(Por: Rafael Dupouy Gómez)
El matador de toros venezolano Héctor Álvarez,
en compañía de su suegro el maestro Rafael Vega de los Reyes "Gitanillo de
Triana", ambos fallecidos trágicamente en un accidente de tránsito en la carretera Madrid-Valencia, el 24 de mayo de 1969. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Con motivo de haberse cumplido este año 2019, el 50°
Aniversario de la muerte del venezolano Héctor Álvarez,
destacado torero que apuntó mucho en el mundo del toro pero que perdió la vida en
un lamentable accidente de tránsito en compañía de su suegro Rafael Vega de los
Reyes "Gitanillo de Triana" en la carretera Madrid-Valencia, el 24 de
mayo de 1969, deseo compartir con los amables lectores la crónica de su
entierro, escrita por Carlos Eduardo Misle "Caremis" que conservó mi abuelo Florencio Gómez Núñez, quien había asistido a su funeral en Caracas, Venezuela.
Héctor Dona Álvarez, nació en Caracas (Venezuela), el 23 de febrero de
1943 y tomó la alternativa en España como matador de toros, el 1 de octubre de
1967, en Palma de Mallorca (Islas Baleares), siendo su padrino Andrés Hernando,
actuando como testigo Víctor Manuel Martín. El toro de su alternativa se llamó
"Cardilisto", marcado con el N° 26 con 454 kilos, perteneciente a la
ganadería de Atanasio Fernández.
El diestro venezolano con su fino toreo, despertó gran interés por parte
de los aficionados que le auguraron un prometedor futuro en el mundo del toro
que se vio truncado por su inesperada muerte a los 26 años de edad.
A continuación el artículo publicado en el Diario "El
Nacional", de Caracas, Venezuela, el 30 de mayo de 1969:
Al salir el cortejo de la funeraria cargan el ataúd
español del torero venezolano Héctor Álvarez, sus hermanos Julio y Mito, y el
banderillero "Pedrucho de Caracas". Bajo el crucifijo los
restos mortales y la resignación. Alrededor la adolorida y numerosa
concurrencia al sepelio de Héctor Álvarez, que en paz descanse. Foto: Sardá. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Héctor Álvarez fue
llevado a las Arenas Taurinas antes de ser sepultado en su tierra caraqueña. El entierro fue una
gran manifestación de duelo. Sus familiares
agradecen todos los homenajes pero no consideran necesario un festival benéfico.
Bajo palmas quedó sepultado ayer tarde Héctor Álvarez.
La tumba del torero fatalizado en el accidente automovilístico del sábado en
España, quedó exactamente bajo la sombra de unas hermosas palmas reales que se
proyectan en el panteón familiar.
UNA GRAN
MANIFESTACIÓN DE DUELO
Taurinos de todas partes asistieron al
entierro, como los que forman el grupo de la segunda foto: el mozo de espadas
Vázquez, Santiago Duarte Bueno, Director de "Toros y Deportes", el
crítico Carlos Rodríguez Regalado (Carlos España), el veterano aficionado y
factótum de la fiesta en los años treinta, Florencio Gómez Núñez y el redactor
taurino Guzmán Ramírez, de "La
Verdad" . Foto: Sardá. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Familiares –una familia tan extensa como apreciada-
amigos de todas las profesiones, clases y posiciones desde el Presidente del
Congreso Nacional hasta humildes areneros de plazas de toros, admiradores de
todo el país, se dieron cita en la Funeraria
Los Caobos para el entierro del torero que murió tan joven y
víctima del mayor infortunio.
EL HOMENAJE
SINGULAR
El cortejo salió de la empresa de pompas fúnebres,
exactamente a las cuatro de la tarde en medio del mayor dolor de la madre doña
Josefina Álvarez de Dona, que despedía al hijo muerto. Rumbo al cementerio
presidieron el duelo el padre, don Justo Dona, y los hijos José, Mito y Julio
Dona Álvarez. Al pasar el cortejo por el Nuevo Circo, un gentío esperaba el
ataúd para atravesar las instalaciones y el ruedo de la plaza con la urna en
hombros en singular y postrer muy sentido homenaje a un torero venezolano de
quien se esperaba tanto y de quien se recordaban buenas faenas en esas arenas
tanto de novillero como en su presentación como matador de toros.
DE LA
ARENA A LA TIERRA
El cortejo llegó al Nuevo Circo a las 4:20 p.m. y
estaba de nuevo en la calle a las 4:40 p.m. En el ruedo lleno de dolorosas
emociones, nostalgias, intensos y tristes recuerdos estuvo diez minutos desde
la puerta de cuadrillas hasta la que se encuentra bajo el palco presidencial.
Esa puerta que se abre en las tardes de gloria para dar paso a los triunfadores
hacia la puerta grande y las calles delirantes por las tardes majestuosas de la
fiesta brava. Esa puerta se abrió ayer bajo los goznes del dolor, del homenaje
póstumo, para que Héctor Álvarez pasara en una urna española, sin el rutilante
traje de luces de la gran fiesta de España. Así, de nuevo, salió a la calle,
bajo el dorado sol de su Caracas natal que ha llorado su muerte.
LARGA RUTA EN
HOMBROS
En otro grupo lamentan la tragedia, el
banderillero y ex matador Rafael Cavalieri Rosales, Musiú López, el Dr. Luis
Troconis Rodríguez y el banderillero y ex matador Sergio Flores. Foto: Sardá.
(Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Volvió el ataúd al coche fúnebre en la antigua esquina
de San Martín y siguió el recorrido hacia la Necrópolis General
del Sur, donde nuevamente fue conducido en hombros de familiares y amigos hasta
la bóveda abierta bajo las palmas reales. Por cierto que un largo, doloroso
camino de muchas escalas, ha tenido el cuerpo sin vida de Héctor Álvarez.
Primero fue desde el tramo fatal de la carretera al cementerio de Saelices,
donde aguardó junto al cadáver de Gitanillo el traslado al domicilio de éste,
en la calle O´Donnell de Madrid. Desde allí salió en hombros Gitanillo hacia su
sepultura y Héctor hacia la calle de Las Acacias madrileña para ser
embalsamado. De esta calle que considerablemente lleva el mismo nombre de la
que fue dirección de su apartamento caraqueño –Avenida de Las Acacias- fue
conducido Héctor- ¡en otra triste salida en hombros! Al aeropuerto de Barajas
para el último y negro vuelo. De una Maiquetía conmovida lo trajeron a una
Caracas donde se preparaba el velorio. De la funeraria al Nuevo Circo para la
última salida en hombros hacia el sur definitivo de la Tierra de Jugo de una
Caracas que lo vio nacer y partir tan ilusionado hace poco
a una fatal embestida del destino.
Él había dicho: "Nada
ni nadie podrá apartarme de lo que me tengo trazado: No tengo miedo a nadie,
voy dispuesto a todo. ¡Ya lo verán! Sólo espero que no me mate un toro, pero
estoy dispuesto a lo que sea ante el toro, con tal de regresar hecho el amo en
todo sentido…"
¡QUE DESCANSE EN PAZ!
En la foto final,
Sardá captó al Concejal del Distrito Sucre, Carlos Eduardo de La Madriz, a
nuestro redactor Carlos Eduardo Misle (Caremis), al notable aficionado Martínez
de la antigua Peña del "Windsor", Alfonso Álvarez Gallardo -primo de Héctor Álvarez-
y el famoso catire Carlos Maal, del "Royal Criollos". Personalidades de todas
las esferas asistieron al entierro, que fue una manifestación de duelo popular
en la funeraria, el Nuevo Circo y el Cementerio General del Sur. Fotos Sardá. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Todo había terminado a las 5:45 p.m. cuando fue cerrada la bóveda en medio de oraciones, plegarias, muy sentida
oración fúnebre de don Antonio Aragón, recuerdos, alusiones y lágrimas.
Después del entierro de Héctor Dona Álvarez
(1943-1969), su hermano José comentaba que en cuanto a un festival en beneficio
a la viuda, anunciado desde España por Curro Girón y Luis Miguel Dominguín,
toda la enlutada familia lo considera en la buena intención que pueda tener y
así lo sabrá agradecer pero no cree que sea oportuno ni necesario.
En medio de los abrazos de condolencia y bajo una
pirámide de flores, las palmas reales –eternos adornos de la vegetación
caraqueña- daban dulce sombra a la tumba del torero. Un joven torero que en
póstumo homenaje pasó por las arenas taurinas caraqueñas y definitivamente
descansaba en su tierra.
Carlos Eduardo
Misle "CAREMIS".
(Publicado en el
Diario "El Nacional", de Caracas, Venezuela, el 30 de mayo de 1969).
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