlos Eduardo Misle "Caremis", quien se destaca en el centro de la gráfica, colocó una corona de flores durante el sepelio de "Manolete" en representación de la prensa americana. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Recordaba "Caremis" sobre su experiencia vivida: 

"En el entierro se volcó España. El cortejo salió a los 4:00, y llegó a las 9:30 de lo noche. Algo inolvidable, porque había verdadero dolor. Los balcones enlutados. Entramos al cementerio con una gran luna amarilla digna de la descripción del poeta García Lorca. Camará, el apoderado de "Manolete", se transformó en uno de los hombres más tristes que yo he visto. Hoy día nadie se explica cómo fue que aceptó que su pupilo toreara en una plaza de escasa importancia, a finales de temporada e inclusive de su carrera, en una corrida donde un triunfo no repercutiría, con toros de Miura, y con un Miura vestido de torero llamado Luis Miguel Dominguín. En realidad "Manolete" fue el dueño de su muerte, porque él aceptó el riesgo". 

Las cornadas las da el toro, pero las reparte Dios. 

(Artículo publicado en el Diario "El Nacional" de Caracas, Venezuela, el 29 de agosto de 1977).

Dos aficionados de solera que tuvieron la fortuna de conocer personalmente a "Manolete". A la izquierda: Mi abuelo Florencio Gómez Núñez, quien recibió a "Manolete" y Arruza con sus respectivos apoderados en su residencia "La Macarena" en la ciudad de Maracay, donde compartió amena tertulia con ellos. A su derecha: Carlos Eduardo Misle "Caremis", quien conoció a "Manolete" cubriendo sus presentaciones en Venezuela como cronista taurino en mayo de 1946. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Con motivo del 30° aniversario de la trágica muerte de Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete", fue publicado el artículo que he querido compartir con los lectores por el valioso testimonio del entrañable amigo Carlos Eduardo Misle "Caremis", quien cumplió una significativa labor histórica como cronista taurino gracias a su profunda admiración y fascinación por el fenomenal diestro cordobés.        

Rafael Dupouy Gómez


sábado, 29 de agosto de 2020

LIBRO "MANOLETE" EN LA PLAZA DE TOROS DE LIMA


(Por: Rafael Dupouy Gómez)

Excelente libro "Manolete en la Plaza de Toros de Lima", dedicado a Rafael Dupouy Gómez por su autor don Juan Elías Miletich Berrocal que dice: "Para Rafael mi nuevo amigo, calificado aficionado venezolano con taurino afecto. Lima, 30 de agosto de 2012".

Con motivo de cumplirse, el 29 de agosto, un nuevo aniversario de la muerte de la inolvidable gran figura del toreo, Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete", quiero destacar la muy importante, acuciosa y metódica investigación realizada por mi querido amigo peruano, don Juan Elías Miletich Berrocal sobre la figura del admirado Califa de Córdoba, el  "Monstruo" cordobés que llenó de gloria las páginas de la historia taurina mundial.

Don Juan Miletich, exquisito y entendido aficionado a los toros, nos narra en forma sencilla y amena en su libro "Manolete en la Plaza de Toros de Lima", la visita y actuaciones del famoso diestro en la capital del Perú. Resulta ser una obra de profundo valor histórico y de consulta para todos los aficionados taurinos que no debe faltar en la biblioteca de los que admiramos con verdadera pasión y devoción a "Manolete". Su trabajo contiene una valiosa documentación y material fotográfico de gran interés.  

Mi relación con el autor se inició hace unos años, gracias a nuestra común amistad con el magnífico aficionado, Manoletista, literato y bibliófilo taurino español, don Fernando del Arco, quien me puso en contacto con él, logrando compartir mis artículos dedicados a la Fiesta Brava.

En el año 2012, don Juan Miletich, muy amablemente, me envió su libro desde Lima con una bonita dedicatoria que conservo con especial cariño. Igualmente, recibí como obsequio un interesante documental audiovisual, titulado "Tradición Taurina en el Perú", donde intervino.    

En esta fecha de tanta significación, he querido dedicar esta nota de aprecio y amistad sincera a don Juan Miletich Berrocal, notable escritor, compilador y sabio conocedor de la vida de Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete".

Rafael Dupouy Gómez
  
JUAN ELĺAS MILETICH BERROCAL

Don Juan Elías Miletich Berrocal durante una conferencia taurina. 

Nació en Bellavista, Callao, Perú, en 1943. Abogado de profesión absorbido por el dinamismo de las Relaciones Industriales. Acionado a las corridas de toros desde muy niño y abonado de siempre en localidad de Sol de la Plaza de Toros de Acho en el distrito del Rimac y cuando correspondió, en la desaparecida Plaza de Toros Monumental de Lima en Chacra Ríos.

Vale anotar que también lo estuvo en la plaza "Arenas de Lima" de La Victoria. Su inquietud lo ha llevado a presenciar en diversas oportunidades, espectáculos taurinos de distinta clase y categoría, en Colombia, España, Francia, México y Portugal.

Investigador taurino, cuya biblioteca y hemeroteca temática, apunta la cercanía del millar de ejemplares. Desde 1985, miembro extranjero activo de los Bibliófilos Taurinos de México BTM, con sede en el Distrito Federal.

Don Juan Elías Miletich Berrocal en compañía de su compatriota peruano, la gran figura del toreo Andrés Roca Rey. (Foto: Archivo de Juan Miletich).

Asiduo colaborador de la página taurina del prestigioso diario "El Comercio", el más antiguo de la capital del Perú. Socio del casi centenario "Centro Taurino de Lima" donde actualmente ejerce el cargo de Fiscal.

Primera vez que una obra suya, de la importancia de "Manolete en la Plaza de Toros de Lima", es puesta a disposición de los aficionados a la esta de los toros y público en general, porque la personalidad y labor en los ruedos de ese torero cordobés lo justifica a plenitud.

Datos biográficos tomados de su libro "Manolete en la Plaza de Toros de Lima".

jueves, 27 de agosto de 2020

TERTULIA TAURINA SOBRE "MANOLETE"


Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete".

Con motivo de cumplirse, el 29 de agosto, un nuevo aniversario de la trágica muerte de la máxima figura del toreo, Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete", comparto una amena tertulia dedicada a su recuerdo, realizada por los calificados periodistas venezolanos Víctor José López "El Vito" y Federico Núñez.

El programa fue transmitido por la emisora Radio Sensación en el año 1991 y ha sido conservado por cortesía de los Hnos. Dupouy Gómez, contribuyendo a la difusión y conocimiento de la Fiesta Brava.

Rafael Dupouy Gómez

Los amables lectores pueden escuchar la interesante tertulia taurina sobre "Manolete", pulsando la imagen del "Monstruo" de Córdoba:


Programa "Tertulia Taurina" transmitido por Radio Sensación con Víctor José López "El Vito" y Federico Núñez en 1991, Caracas, Venezuela.

domingo, 1 de mayo de 2016

“MANOLETE”, 70 AÑOS DE SU DEBUT EN VENEZUELA

(Por: Rafael Dupouy Gómez)


Debut en Venezuela del “Monstruo” de Córdoba, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, en compañía del diestro venezolano Julio Mendoza y el peruano Alejandro Montani en la Maestranza de Maracay, el 1 de mayo de 1946. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).


Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, toreó en Venezuela dos corridas de toros en la Maestranza de Maracay, los días 1 y 12 de mayo de 1946 y un festival benéfico en el Nuevo Circo de Caracas, el 19 de mayo de ese mismo año. Estas fueron sus únicas presentaciones en Venezuela.

“Manolete”, debutó en Venezuela, actuando en la Maestranza de Maracay, el 1 de mayo de 1946. La Organización Gago lo presentó, la primera tarde, alternando con el venezolano Julio Mendoza Palma y el diestro peruano Alejandro Montani con toros de “Guayabita”.

El toro de nombre “Naranjito”, negro, marcado con el número 316, segundo de la tarde, fue el primer astado que lidió “Manolete” en Venezuela, quien vestía un precioso traje rosa y oro.

El cronista taurino Guillermo Austria “Chavalo”, describió así el sensacional momento vivido en Maracay (Venezuela) con el debut de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” que tanta expectación y emoción despertó en la afición: 
           
“El prodigioso cordobés saluda al guayabitero con cuatro verónicas para las cuales habría de inventar una adjetivación especial. Sin aspavientos ni contorsionismos, aquellos lances fueron simplemente soberanos, mandones, pletóricos de gracia, serenidad y arte, rematados luego con la ya célebre media verónica de su exclusiva propiedad, por la manera nunca sospechada con que el “Monstruo” la realiza. Otras dos verónicas, una revolera y repetición de su inverosímil media verónica integraron su labor del primer quite, dejando en el ambiente una sensación de grandeza indiscutible.

Brinda desde los medios y comienza la sensacional faena de muleta con pases por alto y por bajos ayudados que dejan a la clientela desconcertada, asombrada, convulsa de una sensación jamás sentida ante semejante prodigio de serenidad y mandonería. La muleta en manos de “Manolete” tiene vuelos inaugurales. Todos creíamos que lo que hizo no se podía ver nunca. Se acerca, se arrima y luego se pega del toro con el mismo desenfado de una vaca.

“Manolete” durante su actuación en la Maestranza de Maracay, Venezuela, en 1946. Fotos Villa. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Con dibujados naturales y tiránicos derechazos, se fajaba inverosímilmente el toro, alrededor. Las manoletinas, primorosa suerte de su invención, prendieron en el ambiente de la plaza la somnolencia embriagadora de un perfume, y otra serie de naturales, dados ahora con una exclusiva forma avasallante de correr la mano mirando a los tendidos, vertió más sobre el ruedo el vértigo del público hecho clamor de emocionado vocerío.

El hecho de haber tenido necesidad de recurrir al descabello después del espadazo que “sopló” al final, negó la posibilidad de adquirir en este toro algún simbólico trofeo. Pero ahí ha quedado, y de manera indeleble en la memoria de cuantos le vimos, la fantasmagoría real de todas sus faenas. La ausencia del galardón no afecta al mérito”.

En el quinto de la tarde, segundo de “Manolete”, el famoso diestro cordobés lo toreó primorosamente de capa pegándole al toro cuatro verónicas antológicas. Con la muleta ejecutó variados pases con ambas manos que fueron muy ovacionados. Entró a matar con decisión saliendo lastimado en el encuentro, recibiendo un pequeño varetazo en el estómago, siendo inmediatamente conducido hacia la enfermería de la plaza donde el eminente doctor José “Pepe” Izquierdo le realizó una adecuada cura y tratamiento. Al toro que no pudo matar “Manolete” por el pequeño percance recibido, lo despachó el venezolano Julio Mendoza habilidosamente con la puntilla.

El 12 de mayo de 1946, se volvió a presentar en la Maestranza de Maracay “Manolete” en un mano a mano con el diestro mexicano Carlos Arruza, actuando como sobresaliente el novillero venezolano Oscar Martínez. Llovió mucho ese día, pero los allí presentes pudieron ver enfrentarse a los dos colosos de la torería contemporánea.

“Manolete”, vestía traje de obispo y oro, mientras que su gran amigo el mexicano Carlos Arruza, llevaba puesto un traje tabaco y plata aquella tarde. El crítico taurino Guillermo Austria “Chavalo”, nos describe la actuación de “Manolete” y Arruza, el día de la histórica tarde del mano a mano:
           
“Aquellas verónicas de “Manolete”, aquellos sus naturales sus “manoletinas”, su pase de trinchera, los de pecho, en fin todo lo que en cantidad y calidad nos hizo, ante nuestros ojos aparecían como cosas nunca vistas. Como si fueran de estreno. Nos traían una sensación nueva. Un enervamiento desconocido hasta ahora. El extracto era el mismo pero distinto su perfume. Aquello era el zumo de mil flores del jardín de las delicias, del huerto de las maravillas. Nada lograríamos con intentar reseñarlo. Aquello era indescriptible. Fue inefable. Una oreja en uno y dos orejas en otro, total: tres orejas. Pero en realidad la cosa ha debido ser de esta manera: dos en el primero y en el quinto, las dos, el rabo y una pata, pero el Técnico no supo corresponder con entera justicia. Aquel quinto toro de “Manolete” merecía todos los honores habidos y por haber”.
                       
Aquellos tres escalofriantes faroles de rodillas con que Carlos Arruza saludó al sexto guayabitero de la tarde. Cuando el bizarro y temerario azteca dejó su posición de hinojos, en toda la plaza había un mareante olor a cloroformo. En todas las absortas pupilas la visión del “hule” humedeció los ojos de la tragedia. También como “Manolete” fue víctima de la “pichirrería” del Técnico, y solo se llevó al final de la triunfal jornada, cuatro orejas y un rabito, como si aquellos quinto y sexto toros no tuvieran patas que cortar.

En hombros de una multitud más que entusiasmada, enardecida, salieron por las calles de la ciudad afortunada este par de colosos de la torería, después de haber dado cada uno a mares lo que tienen: el poder y la fuerza”.

Posteriormente, “Manolete” se volvió a presentar, el 19 de mayo de 1946 en un festival taurino a beneficio de la Campaña Nacional de Alfabetización, realizado en el Nuevo Circo de Caracas, con toros de “Guayabita”, alternado con Julio Mendoza, Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” y los hermanos venezolanos, Oscar y Ricardo Martínez. En ese festival se despidió “Manolete” de la afición venezolana y del público de América.


“MANOLETE” Y ARRUZA VISITARON A FLORENCIO GÓMEZ NÚÑEZ

En mayo de 1946, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” y el torero mexicano, Carlos Arruza, durante su estadía en Maracay, visitaron a mi abuelo Florencio Gómez Núñez en su quinta “La Macarena”. Ambos vinieron acompañados de sus apoderados. “Manolete”, en compañía de José Flores “Camará”, muy amigo de mi abuelo, al que conoció desde que se inició en el mundo del toro, primero como torero y después como apoderado y Carlos Arruza con Andrés Gago, quien también contaba con la amistad de mi abuelo, siendo un gran empresario sumamente atento y cordial.

Recordaba mi abuelo Florencio: “Gratamente recibí la visita de “Manolete” y Arruza con sus respectivos apoderados junto con mi señora Elena y mis pequeños hijos, Rosa Elena y Florencio Vicente Gómez Arráiz. Al llegar los toreros y bajar del coche, los saludamos cariñosamente y los invitamos a pasar a la casa que fue diseñada por mi amigo Carlos Raúl Villanueva, considerado como el mejor arquitecto venezolano de todos los tiempos, siendo también el artífice de la Plaza de Toros Maestranza de Maracay que le encomendamos construir y que fue inaugurada, el 20 de enero de 1933.

Ocurrió una anécdota muy curiosa con la visita de “Manolete”, porque nosotros teníamos en la casa, dos perros de raza Boxer, muy fuertes y bravos, a los que la mayoría de las personas que visitaban la casa les tenían mucho cuidado y respeto. “Manolete”, llevaba elegantemente su chaqueta puesta por los hombros y después de ver a los dos perros merodeando bastante cerca de él, muy inquieto, se dirigió a nosotros, diciéndonos:

 “¡A estos perros, yo les tengo mucho más miedo que a los toros!”.

Finalmente, todos nos echamos a reír, después de aquel comentario que “Manolete” manifestó, demostrándonos el pánico que tenía ante los perros. Estuvimos conversando largo rato en un salón de la casa, donde todavía conservo el juego de recibo donde se sentaron “El Monstruo” cordobés y “El Ciclón” mexicano, junto a sus apoderados”.

Durante su estadía en Venezuela, “Manolete” y Arruza, estamparon su firma autógrafa con una bonita dedicatoria a mi abuelo Florencio en su álbum taurino, donde también aparecen las expresiones de amistad y cariño de grandes figuras del toreo que conoció a lo largo de los años, desde la fecha inaugural de la Plaza de Toros de Maracay en 1933.



Rafael Dupouy Gómez, autor del artículo, muestra la entrada del mano a mano en la Maestranza de Maracay entre el Monstruo” cordobés y el Ciclón” mexicano y la firma autógrafa de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” con dedicatoria a Florencio Gómez Núñez que dice: “Al gran aficionado y buen amigo Florencio Gómez con un abrazo, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, Caracas, 12 de mayo de 1946”. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

“Manolete”, fue un torero excepcional, tenía una gran personalidad y prestancia en la plaza. Así lo recordaba con añoranza mi abuelo Florencio Gómez Núñez:

“Mi impresión sobre “Manolete”, es la que nos ha causado a todos los taurinos. Yo lo califiqué siempre como una figura única, fuera de todos los grupos y escuelas taurinas tradicionales. "Manolete" fue un torero magnífico, porque lidiaba de igual manera a todos los toros y a todos los toros les hacía faena. ¡Qué difícil era lograr eso! Ese ha sido, indiscutiblemente, el gran mérito de "Manolete", que no se puso él a tono con los toros, sino que puso a los toros a tono con él. Yo creo que "Manolete" ha sido el torero con más valor de verdad que ha tenido el toreo. Le imprimía, con su carácter serio y sobrio, un sentido de solemnidad a lo que hacía, mostrando una verticalidad y una quietud asombrosa ante la cara de los toros. Era una constante en “Manolete”, la seguridad, verdad y decisión al ejecutar la suerte suprema.

Para mí ha sido un caso excepcional en el toreo. Toda persona o aficionado que recuerde alguna faena de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, no podrá olvidar nunca en su vida a esta gran figura del toreo y lo que significó para la Fiesta Brava”.


A la izquierda: “Manolete” en Maracay, Venezuela, año 1946 (Foto: Pérez). A la derecha: Rafael Dupouy Gómez ante la hermosa estatua de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, titulada “Su último brindis”, obra realizada por el gran escultor madrileño Emilio Laiz Campos que se encuentra en la Plaza de Toros Maestranza “César Girón” de Maracay. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

He querido dedicar este recuerdo a “Manolete” en el 70º Aniversario de su debut en Venezuela.


Rafael Dupouy Gómez